El psicólogo valenciano Enric Valls
El psicólogo valenciano Enric Valls FOTO: kiketaberner@gmail.com Kike Taberner

«Las actuales generaciones han nacido con falta de límites»

“Estamos en la sociedad de la inmediatez, de cierto egoísmo y poca consciencia”, asegura el psicólogo valenciano Enric Valls

A sus 32 años, el currículum de Enric Valls refleja ya una larga trayectoria profesional. Graduado en Psicología, desde los inicios de su carrera se ha ido especializando en diferentes ámbitos como las conductas adictivas, la psicología infantil, o la ansiedad. Ha pasado por entidades tan diversas como la Asociación para la Prevención del Acoso Escolar Valencia (Aepae), la Asociación Española contra el Cáncer, o la Federación Española de Enfermedades Raras. A día de hoy cuenta con su propia consulta en Valencia y sigue colaborando con numerosas organizaciones y medios de comunicación. A partir del próximo mes de octubre La Razón tendrá el privilegio de contar con sus valiosas aportaciones a través de un artículo mensual en los que se abordarán múltiples temáticas.

Enric, ¿todos deberíamos ir al psicólogo?

Ir al psicólogo significa encontrarse a uno mismo. Algunas personas creen que hay que ir cuando uno está mal, pero es interesante ir cuando uno está bien, precisamente para prevenir, o simplemente a modo de desahogo. Hay personas a las que les doy el alta y ellas mismas dicen, “no no, quiero tener este espacio para mi”. Porque cuando uno habla, uno cura, repara, sana. El psicólogo es un entrenador que te ayuda en un momento determinado de tu vida, y una vez ya has solventado esa situación, desde ese estado de bienestar, se puede coger esa rutina, como el que va al fisioterapeuta.

¿Estamos peor que nuestros abuelos? ¿O es que entonces no se hablaba de estas cosas?

Antiguamente no se daban este tipo de normalizaciones. La pandemia ha provocado que se hable de salud mental. Antes de la pandemia ya se estaba empezando a hablar, pero no había esa cultura. Actualmente existen los mismos problemas que hace 50 años solo que ahora se ha potenciado mucho el tema de las nuevas tecnologías, las redes sociales, la facilidad de tener contacto con gente...

Y todo va más rápido, nos aceleramos...

Sí, estamos en la sociedad de la inmediatez, de cierto egoísmo, poca conciencia... hay gente que va en piloto automático. Los vídeos de Youtube, Instagram, los vídeos de los medios de comunicación, duran 10 o 20 segundos.. incluso las notas de voz de WhatsApp se pueden acelerar.

Y esto, ¿a dónde nos puede llevar?

A ansiedades crónicas, depresiones, más trastornos de personalidad... La OMS ha planteado la salud mental dentro de la agenda 2030 porque ya hay una previsión de que este asunto esté cada vez más en auge y empeorando.

Afortunadamente cada vez son más las personas que van al psicólogo...

Sí, sí, de hecho cuando trato con niños de 10 o 12 años ya me hablan de autoestima, de habilidades sociales, de empatía... Porque se está ya hablando de eso. Incluso adolescentes que saben que muchas de sus amigas van al psicólogo. Esto hace diez años era inviable. Sí que está habiendo una normalización.

¿Qué les dirías a los padres de niños o adolescentes?

Primero que hay que poner límites, porque estas generaciones han nacido con falta de límites. Los padres no saben a qué edad comprar el teléfono; hay que informarse y establecer pautas, como que el ordenador esté en zonas comunes o limitar el tiempo de uso. La segunda pauta es predicar con el ejemplo. El hijo copia lo que ve en casa. Tercero, conectar con el mundo afectivo del adolescente, que no es sobreproteger ni invadir su intimidad, sino tener momentos de calidad. Por ejemplo, preocuparnos de quiénes son sus amigos, cuáles son sus aficiones y compartirlas, aunque no te apetezca. Y poner límites también en casa, las cerraduras en las habitaciones no son malas. Hay que poner límites, los límites son sanos. Luego potenciar los hobbies, que tengan espacio para desarrollar sus propias aficiones, no apuntarle a cinco extraescolares.

¿Y si no quiere hacer nada?

Entonces hay que ver por qué no quiere hacer nada. Cuál es el conflicto interno. Puede ser que vea que el papá y la mamá están mal, que están distanciados. Por qué si no, entramos en los etiquetajes: «es un niño vago», «no se implica», «estamos haciendo todo lo posible pero es él quien no quiere»... Cuando atiendo a adolescentes, atiendo a la familia, el adolescente no tiene la responsabilidad. Normalmente los problemas en un adolescente se dan por un conflicto entre los padres, por falta de afectividad, problemas de pareja, poca comunicación, agresividad...

¿Qué edad tan complicada verdad?

Sí, y es una etapa muy importante, porque la adolescencia es cuando creamos nuestra identidad. Te da igual lo que te digan tus padres, tu autoimagen se crea entre los iguales, entonces ahí es cuando vas aprendiendo a poner limites. Si no lo trabajamos, en la adultez es cuando aparecen esos conflictos.

¿Cuáles son los problemas que más te encuentras?

La mayoría viene por conflictos de vida, no por trastornos de personalidad. Por ejemplo, personas que se quieren separar y no saben cómo hacerlo, infidelidades, ansiedad, preocupación por el futuro... y luego muy habitual las interpretaciones fatales sobre el futuro, la melancolía, personas que viven enganchadas a una etapa de su vida que no han superado, y viven de recuerdos. Temas laborales, de no saber poner límites... no nos han enseñado a poner límites porque nuestros padres tampoco sabían.

¿Y cómo se puede cambiar esa forma de interpretar la realidad?

Bueno, cuando una persona no cambia es por diversas razones: una, no quiere, dos, no puede, o tres, no sabe. Hay gente que viene y tiene ciertas resistencias al cambio porque a lo mejor no le compensa abrir la “caja de pandora”, o no está preparada.

¿Qué opinas de las pseudoterapias, sobre todo a través de las redes sociales?

Este tipo de semiprofesiones, o pseudoterapias, siempre han estado, solo que ahora se ven más por las redes. Es un problema, porque hay personas que acuden a este tipo de terapias y salen peor, porque no tienen una formación. Y es necesario tenerla. Cuando estamos tratando con personas, podemos hacer mucho daño. Otra cosa son las terapias alternativas, como el reiki. En este caso, si a la persona le funciona, bien.

¿Y la meditación?

Genial, está validado, es científico. La práctica de la meditación nos libera poco a poco de esos pensamientos rumiativos, del estrés, libera sustancias positivas para el cerebro, como la serotonina y la dopamina y te quita el piloto automático.

¿Hay personas con más predisposición a sufrir problemas mentales?

Hay algunas corrientes que nos dicen que la persona puede tener cierta predisposición, pero si tiene un entorno bueno, agradable y protector, no “florece” el trastorno. Sin embargo, si la persona está en una época de estrés, toma sustancias, tiene relaciones tóxicas, y además muestra esa predisposición... es una bomba. Por eso se le pregunta al paciente si tiene antecedentes, porque seguramente puede haber una predisposición genética.