Cine

Crítica de “Quién lo impide”: y Jonás se comió a la ballena ★★★★☆

"Quién lo impide", de Jonás Trueba
"Quién lo impide", de Jonás Trueba FOTO: La Razón (Custom Credit)

Dirección y guion: Jonás Trueba. Intérpretes: Candela Recio, Pablo Hoyos, Silvio Aguilar, Pablo Gavira. España, 2021. Duración: 220 minutos. Documental.

Hacia el final de la sobresaliente, titánica producción de Jonás Trueba, los protagonistas pegan botes, cantan, y gritan a voz en cuello que «nada lo impide». Que salgas a la calle, que te rebeles, que digas no o sí, que no respondas con el silencio. En el fondo, el director está zarandeando las conciencias de todos los espectadores, de los jóvenes, de los adultos y los ancianos. Porque no hace falta tener quince años, la edad de estos chicos al comienzo del documental (cuyo rodaje ha durado cinco, pandemia incluida) para preguntarse según qué cosas y vivir.

Sin embargo, la adolescencia también debe llevar su particular cruz a cuestas: el miedo exagerado a la soledad, a no ser aceptados, a parecer iguales que el resto, a tener una existencia futura aburrida o que no cumplió con lo que imaginamos. Al cabo, este exhaustivo y ferozmente realista retrato de la juventud (española, sueca, en el fondo da igual), algo también nos deja claro: por mucho que hablen de bullying (nosotros los llamábamos abusones) y discotecas light (nosotros intentábamos colarnos en las «normales» con tacones y un pitillo), el sustrato existencial de esta generación y otras anteriores continúa siendo el mismo: el descubrimiento del sexo, del alcohol, del amor, de la muerte y otras desventuras. Ha cambiado, claro, la sociedad, un mundo el de ahora parece que abocado a males ya endémicos (el paro, la falta de oportunidades, el pesimismo generalizado, el covid que aún no nos abandonó...), pero aquellos niños con acné y granos que fuimos regresan por un rato para nuestra alegría y bochorno, se miran en el espejo de ellos e incluso entienden que uno diga eso de que «no quiero estar mal, pero me gusta». Cuánta inocencia e ingenuidad, cuántos discursos un tanto absurdos, cuánto cabreo con o sin razones, cuántos sueños teníamos y tienen. Durante tres horas y pico, pues, los oímos hablar sin descanso. Con acierto, apenas aparecen figuras de autoridad a excepción de los profesores y una madre furtiva de espaldas mientras ellos disertan sobre la política, el machismo, la cultura, tienen su primera relación erótica que resulta cercanamente conmovedora, descubren su identidad... Y muestran, en fin, lo mejor de sí mismos, aquello que a veces nos cuesta ver al resto e insisten: todavía hay esperanza para ellos y para ti.

Lo mejor: su espléndida, inmersiva dirección, y el optimismo y la nostalgia que envuelven al filme.

Lo peor: que se asusten con su duración; de verdad, merece cada minuto, y tiene dos intermedios