Cine

Bienvenido de nuevo, berlanguiano Don Luis

Coincidiendo con el décimo aniversario de su muerte, la Real Academia Española ha incluido el término “berlanguiano” en el Diccionario

Luis García Berlanga y Alfredo Landa en un momento del rodaje de la película 'La vaquilla'.
Luis García Berlanga y Alfredo Landa en un momento del rodaje de la película 'La vaquilla'. FOTO: Berlanga Film Museum (CUSTOM_CREDIT) Instituto Valenciano de cultura

Si usted, como harán muchos hoy, busca en internet el significado de lo «maradoniano», los algoritmos inescrutables, impíos y despiadados le devolverán la definición que la Real Academia Española hace en el Diccionario de la palabra «picardía». Haga la prueba para homenajear al «Diez». Hasta hace unas semanas, si hacía lo propio con lo «berlanguiano», la devolución de resultados apelaba al carácter de un país, España, que también oscila desde la comedia entre lo pícaro de la conciencia y lo estúpido de la inocencia, pero aquella definición estaba huérfana de acepción en la guía que edita el organismo máximo de la lengua española.

Coincidiendo con el décimo aniversario del fallecimiento del director, la RAE ha decidido incluir entre sus 2.557 novedades, por fin, el término como todo aquello «perteneciente o relativo a Luis García Berlanga, cineasta español, o a su obra». El homenaje, que fue señalado a conciencia por el director del organismo encargado de fijar y dar esplendor, Santiago Muñoz Machado, llega para dar cabida en el léxico oficial a un término que, si bien se usa con asiduidad en medios de comunicación y otras publicaciones, no siempre se hace con la mejor de las fortunas. De difícil definición ampliada, bien podríamos concretar que lo «berlanguiano» bebe de su cine de enredos, dimes y diretes. Pero también de una pulsión de justicia social que primero lo llevó a enfrentarse a la dura censura del régimen franquista y que, en tiempos menos duros, le llevó por unos derroteros costumbristas cuando el país ya estaba preparado para volver a sufrir en la ficción.

Director de «Plácido», «El verdugo», «Los jueves, milagro» o «¡Bienvenido Míster Marshall!», Berlanga es tan manieristamente propio en su cine que la inclusión de una palabra que lo haga verbo en el diccionario se viene reclamando desde que el genio aún vivía. Cuando José Luis Borau, quien fuera director de la Academia de Cine en los noventa, entró en la RAE en 2008 dejó claras sus intenciones, explicando que se trataba de un «homenaje debido a quien nos ha proporcionado una visión agridulce y conmovedora de nosotros mismos, además de ser, de puertas adentro, nuestro primer creador cinematográfico».

Aunque hayan que tenido que pasar doce años desde el discurso y diez desde la muerte de Berlanga, la magia de lo «berlanguiano» por fin se hace realidad junto a lo «galdosiano», lo «kafkiano», lo «dantesco», lo «gongorino» o lo «cervantino».