Paleontología

21 cristales revelan cómo el campo magnético Terrestre ha moldeado nuestra evolución

La pérdida de intensidad del campo magnético terrestre podría acelerar la evolución según la Universidad de Rochester

Diorama que representa criaturas marinas de la era de Ediacara.SMITHSONIOAN INSTITUTION22/11/2022
Diorama que representa criaturas marinas de la era de Ediacara. SMITHSONIOAN INSTITUTION22/11/2022SMITHSONIOAN INSTITUTIONSMITHSONIOAN INSTITUTION

La vida lleva 3500 millones de años evolucionando sobre este planeta. Desde que aparecieron las primeras células, la selección natural empezó a actuar. Eran apenas finas membranas esféricas de grasa con material genético en su interior y ahora la variedad y complejidad de la vida exceden cualquier estimación que podamos hacer. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? ¿Cómo es posible que nos hayamos diferenciado tanto? Un nuevo estudio de la Universidad de Rochester sugiere ha logrado relacionar un momento en el que la vida se diversificó especialmente con una alteración de nuestro campo magnético.

Si leemos esto de pasada es posible que saquemos conclusiones precipitadas. El cuerpo nos pide pensar en mutantes magnéticos, seres que nacieron muy diferentes a sus padres por la influencia del campo magnético que rodea a nuestro planeta. Lo cierto es que la conexión entre esas alteraciones del campo magnético y la biodiversidad son mucho menos fantasiosas.

La verdad

Según el investigador principal, John Tarduno, el campo magnético de aquella época hace unos 591 o 565 millones de años, estaba especialmente débil, desprotegiendo nuestra atmósfera del viento solar y permitiendo que el hidrógeno escapara, dejando cierta cantidad de oxígeno que ya no se podía juntar con hidrógeno para formar agua. Así aumentaría la concentración de oxígeno en la atmósfera y en los océanos, disuelto, apoyando la evolución de algunos organismos tempranos.

No obstante, el mecanismo tampoco está del todo claro. Es una posibilidad apoyada, mayoritariamente, por una fuerte correlación entre la radiación evolutiva que tuvo lugar en ese momento y el claro debilitamiento del campo magnético. Lo primero lo sabemos porque, en el registro fósil, en los estratos correspondientes a esa época aparecen multitud de nuevas especies que no encontramos en estratos inferiores y, por lo tanto, más antiguos.

En cuanto al campo magnético, John Tarduno ha analizado 21 cristales de plagioclasa, caracterizados por contener materiales magnéticos cuya disposición nos permite deducir la intensidad y dirección del campo magnético en el momento en que se formaron. El resultado es que, por aquel entonces, el campo magnético era 30 veces más débil, tanto si lo comparamos con el actual como si lo comparamos con el que había 2.000 millones de años antes.

La duda

Ahora bien, como decíamos, todo esto es una correlación cuyos mecanismos exactos se nos escapan y, por lo tanto, conviene que la tomemos con pinzas. Podría, ser, tampoco es algo descabellado, pero ha habido otros momentos donde el campo magnético terrestre ha perdido intensidad y se han asociado con momentos de radiación evolutiva. De hecho, algunas interpretaciones poco aceptadas ya sugerían que tenía que ver con el aumento de la radiación ionizante del Sol que, al no ser detenida por el campo magnético, llegaba a nosotros y alteraba el ADN de las especies, propiciando las mutaciones.

Por otro lado, en este estudio solo se valora el caso de ese momento concreto, lo que conocemos como “fauna de Ediacara”. Hablamos de fósiles de hace 539 millones de años, siendo los más antiguos que tenemos de lo que (según los últimos estudios) serían los primeros animales propiamente dichos. Desde entonces han cambiado tanto que son prácticamente irreconocibles.

Al observar las reconstrucciones de la fauna de este periodo es posible que nos sintamos transportados a un mundo onírico. Seres similares a medusas, tortas ovaladas que serpentean sobre el fondo marino, una especie de hojas que se abanean solitarias buscando la vertical, etc. De hecho, hace algunas décadas parecían tan poco familiares que se consideraban como una prueba fallida de la evolución, un primer intento de “crear” vida animal animales que se había terminado extinguiendo para dejar paso a un segundo intento del que descendemos. Ahora sabemos que probablemente no sucedió así, sino que algunos representantes de esta biota eran nuestros ancestros directos.

Conocer mejor qué ocurrió durante un momento tan clave y extraño de la historia de la vida en la Tierra es fundamental si queremos comprenderla, pero, desde luego, harán falta más investigaciones como estas para que nos podamos hacer una idea de lo que ocurrió en aquella época.

QUE NO TE LA CUELEN:

  • Entre los muchos problemas que pueden derivar del estudio de formas de vida tan antiguas se encuentra la representatividad de los datos. Conservamos apenas un puñado de especies que, posiblemente, comparten ciertas características de ubicación, tamaño o estructura que les ha permitido sobrevivir hasta nuestros días como fósiles. Esto significa que la ausencia de un rasgo no significa que no se hubiera desarrollado, sino que podemos estar viendo una excepción que debido al sesgo de supervivencia entendemos como una regla. Por eso hemos de recordar que, en ciencia, la ausencia de evidencia no es evidencia de ausencia.

REFERENCIAS (MLA):

  • “Near-collapse of the geomagnetic field may have contributed to atmospheric oxygenation and animal radiation in the Ediacaran Period” Communications Earth & Environment 10.1038/s43247-024-01360-4