Camille Paglia: “Las mujeres nos liberamos gracias a que los hombres inventaron la lavadora”

Entrevista con la ideóloga del “feminismo amazónico” en el que milita Cayetana Álvarez de Toledo

A Camille Paglia no hace falta ni preguntarle. Descuelga el teléfono –fijo, no quiere oír hablar de Skype ni de Zoom– en su despacho de Pensilvania, en EE UU, y comienza un torrente de argumentos contra el feminismo actual y la victimización de la mujer que quita la respiración.

La autora de «Sexual Personae», su obra culmen de los 90 reeditada por Deusto, practica un feminismo antifeminista que ella bautizó como «amazónico», una ideología que cuestiona todos los arquetipos de los 70 sobre la liberación de la mujer.

Cualquier tópico sobre el erotismo o el sexo salta por los aires en un libro que rechazaron siete editoriales hasta que Yale se atrevió a retratarse. Pero es que ella misma es inclasificable.

Nacida en Endicott, Nueva York, en 1947, Paglia se declara atea, lesbiana (aunque es muy crítica con el movimiento LGTBI) y defensora de la pornografía, el aborto y la prostitución. Desde su puesto de profesora de Humanidades y Comunicación en la Universidad de las Artes de Philadelphia, Paglia lleva décadas tomando el pulso de las jóvenes estadounidenses.

Su diagnóstico es desfavorable, por decirlo suavemente: cree que las mujeres de hoy son unas quejicas que culpan a los hombres injustamente de todos sus males.

-¿En qué sentido ha perjudicado el feminismo de los 70 a las mujeres?

-Es que no puedes tener un programa ideológico que diga que los hombres siempre han sido opresores y que presenta a las mujeres como las víctimas de la Historia. Está claro que ha habido abusos, pero ellos también los han sufrido. No hay que olvidar que los hombres han dado su vida por las mujeres, han trabajado y luchado por mantener a sus familias. En los 90 parecía que mi rama disidente, la que defendía a los hombres, el sexo, había ganado al otro feminismo. Pero, de pronto, todo volvió con el “Me Too”, que es la ideología de las chicas de hoy. No tienen ni idea del debate que existió en el feminismo, simplemente reaccionan a lo que ven en Twitter o Facebook. Tienen un profundo sesgo antimasculino. Creen que tienen derecho a denunciar durante los próximos 50 años a cualquier hombre que las trató mal, acusarlo sin pruebas y destrozar su vida.

-Dice incluso que los hombres nos liberaron con el invento de la lavadora, por ejemplo.

-Claro que sí. De pequeña veía cómo mi abuela paterna se partía la espalda frotando la ropa en el porche trasero. Un trabajo durísimo que las mujeres llevan siglos realizando. La aparición de la lavadora automática, una máquina inventada por los hombres supuso una gran liberación para la mujer.

-¿Sigue a favor de la prostitución y la pornografía? ¿De verdad no cree que denigran a la mujer?

-Naturalmente, me opongo a cualquier forma de prostitución que sea forzosa y a los abusos. Pero si una mujer elige hacerlo de manera voluntaria, creo que tiene todo el derecho a disponer de su cuerpo como mejor le parezca. El feminismo debe trabajar para que sus condiciones sean justas y adecuadas.

-Su postura es que las mujeres debemos estar agradecidas a los hombres por poder decir lo que pensamos o hacer lo que queramos.

-La mujer occidental desde la Revolución Industrial cuenta con un nivel de libertad sin precedentes. Debido a este sistema económico puede vivir por su cuenta, durante cientos de años dependían de sus maridos o padres para subsistir. Sin embargo, cualquiera lo diría escuchando las quejas constantes de las mujeres en EEUU. Su postura es miserable y nada tiene que ver con el feminismo sino, más bien, con problemas psicológicos derivados de esta cultura de lo digital. Esta nueva juventud criada con el Iphone, que trabaja en oficinas, no ha vivido ninguna guerra, no tiene noción de lo que es trabajar la tierra. Sus cerebros no están conformados como los de mi generación. Es terrible lo que ha pasado con su educación, no tienen ni idea de historia ni de geografía universal. Viven flotando en un mundo de emociones, reaccionando a cada minuto a las interrupciones que les llegan de su teléfono. Tienen una visión operística de la dominación y de la explotación masculina. Es una completa alucinación; no tienen ni idea de la libertad y del poder que tienen. Llevan toda su vida escuchando que pueden ser lo que quieran, hacer lo que quieran. Como si la única forma de que su vida tenga algún sentido es incorporarse al mundo laboral.

