«Patria», ocho horas para desenmascarar enmascarados: el éxito del año

La serie acapara más expectación que Woody Allen y genera una conversación: «Lo importante no es tener razón, sino poder hablar»

Volver a casa después de años alejado de ella no siempre fue motivo de alegría para el vecindario. Ni siquiera que esa ausencia se deba a que allí mismo mataron a tu marido y te quedases sumida en la soledad más absoluta por decreto, porque nadie te ponía el hombro para llorar ni te hacía un guiño como forma de caricia. Más bien lo contrario, además de víctima, te señalaban como culpable. No fueron uno ni dos ni tres casos y así lo cuenta “Patria”. El regreso de Bittori a un pueblo cualquiera del País Vasco (aunque grabado sobre los escenarios de Elgóibar y Soraluze) es tomado como una amenaza para los que la rodearon y abrazaron en el pasado. Ni el alto el fuego anunciado por ETA en 2011 detiene esas bilis, en especial la de Miren, la que fuera su amiga del alma, esa con la que se iba a San Sebastián a pasar las tardes y junto a la que crio a su familia. Es esta la primera ofendida de la turba. Ni unos inofensivos geranios rojos serán aceptados: otro gesto más de “provocación” por parte de la viuda.

Es la realidad que nos cuenta “Patria” –presentada ayer en San Sebastián bajo una buena manta de agua, como no podía ser de otra manera– y a través de la cual Aitor Gabilondo –director– pretende crear un relato común de un suceso de 40 años, aunque resumido en unas pocas escenas. “Todos somos parte de esta historia”, ha tomado HBO como lema y el equipo, vasco al completo, lo hace suyo porque les “toca mucho”, explica Ane Gabarain (Miren). Cala tan hondo entre los locales, que las ocho horas de maratón que se programaron en el festival donostiarra mantuvo al público anclado a su butaca hasta la madrugada. El primer gran éxito de esta muestra de cine va a parar a una serie de televisión, que supera con creces las críticas a un peso pesado como Woody Allen.

Defiende la actriz que siempre pone el alma en sus trabajos, pero que este tiene algo de especial, “de ponerle las tripas. Aunque sabiendo que debemos guardar una sana distancia por nuestro trabajo”. Es posible que sin ese toque de “profesionalidad”, dice, la trama no hubiera quedado tan redonda porque los metros “te ayudan a ser más eficiente”. Aun así, los espacios no evitan los recuerdos. Pueden ser más o menos nítidos, pero una sola chispa, en este caso “Patria”, y afloran de nuevo.

Así le ha ocurrido a Gabarain, “emocionalmente nos ha removido”, pero también a la intérprete que tiene delante en la serie, Elena Irureta (Bittori), que arranca, respira profundamente y vuelve a hablar: “Cuando he visto todo el trabajo montado me quedé conmovida. En el pase aguanté bien, pero al final ya no podía más”. Demasiada presión, recuerdos y regresiones. “Te toca, te revuelve las tripas. Parece que el tiempo va curando todo, pero no lo termina de cerrar. Lo vuelves a ver y dices “esto no puede cerrarse así. Hay que hablarlo””. Se explican sin levantar la voz. Los años de turbulencias siguen marcados en las conciencias y ni Gabilondo ni las actrices quieren dar un paso en falso.

Es el motivo por el que “Patria”, presentan, debe “generar debate. Que se hable y que ayude por el bien de todos”. Pide Gabilondo una conversación “para bien”; para intercambiar “el cuento, empatizar y sensibilizarse con la situación de todos los personajes”, apunta el director como “aspiración de una historia de gente de la calle, que no vive de los titulares ni comenta sus acontecimientos. Simplemente la viven”.

Debates muy alejados de Twitter. Más bien, piden reflexiones en la intimidad “con amigos, familia o con uno mismo”. Pero siempre alejados del ruido de esas redes que magnifican en minutos “un simple cartel con dos fotografías”, comenta Irureta. “¿¡También vamos a hacer polémica con esto!?”, se preguntó la actriz cuando saltó la liebre: “Pero esas cosas no son más que espuma. No se había visto la serie y ya se hablaba. En vez de generar un debate conciliador avanzamos hacia lo contrario y eso me parece durísimo. Antes de nada, la gente ya tiene una opinión formada y opina mal por norma. No hemos aprendido nada de estos años si nos centramos en las diferencias. Me duele”. Por ello, Gabarain invita a sentarse frente a la pantalla “sin prejuicios” y dejar que “te conmueva y te lleve a la reflexión. Lo importante no es tener razón, sino poder hablar”.

Hay quien ha dicho que el equipo de “Patria” es valiente por querer plasmar un pasado reciente en el televisor, pero las madres de la ficción se quitan el peso de encima al unísono para entregárselo al director. Elena y Ane, Bittori y Miren, simplemente se ven como “un instrumento más del grupo. Entre todos contamos la historia que ha querido Aitor [Gabilondo]. Es su versión de la novela”.

Un libro que tanto Irureta como Gabarain “devoraron”, definen, pero que advierten que se queda corto al lado de la “hondura” de la nueva serie. “Hemos tenido una sensación mucho más fuerte ahora. Leí a Aramburu sin poder parar porque todo te lleva al final. Lo terminé y dije “qué historia”. Y cuando oí que se iba a hacer una serie pensé que era muy difícil lograr el nivel, pero pienso que se ha conseguido. Hemos intentado poner verdad en nuestro trabajo”, argumenta Irureta de un proyecto en el que no se reconocía. Las décadas que transcurren entre las diferentes partes de la trama hacen que la intérprete no se encuentre a sí misma, “sino al personaje”. Unas figuras que Gabilondo ha rodeado de un ambiente cuidado al detalle: “Era importante encontrar la estética, el tono y que estuviera a la altura emocionalmente del recuerdo de todos. Que nada sobresaliera mucho, que todo fuera contenido. Hacer un acto de contención con la música, la interpretación, la dirección... para centrar bien la historia”, cierra el director.