Cine

Raffaella Carrà, la actriz que rechazó a Hollywood porque odiaba sus fiestas

Antes de convertirse en icono gay y sensación musical y televisiva en Europa, Carrà tuvo una oportunidad en Hollywood con la que todos los actores sueñan, pero no encajó en el ambiente: “todo el mundo se alcoholizaba y tomaba cocaína”

Raffaella Carrà, con el pelo moreno, junto a Frank Sinatra
Raffaella Carrà, con el pelo moreno, junto a Frank SinatraArchive

Antes de ser la eterna Carrà, Raffaella fue una niña que adoraba la interpretación. Perdió su adolescencia entrenando ballet y estudiando interpretación y debutó en el cine con 9 años. Cuando alcanzó el reconocimiento nacional, se le abrieron las puertas de Hollywood y allí se marchó la italiana, que ha fallecido hoy, para probar suerte. Sus aventuras en Los Ángeles podrían haber sido sensacionales, pero la boloñesa tenía un carácter fuerte. Dicen que rechazó las señales que le enviaba Frank Sinatra, aseguran que resistió compartiendo reparto con Bill Cosby y que, cuando se terminaba el trabajo en el rodaje, no encajaba en absoluto en el mundillo: “Todos iban a alcoholizarse o a tomar cocaína. Esa vida no me interesaba. Crecí con una educación rigurosa”, decía sin lamentarse por darle la espalda a las promesas de oro. Su vida no fue en absoluto aburrida: hizo enmudecer hasta al Vaticano, se convirtió en icono gay.

Y es que el trabajo para llegar ahí no había sido un capricho, sino una vocación. Estaba enamorada de la interpretación desde que, a los 3 años, bailó en una fiesta en casa y siempre soñó con ser artista, aunque primero quiso ser coreógrafa. Ni siquiera se imaginaba que haría historia como cantante. Trabajó duro con la danza y con solo 9 años se muda a Roma, a entregarse a la férrea disciplina del ballet clásico, y, junto al Coliseo, su vida da un giro. En 1952, debuta en el cine en “La tormenta del pasado”. Ya es la pequeña Raffaela. Sin embargo, la educación rigurosa de la que siempre hará gala le impide abandonar los estudios. Aunque, después de aquella primera experiencia, sus prioridades cambian: descarta la danza por la interpretación. Pero no cambia sus métodos. Raffaellla Pelloni, que era su verdadero apellido, pierde la adolescencia estudiando interpretación.

Sus profesores se dan cuenta de que algo tiene: su naturalidad a la hora de interpretar es enorme. Y así llega “La lunga notte del 1943”, junto a la gran Belinda Lee. Es el año 1960 y, al poco tiempo, llega el impulso final. El director Dante Guardamagna la conoce y rebautiza como Carrà. Y conquista su país. El año siguiente tiene un destacado papel en “Giulio Césare il conquistatore”, donde acapara todas las miradas. Con su nuevo nombre y su nuevo color rubio de pelo, es la musa italiana. La siguiente estación es el mundo.

En 1965 llega a Hollywood beneficiada por sus predecesoras compatriotas: Gina Lollobrigida, Sofía Loren y Virna Lisi han abierto camino y la joven Carrà consigue un papel en la película “El coronel Von Ryan” junto a Frank Sinatra, Edward Mulhare y Trevor Howard. Ella siempre fue discreta, pero a Sinatra “le dijo que no y él lo entendió”. En su cabeza, estaban las palabras de su padre: “Mis padres estaban separados. Él en realidad nunca quiso que yo me involucrara en el espectáculo, porque creía que estaba lleno de gente rara, que podías perderte enseguida. No estaba tan equivocado”, recordaría años después.

De hecho, pese a que le ofrecen aparecer en otros filmes en Hollywood y que llega a actuar en 1966 en un episodio de la serie de televisión “I Spy”, protagonizada por Bill Cosby y Robert Culp, simplemente la vida que llevaba en Los Ángeles no era la que esperaba. Y la Carrà regresó a Italia. Y el resto es historia de la televisión y de la música.