El bendito “sacrilegio” del Niño de Elche

El inquieto cantaor presenta en el Museo Reina Sofía una reinterpretación auditiva del pionero auto sacramental que José Val del Omar estrenó parcialmente en 1949

Contemporánea de Lorca y Cernuda, la alargada sombra de José Val del Omar es inseparable de su proyección heterodoxa: «Soy un suceso. No tengo otra silueta que el cambio», dejó escrito el granadino que más hasta el extremo llevó el concepto de polímata. «Han pasado setenta años y lo que entendemos como gran sociedad sigue sin aceptar actitudes como la suya ante la vida», explica un emocionado Niño de Elche (Francisco Contreras) ante los manuscritos originales que cuelgan del Espacio 1 del Edificio Sabatini, en el Museo Reina Sofía.

El cantaor, irreverente por naturaleza y provocador por vocación, se pasea con los brazos tras la espalda, expectante ante las reacciones de quienes se atreven a cruzar la cortina negra que da paso a su nuevo trabajo. Al otro lado del umbral, la oscuridad se interrumpe por los quejidos propios del cante, pero también por gemidos obviamente sexuales, ecos de misa y hasta una especie de versión pacata del «My way», de Frank Sinatra. Todo ello iluminado en colorida alegoría por unas cuantas lámparas que cambian de tonalidad ante las demandas de la presentación.

El artista ilicitano se ha servido del archivo sonoro de la institución pública para rescatar el «Auto sacramental invisible», que Val del Omar proyectó en pleno franquismo, lo completa y lo reinterpreta para crear una instalación completamente nueva. Sobre su intervención y lo sacrílego de revisar un legado ajeno, el Niño responde meridiano: «Mi trabajo no ha sido un trabajo arqueológico. Siempre que trabajo en relación o a partir de un artista, que lo he hecho varias veces como con Miguel Hernández, los trato como una inspiración, como un punto de partida». Y va más allá: «No hay que caer en el homenaje fetichista ni masturbatorio en el que se suele caer en estos casos. No me interesa y no me parece que me beneficie a mí ni al artista en cuestión». Palabras para oídos inquietos.

La relectura de un pionero

Mucho más conocido por su trabajo fílmico, se puede afirmar sin desvariar que Val del Omar es uno, si no el más importante, pionero del sonido en España. Con las cenizas de la Guerra Civil todavía candentes, dedicó su vida a la investigación del sonido que había en el arte más allá de la música. «El auto supone la culminación de los experimentos en electroacústica, es decir, el almacenamiento, la amplificación o transformación, y la repetición del sonido a partir de medios eléctricos, a los que Val del Omar dedicó buena parte de la década de 1940, y en el que planteará algunas de las preocupaciones que marcarán su producción cinematográfica durante las siguientes décadas», escribe Lluis Alexandre Casanovas, responsable de contextualización histórica de la instalación.

Y sigue: «La obra debe contextualizarse dentro de la introducción de la radiofonía y la fonografía, así como el papel de la escucha, durante la década de 1940 ante la consolidación de los medios dirigidos a la propaganda y la comunicación de masas en España».

En efecto, el trabajo valdelomariano es intrínsecamente político. Asociado inequívocamente a las misiones de la Institución Libre de Enseñanza, Val del Omar enfrentó a niños de toda España a un reflejo inaudito: su propia voz. Luego, entrada ya la década de los cuarenta dará a luz al diafónico o binaural y comienza a registrar patentes. De hecho, entre 1953 y 1955 llega a girar con su «Aguaspejo granadino» innovando como siempre en la creación de imagen y sonido.

El Niño de Elche, «Paco», asume la responsabilidad del eclecticismo desde la propia identificación y explica su relación personal con el legado: «La familia de Val del Omar es de las pocas que entiende el espíritu de lo que han heredado. El espíritu valdelomariano es ese: el de la remezcla, el de la revisión. Solo hay que ir al propio auto sacramental, que está hecho de retales de Lorca o de Calderón. La concepción de la autoría se difumina en favor de una plataforma para abordar según qué cuestiones que 70 años después nos siguen perturbando», dice exaltado.

Y, ¿qué hay entonces en las ideas de Val del Omar que haya sobrevivido a siete décadas de criba ideológica? Contreras sentencia: «Como él tenía un sentido poético casi metafísico, como persona que utiliza muchas voces, hay apuntes en el guion sorprendentes. Son materialmente imposibles de conseguir. Por ejemplo, llega a decir “esta frase hay que decirla con voz sudorosa”. Hay muchas ideas sobre género: qué es voz de mujer, qué es voz de hombre. Cómo se entremezclan y cómo acaban siendo algo inteligible. Eso es algo más cercano a nuestro tiempo, a propuestas de género. Lógicamente, aunque a partir de los ochenta se expandiera el arte sonoro, seguimos teniendo muy poca cultura de lo que es el sonido en el espacio. Vamos al cine con apenas 16 altavoces y aún nos sigue sorprendiendo cuando empieza a llover desde un lateral de la sala».

“Auto Sacramental Invisible”, la representación sonora a partir del trabajo de Val del Omar, una propuesta concebida por el Niño de Elche podrá disfrutarse en el Museo Reina Sofía de Madrid a partir del 7 de octubre de 2020.