Historia de un abuso: ocho años de cárcel para el conserje de un colegio por abusar de una niña

La joven, ahora de 18 años, tardó diez años en denunciar por miedo. Su padre maltrataba a su madre, que sufrió un cáncer

La historia de esta joven puede ser como la de muchas otras víctimas de abusos sexuales. El conserje del colegio en el que cursó dos años de Educación Primaria, ubicado en un municipio de la provincia de Valencia, abusó de ella durante al menos un año. Solo lo confesó a una amiga pasado el tiempo y fue un encuentro probablemente provocado por el ahora condenado, lo que le llevó a denunciar los hechos una década después de que ocurrieran.

La Audiencia de Valencia ha condenado a este hombre a ocho años y medio de prisión y nueve de alejamiento y prohibición de comunicarse con su víctima, además del pago de las costas.

Según la sentencia a la que ha tenido acceso LA RAZÓN, el conserje del colegio, jubilado desde 2013, abusó al menos durante un curso de esta niña cuando su madre se retrasaba a la hora de recogerla. Su madre atravesaba una difícil situación personal. Era víctima de malos tratos, tuvo un cáncer y llegaron a quedarse sin luz por no poder pagar los recibos.

Estas circunstancias se han tenido en cuenta a la hora de explicar por qué la víctima tardó varios años en confesar a su madre lo que le había ocurrido. “Era una víctima particularmente vulnerable, no solo por su escasa edad cuando tienen lugar los abusos, sino por su contexto familiar, un padre presuntamente violento y ausente, una precaria situación económica y una madre sobrepasada por todas esas circunstancias, hasta el punto de que la trabajadora social llega a reflejar que eran los hijos los que se hacían cargo de ella”.

Igual que ocurre en otros casos de abusos, el condenado tenía cierta relación de confianza con su víctima. “Era conocido de la familia, se encargaba de darle el almuerzo (a petición de su madre), así como el comportamiento cariñosos que tenía para ella”.

La metía en un cuarto donde le tapaba los ojos, le bajaba las braguitas, la tocaba y le introducía objetos que ella notaba fríos. En una ocasión le pidió que le realizara una felación, “me dijo que lo chupara con un chupa chups”. La niña dijo que no le gustaba y "no volvió a insistir”. Él le decía que era un juego y que no se lo podía contar a nadie.

La sentencia relata que ella “se sentaba en su regazo porque lo veía como una persona muy especial, le tenía un cariño especial, el que no tenía en su casa”.

Los abusos cesaron cuando la nueva pareja de su madre comenzó a recogerla puntualmente. Posteriormente, se cambió de colegio y también de localidad.

Sin embargo, diez años más tarde, volvió a encontrarse con el conserje. Él iba en su coche y ella caminaba por la calle. Bajó, le dio dos besos. Le preguntó dónde vivía, le pidió su teléfono y ella le dijo que se iba al médico. El pederastra se ofreció a llevarla. Ella no quiso y él la agarró fuerte, pero logró seguir su camino. Se sintió forzada, con miedo, pero también con fuerzas para contársela a su madre. Ese mismo día puso la denuncia.

Acoso durante años

No era la primera vez que lo veía después de cambiarse de municipio. Años antes se encontraron en otra localidad de la provincia- donde se mudaron tras abandonar donde se producían los abusos- situada a más dos horas en coche.

Durante el juicio él dijo que llegó allí por casualidad, “iba de excursión y se perdió”. Pero la víctima y su madre afirman que lo vieron en dos ocasiones. En una de ellas, la niña, que tenía once años, tuvo un ataque de nervios, “se encaramó a un puente diciendo que se iba a tirar, que nadie la quería y que había hecho cosas malas”.

Durante su declaración en el juzgado de instrucción explicó que poco a poco comenzó a darse cuenta de lo que le había ocurrido, oyendo noticias de abusos a otros niños. Además de bajar su rendimiento escolar, repitió uno de los cursos cuando siempre había sido buena estudiante, la joven fue diagnosticada de depresión grave, además de padecer estrés postraumático.

A pesar de que el acusado- Vicente Agustí P. I.- negó todos los hechos, el tribunal da credibilidad a la víctima y condena a ocho años y seis meses de prisión y al pago de una indemnización de 45.000 euros por un delito continuado de abuso sexual con acceso carnal a una menor de 13 años. Tampoco podrá aproximarse a menos de 200 metros de la víctima ni tampoco comunicarse con ella.

Este diario ha omitido los detalles de las localidades, del centro- al que también se le condena- así como el de la víctima para preservar su identidad.

La sentencia se puede recurrir, por lo que de momento, el acusado no ingresará en prisión.