Música

Un Wagner “verde”, un Wagner monumental

El Teatro Real completa la tetralogía de «El anillo del Nibelungo» con «El ocaso de los dioses» (en la foto, el anterior montaje), que se representará entre el 26 de enero y el 27 de febrero

"El ocaso de los dioses", en su anterior montaje en el Liceu de Barcelona
"El ocaso de los dioses", en su anterior montaje en el Liceu de Barcelona FOTO: A. BOFILL

Cuenta el director musical Pablo Heras-Casado, doctorado ya en la materia wagneriana, que acercarse a la tetralogía de «El anillo del Nibelungo» es lo más parecido que ha hecho nunca a evaluar frente a un espejo sus méritos como artista: «Es una obra que nunca te abandona del todo, como si te uniera un hilo de Ariadna a ella allá donde vayas», explica tirando de repertorio lírico. Después de dirigir «El oro del Rin», «La Valquiria» y «Sigfrido», el granadino se pone al frente de la ópera que completa el círculo, la monumental «El ocaso de los dioses», con sus casi seis horas de duración. Como no podía ser de otra forma, y en ese tándem que ha creado el Teatro Real, la batuta de Heras-Casado se vuelve a unir a la escenografía de Robert Carsen en un binomio tan exitoso que, tras honrar a Wagner en Madrid, será exportado a La Scala de Milán para levantar todo un «Don Giovanni».

Revisada y reinterpretada hasta la saciedad, la ópera plantea, según Carsen, el reto de la originalidad sin renunciar a lo sacro y, por supuesto, un dilema de actualización respecto al gran tema del original de Wagner: su feroz crítica al destrozo que trajo consigo la Revolución Industrial. «Es la única de las cuatro obras que transcurre en el mundo de los humanos, reservado a lo lúgubre, la mentira y lo terrible. Ahí hay un mensaje obvio», aseguraba Joan Matabosch en la presentación del montaje, que se desarrollará hasta nueve veces entre el 26 de enero y el 27 de febrero. «La metáfora de Wagner era ecológica, revolucionaria en su tiempo, pero se ha vuelto de extrema necesidad hoy en día. Ya no se trata de ver el Rin lleno de basura, se trata de ver o no el Rin», confiesa Carsen sobre la versión de la obra que se verá sobre el Real. Y sigue: «Lo interesante, en relación con el final mismo del relato y pese a la oscuridad de la historia y a lo lúgubre que llega a ser por momentos, es que también ofrece un poco de esperanza. El final de ‘’El ocaso de los dioses’' trata sobre la última etapa de una era, pero también sobre la llegada, sobre el advenimiento de una nueva. Más luminosa», completó.

De esta manera, el Wagner más «verde» de su rica producción operística llegará al coliseo madrileño todavía con restricciones pandémicas. La orquesta, por ejemplo, tendrá que ocupar algunos de los palcos para respetar la distancia de seguridad y parte del elenco llevará mascarillas durante la representación. No así los cantantes y los protagonistas, que tendrán en esta ocasión el rostro de Andreas Schager como Siegfried, Lauri Vasar como Gunther, Martin Winkler como Alberich o Ricarda Merbeth en el papel de Brünhilde.

«Se trata de la obra más densa de Wagner, la más inquietante y, por supuesto, la más dramática. Eso permite que los colores, que el mismo cromatismo de la música, sea un reto para cualquier director. Cerrar ‘’El anillo’' es cerrar un círculo, pero no me gustaría conseguirlo sin responder a la urgencia dramática y retórica que exige para hacerlo en todo lo alto», remata un inspirado Pablo Heras-Casado que, antes de marcharse a Milán, se despedirá momentáneamente del Teatro Real con la ópera que más se le complicó a Wagner. Entre su concepción primigenia, anterior a las demás obras del «Anillo», y su estreno, llegaron a pasar más de veinte años. Ahora no esperaremos tanto.