-Pero usted misma ha desarrollado una carrera intelectual destacada, no es una ama de casa del medio oeste americano.

-Sí, en ese sentido fui una joven inusual. Estaba obsesionada con desarrollar una carrera propia.

-Entonces seguro que comprenderá los deseos de esas jóvenes de salir al mundo a hacer algo por ellas mismas. Cuando la escucho parece que nos las entiende, pero usted es una de ellas.

-Sé que soy un modelo en ese sentido, pero lo que estoy diciendo es que parece que las mujeres jóvenes no tienen más opciones. Se asume ya desde el instituto que el único camino posible es el profesional. Se las empuja a ello. Lo sé bien porque soy profesora y tengo contacto directo con ellas. Hay una enorme presión en el mundo burgués para que tanto hombres como mujeres se definan según sus carreras y el poder que logren. Yo vengo de una familia italiana inmigrante, mi padre fue el primero en ir a la Universidad. Por mi familia, tengo mucha relación con la clase trabajadora y veo otras formas alternativas de vida y de llevar la maternidad. De mujeres que se quedan en casa. Y me pregunto quién es más feliz.

-¿Y usted qué cree?

-Lo que veo es a demasiadas mujeres que han elegido su carrera antes que su vida personal, que no han tenido hijos, y que cuando se jubilan están condenadas a una vida de soledad y aislamiento. Por el otro lado, observo cómo pasan el domingo familias enteras en los parques o en la costa, varias generaciones mezcladas. Gente muy mayor sentada en sillas con los niños corriendo alrededor.

-Bueno, también habrá madres que se arrepientan de haberlo sido y de no tener una carrera, por ejemplo.

-No digo que esto pase en Europa, pero aquí es muy común que cuanto más éxito profesional tengas menos contacto familiar haya. No estoy diciendo a las mujeres que no entren en el mundo profesional, lo que digo es que no se ha tenido en cuenta para nada ni se ha valorado el coste emocional. No sabe la cantidad de chicas que veo que son desgraciadas y que culpan a los hombres de su infelicidad. Tienen que darse cuenta del precio que se paga, del sacrificio, aquí no hay nada gratis. Y está claro que la actual corriente feminista no ayuda a las chicas a tomar decisiones sobre su futuro. No cuando tengan 30 o 40 años, sino cuando lleguen a los 70.

-Dice que los hombres son más frágiles porque se ven forzados constantemente a demostrar su masculinidad y nosotras no.

-Creo que las mujeres son más fuertes de muchas maneras. Tienen una comprensión más integral de la vida, seguramente por la capacidad de tener hijos. Por la necesidad de las madres de intuir qué le pasa al bebé. Los hombres, en cambio, están dotados de una conciencia más intensa pero más estrecha. Mi experiencia es que con las mujeres se puede entablar una conversación de manera instantánea, hablamos el mismo lenguaje, vemos las mismas cosas. Da igual la nacionalidad, nos damos cuenta rápido de todo. Ellos viven en su propio mundo.

-Según usted, eso explica que creadores como Mozart o Miguel Ángel fueran hombres y no mujeres.

-No hubo una mujer Mozart igual que no hubo un Jack el Destripador mujer tampoco. Sí creo que hay diferencias en el cerebro y en el sistema hormonal masculino, que es más extremo e impulsa al hombre a la consecución de logros titánicos. Los criminales o asesinos en serie tienen un cerebro más parecido al de los grandes genios que ha mencionado. Mentes como esas no perciben igual la identidad humana o la ética o el comportamiento. Las mujeres, en cambio, somos demasiado racionales y sensibles. Vemos el mundo tal y como es.

-Vamos, que somos menos psicópatas.

-Sí, hay poquísimas mujeres psicópatas.

-Otra de sus aseveraciones es que no debemos intentar educar a los hombres para hacerlos más comprensivos. ¿No cree que entonces tendríamos un mundo mejor?

