Opinión

Informe sobre la i

De sonido agudo y punzante como su forma, que recuerda la de una espina o un aguijón, es vocal débil (enseñaban en las escuelas de antes) o cerrada (enseñan en las de ahora) igual que la u

Fotografía del Diccionario de la Real Academia
Fotografía del Diccionario de la Real Academia RAE RAE

De sonido agudo y punzante como su forma, que recuerda la de una espina o un aguijón, y con esa bolita redonda encima que se hace puntiaguda por menos de nada, como en ímpetu o bergantín. Pero una bolita que es su enseña y de la que se siente muy orgullosa porque sirve para distinguirla y reconocerla. Poner los puntos sobre las íes, decimos cuando queremos precisar algo para eliminar interpretaciones o comportamientos incorrectos, y esa llamada al orden, ese gesto de autoridad es efecto del brío que ellas desprenden.

A ratos incisiva, inquieta, irónica, y por eso inquiere, investiga, insiste... También, si se insolenta, capaz de insultar y de injuriar y de intrigar y de irritarse y propagar infamias.

Y tiene islas, istmos, icebergs.

Se ensancha en lo inmenso y lo infinito, se difumina en lo irrisorio e insignificante, se encoge en lo íntimo e inefable.

Platón la tenía por la letra más apropiada para expresar lo sutil, y en una cruz honró con su presencia una inscripción latina, para más inri de aquel a quien nombraba.

Intransigente e indisciplinada cuando se empeña en decir que no a todo: inútil, imposible, inaceptable... Y cómo le gusta entonces incomodar a la r y oír cómo chirría: irresponsable, irreverente, irrespirable... Que los gramáticos permitieran en su día que la y griega se inmiscuyera en sus dominios vocálicos (rey, voy, lunes y martes) es una afrenta histórica que la sigue mortificando.

Industriosa pero indolente, ilusa pero incrédula, inmisericorde pero indulgente, ilustrada pero ignorante, ingeniosa pero inepta.

Cuando la intimida la intemperie se instala en una iglesia o en un iglú, desaparece a veces por arte de birlibirloque, no se anda con tiquismiquis, disfruta incordiando con el sirimiri, se luce en rosales de pitiminí.

Pero qué bien suena cuando es la última y se pone esa mínima bandera encima suspendida en el aire como el colibrí, volando alto como el neblí, ondeando al viento como una tela blanquísima de organdí o celebrando el nuevo día con un solemne quiquiriquí.

Algunas de las palabras que se alistan bajo la i en el diccionario bien podrían llevar algún distintivo que las señalara: infancia, ilusión, idea (idealismo también), imprenta, insecto (para que ninguno se extinga), instrucción (pública, que es el adjetivo que ella prefiere para su acompañamiento).

La i es vocal débil (enseñaban en las escuelas de antes) o cerrada (enseñan en las de ahora) igual que la u, y con las tres fuertes o abiertas se funde cuando se juntan en una palabra y se pronuncian en un solo soplo (diptongo, había que poner en los exámenes): baile, reina, violín.

No ocurre lo mismo cuando, si les toca ir apareadas, en lugar de darse la mano, miran cada una para un lado y se apartan en sílabas diferentes que se pronuncian de dos tirones: día, leí, oí. Los profesores, que tienen la manía de ponerle a todo un nombre raro, llaman hiato a esta forma tan orgullosa de comportarse, y lo achacan a la tilde que se le pone encima.