Volver a dormir en casa, al menos, por Navidad

Familiares autistas piden a la Generalitat que levante la restricción que impide a los residentes pernoctar con sus padres

Fernando Bayo mira con preocupación el calendario. Han pasado ya tres meses y no ha logrado que nadie le haga caso en su reivindicación. Es fácil de atender y no cuesta dinero. Solo quiere que su hijo pueda dormir en su casa cuando sale del centro para personas con autismo en el que vive.

Bayo es el secretario de la Asociación de Padres de Autistas de la Comunitat Valenciana (Apacv) y su hijo, de 40 años, vive en la Residencia Infanta Leonor de Alicante. Allí hace vida entre semana y antes de que la pandemia pusiese patas arriba la vida tal y como la conocíamos hasta ahora, lo recogía todos los viernes y pasaban juntos el fin de semana. Esa era su rutina, a la que tanto su hijo como otros residentes estaban acostumbrados. La que ahora echan tanto de menos que sufren crisis de ansiedad que ha provocado que incluso algunos se hayan autolesionado.

«Ellos no entienden qué ocurre. Solo ven una situación, pero sí tienen sentimientos» y pueden llegar a pensar que sus familias ya no quieren pasar tiempo con ellos.

Llegó la covid y con él un sinfín de restricciones. Primero, a finales de agosto se les impuso un confinamiento de 14 días, que se alargó otras dos semanas.

Se aplicaron las mismas medidas que a las residencias de ancianos, sin tener en cuenta que estas personas tienen que ser tratadas de otra manera. Bayo incide en que se les impuso un régimen de aislamiento sin que hubiese un solo caso de covid en el centro.

Pidió «humanidad» por y para ellos, advirtió de que el daño psicológico que les estaban haciendo era tan grande que era imposible de medir. O nadie le escuchó o nadie le hizo caso.

Cuando por fin levantaron el confinamiento, Bayo tuvo que iniciar otra batalla. Esta vez contra una orden de la Conselleria de Políticas Inclusivas que prohíbe que puedan pasar la noche en sus casas. A las 19.30 tienen que volver al centro. «Ni siquiera podrá cenar en su casa en Nochebuena».

«¿Qué sentido tiene que puedan estar un día entero con sus familias, pero que no puedan dormir con ellas? Es una orden estúpida, no tiene sentido y no me cansaré de denunciarlo».

Bayo ya sacó a su hijo durante tres semanas del centro precisamente porque no estaba conforme con esta directriz. Después regresó, le hicieron una PCR y lo tuvieron diez días en un «confinamiento relativo».

Sus críticas no tienen nada que ver con el centro. La atención que recibe es excelente, pero tanto él como su hijo necesitan esos fines de semana de los que tanto disfrutan. «Al final, como en casa no se está como en ningún sitio».