La infección de transmisión sexual que contagian los koalas

Se estima que la mitad de los koalas del continentales están infectados por clamidia, la cual está reduciendo su número y comprometiendo su salud drásticamente.

En apenas 20 años hemos perdido al 80% de los koalas (Phascolarctos cinereus). Los incendios, la pérdida de su hábitat y los carnívoros que hemos introducido en Oceanía han sido algunos de los mayores culpables, peor hay otro bien distinto: una enfermedad de transmisión sexual. Y no se trata de un microorganismo exclusivo de estos marsupiales, sino de un viejo conocido de la humanidad: la clamidia.

Para ser precisos, se trata de bacterias del género Chlamydia. Aunque no se trata exactamente de la misma bacteria que en nuestro caso, es extremadamente parecida. Apenas muestra cambios y esa es la clave de esta historia, porque koalas y humanos podríamos ayudarnos mutuamente a poner fin a esta enfermedad.

Transmisión fecal-oral

Las bacterias del género Chlamydia suelen ser poco aparatosas, al menos durante las primeras fases de su infección. A fin de cuentas, ese es parte de los motivos de su éxito. Recordemos que la clamidiasis es una de las principales infecciones de transmisión sexual, sino la primera en ciertas partes del mundo. Al no causar síntomas inmediatos es difícil de diagnosticar y aumenta la probabilidad de que haya contactos sexuales con nuevas parejas antes de tener signos de alerta que les hagan acudir al médico. En el caso de los koalas sucede algo similar, pues los síntomas tardan en llegar, lo cual complica el tratamiento de las poblaciones. Incluso consiguiendo aislar a todos los que tengan síntomas, si se escapa algún infectado asintomático pronto volverá a extenderse la enfermedad.

Es más, el éxito de la clamidia es tal que, en ciertas regiones, el 100% de los koalas están infectados. De hecho, este microorganismo se aprovecha de otra característica típica de los koalas para asegurar su expansión, y es que no solo con sexo se transmite la clamidia. Es frecuente que se produzca una transmisión de madres a crías. Las crías de koala tienen una inquietante costumbre. Todavía en el marsupio, tras haber dejado atrás la lactancia, pero antes de pasar a devorar hojas de eucalipto, pasan por un corto periodo en que se alimentan del material fecal de sus madres. Se trata de una conducta totalmente justificada y sin la cual los koalas no serían los animales que conocemos hoy.

Su dieta como adultos consiste exclusivamente en las hojas de eucalipto. Hasta aquí puede parecer algo anodino, hasta que reparamos en que estas hojas son tóxicas para la mayoría de los animales, sobre todo en las grandes cantidades en que los koalas las consumen. Esto les permite alimentarse sin competir con otras especies, ampliando sus recursos. Y bien, el truco para sobrevivir a estas hojas se encuentra precisamente en sus heces. Entre las muchas bacterias beneficiosas que habitan su intestino está la Lonepinella koalarum. Esta bacteria parece ser capaz de degradar las sustancias tóxicas de las hojas de eucalipto y es también el motivo por el que las crías de koala ingieren los excrementos de sus madres. Lo cual, por beneficioso que sea para su dieta, les expone a contraer clamidiasis desde edades muy jóvenes.

Si esto ya complica el control de la clamidiasis en koalas hay algo que lo dificulta todavía un poco más, y es que normalmente estas infecciones se tratan con antibióticos capaces de eliminar a la Chlamydia. El problema es que estos parecen tener también efecto sobre la Lonepinella koalarum. Lo cual, hace que la digestión de los koalas empeore, que la toxicidad de las hojas aumente, y que su salud sí se vea seriamente comprometida.

El olor a clamidia ahumada

No obstante, aunque los síntomas tarden en aparecer, cuando surgen son realmente llamativos, tanto que fueron advertidos desde principios del siglo XIX. Por un lado, se produce una inflamación del ano y la piel circundante la cual acaba tiñéndose con marcas marronáceas. Sin duda no es una imagen agradable, la cual, además, se ve potenciada por el extraño olor que desprenden los koalas infectados. Su aroma recuerda, según quien lo ha olido, a una mezcla de humo y amoniaco. Concretamente, los individuos que parecen más afectados son aquellos infectados por el retrovirus de Koalas (KoRV), el cual afecta a su sistema inmunitario de una forma similar a como lo hace en nosotros el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH). Es más, ambos son retrovirus.

Por suerte, por mucho que empeoren los síntomas, la infección rara vez es mortal. Pero si la letalidad de la clamidiasis es baja en los koalas es posible que te estés preguntando por qué se considera uno de los principales motivos del descenso de sus poblaciones. La respuesta es que, si bien no mata, la clamidiasis sí suele dejar a sus portadores estériles, en especial cuando afecta desde antes de alcanzar la madurez sexual. Es difícil imaginar que tras todo esto podamos encontrar alguna buena noticia que implique a koalas y a la clamidia, pero contra todo pronóstico: existe y nos incube.

La vacuna

Hace ya meses que comenzó el ensayo de una nueva vacuna contra la clamidia en koalas. El doctor en microbiología Peter Timms llevaba tiempo tratando de producir una vacuna contra la clamidia, pero en ratones. Los ratones son casi los animales modelo por excelencia. Se les usa en investigación porque son mamíferos como nosotros, baratos de mantener y rápidos en criar, por lo que podemos ver los efectos de un tratamiento en más de una generación. Sin embargo, los ratones no son ideales para cualquier estudio, y en el caso de la clamidia su respuesta inmunitaria y sus síntomas tenían más bien poco que ver con los nuestros.

Por ese motivo, y conociendo la situación de los koalas, el doctor Timms decidió cambiar a sus sujetos de experimentación. Puede que experimentar con koalas sea mucho más costoso (del orden de los miles de euros por animal), pero en caso de conseguir una vacuna eficaz podrá ser usada con ellos, marcando una diferencia que no habríamos visto en ratones. Es más, las propias declaraciones del microbiólogo aclaran que ahora el éxito de su investigación ya no depende de poder usar la vacuna en humanos, sino que el simple hecho de que funcione con sus animales modelo es una meta igual de relevante. De este modo, el mal que compartimos con los koalas ha trazado un puente de colaboración, donde nosotros tratamos de encontrar una solución a su problema, a cambio de utilizarles para acercarnos a la vacuna que podamos usar con nosotros mismos. A veces hay poesía incluso en la ciencia más morbosa, y esta es una de esas veces.

QUE NO TE LA CUELEN:

  • No podemos decir que los koalas estén en peligro de extinción, pero el descenso en sus poblaciones es suficiente motivo de preocupación.
  • Por otro lado, aunque cabe la posibilidad de que la vacuna en koalas facilite encontrar una vacuna en humanos tampoco podemos afirmar esto. Queda mucho para saberlo con seguridad, aunque es una posibilidad relevante, claro.

REFERENCIAS:

  • Bryan, Emily R et al. "Chronic Testicular Chlamydia Muridarum Infection Impairs Mouse Fertility And Offspring Development†". Biology Of Reproduction, vol 102, no. 4, 2020, pp. 888-901. Oxford University Press (OUP), doi:10.1093/biolre/ioz229. Accessed 15 July 2020.
  • Dahlhausen, Katherine E. et al. "Characterization Of Shifts Of Koala (Phascolarctos Cinereus) Intestinal Microbial Communities Associated With Antibiotic Treatment". Peerj, vol 6, 2018, p. e4452. Peerj, doi:10.7717/peerj.4452. Accessed 15 July 2020.
  • Murray, Patrick R et al. Medical Microbiology. Elsevier. 2015