-No creo en enseñar compasión ni moral, sino ética. A través de la Historia o la Literatura sí se puede aprender a percibir las necesidades de los otros. Pero en el minuto en que tratas de insuflar compasión, vuelves a la Iglesia. Y yo la abandoné hace tiempo. Creo en la razón y en expandir la imaginación, también a través de las grandes películas europeas, que fueron parte de mi educación y ahora nadie ve.

-Si tenemos tanto poder, ¿cómo es posible que trabajemos más y ganemos menos? Por no hablar de la violencia o el acoso que sufren las mujeres en todo el mundo.

-El mayor problema para las mujeres es que, cuando tienes hijos, tu lealtad se divide. Una mujer soltera no tiene que pensar en nadie más y se puede focalizar en su trabajo. El feminismo no para de decir que los hombres tienen que compartir las tareas del hogar, implicarse más, pero la verdad es que es la mujer la que está al mando de la casa. Y le puede decir al hombre lo que hacer, aunque al final se acaba quejando de que no lo hace bien y lo hace ella de nuevo. Aunque el marido sea liberal, empático, y colabore, en cuanto hay hijos ella es la que dirige todo y el hombre queda en un segundo plano. Y luego las mujeres acaban agotadas porque tienen doble trabajo, dentro y fuera del hogar.

-Asegura que luego las mujeres acaban resentidas precisamente por eso. ¿Qué fórmula propone para que la cosa funcione?

-Yo enumero los problemas y afirmo que echar la culpa de todo a los hombres es ridículo e injusto. Ha habido una transformación profunda en nuestra forma de vivir en esta era postindustrial que ha traído consigo múltiples tensiones que hay que solucionar. Sí le puedo decir que las clases menos pudientes económicamente viven en sus barrios de siempre, al lado de sus familias, a las que ven todos los fines de semana, cosa que no hacen en otros estratos sociales.

-Presenta una imagen idílica de esas vidas, pero el paro, la inseguridad y la falta de dinero traen muchas veces problemas terribles de adicciones, violencia intrafamiliar...

-No digo que sea una situación ideal, solo que la gente que vive junto a su familia tiene otro nivel de satisfacción emocional. Es una locura la cantidad de personas de clase media-alta que toman antidepresivos en EE UU. ¿Es esa una buena manera de vivir? Algo marcha mal, muy mal, cuando la gente tiene que doparse para sobrellevar la vida. Solo en la Universidad de Pensilvania catorce estudiantes trataron de suicidarse tirándose por la ventana. Estoy segura de que tomaban antidepresivos.

-¿Qué significa que la maternidad es tan abrumadora que condena a los hombres a una vida de ansiedad sexual?

-Es algo universal para los hombres con pocas excepciones. Los hombres tienen que hacer cosas constantemente para demostrar su masculinidad. Y desde los años 60 hay una revisión constante de esos códigos, empezando por la ropa. En mi época parecía que estaba admitido que experimentaran con colores, tejidos, y, de pronto, todo aquello quedó atrás. En los 80 volvieron al mismo uniforme de siempre. Las mujeres siempre nos hemos podido permitir lo que quisiéramos en el sentido estético.

-¿Qué mueve el mundo? ¿El sexo, el poder o el miedo?

-Sin duda, el poder. Desde la Edad de Piedra los seres humanos se han organizado en estructuras con una forma jerárquica. Las sociedades igualitarias no han durado mucho tiempo, parece ser una tendencia natural del hombre organizarse en torno al poder como hacen los animales. Hay un patrón que se repite en todas las civilizaciones; se crean, se desarrollan y cuando se hacen demasiado grandes entran en decadencia. Es lo que está ocurriendo con el mundo occidental hoy día. Con la enorme dependencia de lo digital, en este momento estamos en un momento peligroso de colapso catastrófico.

-Dice que solo hace falta un giro inesperado de la naturaleza para que todo salte por los aires. ¿Esta pandemia puede ser ese punto de inflexión?

-Veremos. Las plagas han sido intrínsecas a toda la historia de la Humanidad, pero está claro que ahora vivimos en un mundo sobredesarrollado en el cual las clases dirigirse tienen que medicarse para sobrevivir a las tensiones existentes. En ese sentido, me recuerda a la decadencia del Imperio romano, que tardó cientos de años en caer. No hay duda de que estamos rodeados de alarmas que indican peligro.

