Espacio

De Palencia al Sol: la magia española que llegó a la NASA

LA RAZÓN reúne horas antes del despegue a los tres españoles que participan en la misión y que han logrado una hazaña jamás lograda antes

Javier Rodríguez-Pacheco, César García Marirrodriga y José Carlos del Toro
Javier Rodríguez-Pacheco, César García Marirrodriga y José Carlos del ToroB. V. C.

“Ahora empieza la verdadera aventura”, afirma José Carlos del Toro, responsable del grupo de investigación solar del Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA). Viste camisa de rayas de colores y no se despega de las gafas del sol. Va acorde con los más de 24 grados que marca el termómetro en una siempre soleada Florida. También está algo nervioso, sabe que la cuenta atrás ya ha comenzado. Colidera el equipo que ha creado el magnetógrafo So/Phi, el instrumento más pesado y con más gasto de energía de la sonda Solar Orbiter. “Y apenas alcanza los 30 kilos y consume algo así como dos bombillas LED”, insiste.

Del Toro forma parte de un trío español que no se había dado en ninguna otra misión espacial, junto a Javier Rodríguez-Pacheco y a César García Marirrodriga. Pronunciar bien el segundo apellido de este último se ha convertido en todo un desafío para los norteamericanos porque a lo largo de los últimos años lo han debido hacer a menudo, ya que él lidera toda la misión. “Esta noche empieza nuestro viaje al encuentro del Sol”, indica Rodríguez-Pacheco, astrofísico de la Universidad de Alcalá, quien también marca otro hito para la ciencia de nuestro país. Es el primer investigador principal español de un instrumento en una misión del programa científico de la Agencia Espacial Europea (ESA) para la exploración del Sistema Solar. Se conoce como EPD (Detector de Partículas Energéticas, en sus siglas en inglés). Su principal cometido cuando orbite alrededor del Sol es analizar los mecanismos que aceleran esas partículas para, así, predecir las tormentas solares con antelación y poder tomar medidas preventivas. Porque, aunque creamos que sólo nos afectan los rayos ultravioleta, lo cierto es que los campos magnéticos de nuestra estrella más cercana son clave en la meteorología espacial y, por consiguiente, en la Tierra.

Prevenir futuros problemas

Las llamaradas que se producen en el Sol no sólo crean bellas auroras, si no que también son las responsables de los fallos en los sistemas de localización GPS e, incluso, pueden crear problemas a los futuros astronautas. De ahí la singularidad de la sonda Solar Orbiter que quiere entender mejor cómo funciona el astro y descubrir zonas aún inexploradas, como los polos.

Una idea ambiciosa de los años 90

Charlando con los tres investigadores pronto entendemos que el camino no ha sido fácil. Llegar a Cabo Cañaveral con este satélite también ha contado con dificultades. ¿Hace cuánto que trabajáis en ello? Por sus rostros rápidamente se deduce que la pregunta es ingenua, sobre todo si se la planteas a un científico cuyos sueños nacen muy pronto, pero tardan mucho en cumplirse –si es que lo consiguen-. “Estaríamos hablando de los años 90, de cuando nos reunimos en Puerto de la Cruz, en Tenerife”, dice Del Toro mirando al astrofísico. “Yo entonces no estaba”, recalca García Marirrodriga. “Pero era una idea muy ambiciosa, con mucha más ciencia, los avatares de la misión son los que han determinado lo que es hoy”, asevera el investigador del IAA. No lo dice con pena, sino consciente de que entre medias España ha atravesado una importante crisis económica. “Nos dio de lleno”, añade García-Pacheco, pero consiguieron salir a flote y conseguir la financiación que desaparecía por otras vías.

El cohete Atlas V de NASA dentro del que viaja la sonda Solar Orbiter, listo para su lanzamiento desde Cabo Cañaveral
El cohete Atlas V de NASA dentro del que viaja la sonda Solar Orbiter, listo para su lanzamiento desde Cabo Cañaverallarazon

El responsable del proyecto, por su parte, se subió al barco hace relativamente poco. La ESA le escogió hace sólo tres años, pero es consciente de la entrega que supone una misión de inicio a fin. Trabajó durante once años en la misión LISA Pathfinder, que lanzó en 2015 y que busca observar ondas gravitacionales desde el espacio. “No debemos olvidar que cualquier lanzamiento es una singularidad. Conseguir llegar aquí solo se consigue con magia, la que realizan los científicos y los ingenieros para poner en marcha una misión”. Y es este palentino el que ejerce de guardia de tráfico, como le gusta denominarse. Su principal objetivo es que, tras las reuniones, “todos se vayan igual de contentos o de enfadados”, dice sonriendo. Y es que cualquier misión es un toma y daca, entre los objetivos científicos que querrían alcanzar unos y la mejora técnica que afecta a los otros.

Con todo, como dice Del Toro, “a nuestro Sol ya no sólo lo orbitan ocho planetas, ahora se suma uno nuevo, aunque mini, el Solar Orbiter”.