Guadagnino, en busca de la identidad sexual entre militares

El presidente del jurado del Festival de San Sebastián presenta «We are who we are», un trabajo para HBO en la senda de «Call me by your name» ambientado en una base de EE UU en Italia

Se puso feo el cielo por San Sebastián, día de lluvia desde el minuto uno, e inmediatamente subieron los enteros para hacer valer eso de que la «cultura es segura» y de que en un cine se puede estar tranquilo, evidentemente, siempre que se respeten las medidas. Aquí, en Donostia, a diferencia del Real, de Madrid, los aforos no se negocian. Mitad y punto. Una butaca libre y otra precintada en todas las salas. Sin discusiones. Sin grupos. Decisión salomónica y a otra cosa.

Esa otra cosa fue la presentación de «We are who we are», de Luca Guadagnino (Palermo, 1971), presidente, a su vez, del jurado de la Sección Oficial del certamen. El italiano, todavía relamiendo los éxitos de «Call me by your name» (2017), recupera el estilo de aquella cinta que le abrió las puertas de Hollywood (entre otros premios, obtuvo el Oscar al mejor guion adaptado) para darle cierta continuidad en forma de serie de HBO (donde ya está disponible).

A pesar de ser la primera incursión del director en el mundo de la ficción televisiva, afirma que lo ha afrontado «casi como una película» en la que mantiene ese ritmo lento para que sus protagonistas encuentren su camino en el amor y descubran su verdadera identidad durante ocho episodios. Ahora la acción se traslada a la idealizada región del Véneto (Italia), donde su belleza se difumina en la atmósfera periférica e industrial que se vive dentro de una base militar americana. Desde luego, otro tipo de romanticismo.

Fraser, un chico de catorce años, acaba de mudarse a una base militar americana en el Véneto. Allí conoce a Caitlin, una chica de su edad. Ambos están confusos en lo que respecta a sus identidades sexuales y de género. Poco a poco se van haciendo amigos, se ayudan y terminan fingiendo una relación para evitar la presión de sus amistades y del mundo exterior. Mientras Caitlin rechaza un lado femenino del que no quiere saber nada y que genera un vacío entre ella y su padre, Fraser se siente atraído por un chico mayor que trabaja con su madre. Sus primeras experiencias amorosas serán como esa pieza de dominó que genera un efecto explosivo en sus vidas.

Afirma Guadagnino que fue su amigo y productor Lorenzo Meili el que le propuso explorar la fluidez de género entre los jóvenes. Y él lanzó: «Pensé en llevarlo a un mundo tan específico como el de las bases estadounidenses en el extranjero. Creo que la fluidez es parte de nuestra forma de ser, no es algo específico de los jóvenes de ahora –continuaba–.  Es cierto que el adolescente es alguien fluido en esencia, sus cuerpos están cambiando de niño a adulto, son fluidos necesariamente para poder adaptarse a los cambios, pero también creo que los adultos pueden sentir ese mismo desasosiego cuando empiecen a pensar en las promesas a las que han fallado o lo que han perdido».

Respecto a que sea el mundo militar el escenario de la trama, el realizador defiende que es una forma de centrar la historia en un «microcosmos», un mundo contenido que a su vez es «el paradigma de un otro más grande. Para cualquier director es muy potente porque te da la posibilidad de tomar la parte por el todo con estos personajes que no saben a dónde pertenecen ni cuál es su lugar. Están en este sitio de paso».

Explicó el de Palermo en rueda de Prensa que no se pone «límites» en sus trabajos, que simplemente «me gusta contar historias» para «crear en el público emoción y una necesidad incómoda y permanente de cambiar de ideas». Nada de generar ocio sin sentido: «No entiendo a la gente que dice ir al cine para distraerse. El cine debe conmocionarte. Yo intento asegurarme de que, una vez que pongo en pantalla algo, la idea de representación colapsa y eres testigo de algo que puede suceder». Y es que, a pesar del terreno serial, habla constantemente en clave de celuloide. Solo se ha permitido una licencia, rodar en digital en lugar de los 35 milímetros habituales en su filmografía. «Lo decidimos así porque nos pareció que la tecnología digital reflejaba mejor el concepto del “aquí y ahora” que pretende transmitir la serie, pero aparte de eso no ha cambiado demasiado lo que suelo hacer».

Tras sus cuatro nominaciones de 2018 y, sobre todo, ese Oscar por la adaptación del guion de «Call me by your name», Guadagnino es voz autorizada para hablar de la Academia, así que se le preguntó por la nueva normativa de inclusión. Un cambio ante el que el director muestra un «sentimiento ambiguo». Da la bienvenida «a la idea de expandir el acceso a la producción de cine a personas que han estado excluidas», expone, pero admite que «incluir un personaje miembro de una minoría no garantiza que la película sea progresista, hay muchas películas reaccionarias, pese a tener equipos diversos, es el espíritu del director lo que importa», concluyó.