-En el libro señala que hay una inestabilidad demoniaca que subyace en todas las relaciones sexuales y que no queda otra que aceptarla.

-Quiero decir que el sexo es un impulso primitivo y animal. Nunca podremos racionalizarlo del todo porque nos mueven estímulos que nacen en el subconsciente. Estamos perdiendo la habilidad de entender estados emocionales complejos. Por ejemplo, la ambivalencia de la que hablaba Freud: puedes odiar y amar a alguien al mismo tiempo, o sentir hostilidad y atracción. En ese sentido, el sexo es muy psicológico. Sentirte atraído por alguien tiene mucho que ver con tu niñez, con la relación con tus padres.

-Quizá sea todo mucho más inconsciente de lo que nos guste reconocer.

-Es una de las cosas que le achaco al movimiento “Me Too”, lo simplista que es. Reduce las relaciones sexuales a una cuestión de poder. Y es que hay muchas mujeres, por ejemplo, que se sienten atraídas por hombres abusadores y carecen del lenguaje psicológico para explicarse a sí mismas por qué repiten el mismo patrón una y otra vez. Es como el caso de Harvey Weinstein. Las mujeres llegaban a su habitación de hotel para tener una entrevista de trabajo, él les abría en albornoz y ellas entraban.

-Pero en ese caso la relación era totalmente vertical. Él tenía todo el poder sobre unas mujeres de 18 años llegadas a Los Ángeles de algún pueblo a buscarse la vida.

-No tenían 18 años, eran mujeres hechas y derechas y no me creo que todas fueran unas ingenuas que no sabían qué estaba pasando. Así no fue la manera en la que yo me crie. A mí me enseñaron a poner mi dignidad por delante de cualquier aspiración profesional.

-Pero el depredador sexual era él.

-Hubo mujeres con las que Weinstein no pudo. Me opongo frontalmente a que se trate de exonerar a aquellas mujeres de su propia responsabilidad. Pusieron sus intereses profesionales por encima de su dignidad. Mi familia italiana de inmigrantes, mi madre y sus hermanas jamás hubieran permitido que se las tratara de una forma denigrantes. Antes habrían dejado sus trabajos. Lo que yo defiendo es que hay que dar a las mujeres la fortaleza para defenderse, educarlas para este mundo en el que hay depredadores sexuales. Tienes que cultivar la actitud de que no eres una víctima. Yo misma tuve que defenderme poniendo mi carrera en peligro. Las mujeres no elevan sus voces ahora, están todo el día en el teléfono y luego no paran de quejarse de los hombres y piden intervenciones del Estado. El mundo siempre ha sido así, los poderosos sobre los débiles, y seguirá igual.

-¿Le reconoce alguna bondad al movimiento “Me Too”?

-Si ayuda a las mujeres a decir “no” y las fortalece para estar vigilantes es positivo. Negar que el sexo es, en muchas ocasiones, un juego para ejercer el poder es absurdo. También está el arquetipo de la “femme fatal”, que existe y que es un personaje glamuroso y atractivo, quizá también neurótico y sociópata, y que no tiene parangón masculino.

-Otra de sus afirmaciones es que el erotismo no se puede estipular. No sé si sabe que en España trataron de sacar adelante una Ley de Libertad Sexual que obligaba al consentimiento explícito en el sexo.

-Dios mío... El sexo es algo que ocurre en un contexto físico, instintivo. No se puede tratar de transformar ese impulso en lenguaje, que es otra dimensión completamente distinta. Eso es totalitarismo. También han tratado de regularlo en los campus universitarios, algo a lo que yo me he opuesto rotundamente. Uno de mis argumentos era que en Europa no se les ocurriría hacer algo semejante.

-No sé si sabe usted quién es Cayetana Álvarez de Toledo, una diputada española que la tiene a usted como modelo.

-Sí, he oído ese rumor de que ha dicho cosas positivas sobre mí. Me parece una mujer muy glamourosa.

-¿Cree que las feministas la consideran una traidora?

-Ya no hay líderes feministas en EE UU. Solo existen voces académicas en los campus universitarios totalmente mediocres y para las que soy persona “non grata”. Son profesoras burguesas que enseñan cursos sobre género sin hablar una palabra de biología. Es una estupidez propia de amateurs.