Joan Matabosch: «Me gustaría contar con Plácido Domingo lo antes posible»

Acaba de ser renovado como director artístico del Teatro Real hasta 2026 y en esta entrevista nos confiesa los nuevos retos de la institución

Joan Matabosch, director artístico del Teatro Real
Joan Matabosch, director artístico del Teatro Real FOTO: Cristina Bejarano La Razón

Matabosch es un ciclón. Aparece para la sesión de fotos con paso firme, con determinación, dejándose aconsejar de forma paciente. En la distancia corta se percibe que es una persona con las ideas claras y que en su mente le cabe el Teatro Real entero, al que ha colocado como el mejor del mundo en los premios Opera Awards por la programación de 2019, además de haber sido nombrado uno de los hombres del año por la revista «Esquire». Ahora, a propuesta de Gregorio Marañón en tanto presidente de la institución, ha sido renovado como director artístico de teatro hasta diciembre de 2026 junto a Ignacio García-Belenguer como director general y al director musical Ivor Bolton. Se abre así una nueva y ambiciosa etapa de recuperación de la normalidad tras la pandemia y una ocasión de crecimiento y mejora del Teatro, que tratará de aprovechar los fondos europeos para modernizar y digitalizar sus estructuras.

¿Qué balance hace, en general, de estos cinco años bajo su dirección artística?

Eso corresponde a otros decirlo, pero creo que estos años hemos colocado al Teatro Real en el circuito internacional, a pesar de los últimos tan complicados por la maldita pandemia. Creo que se ha reaccionado con cintura y capacidad de gestión y eso hay que valorarlo. Al margen de esto, la programación ha adquirido un nivel de calidad excepcional, como está reconocido internacionalmente de forma explícita. Es muy importante el esfuerzo de ampliación del repertorio y ambición artística incorporando títulos que, por circunstancias históricas, eran inéditos. Las novedades llegan a ser el 60% de los títulos propuestos, y es bueno que esto haya sido aceptado y asumido por la institución y por el público como algo normal.

¿Puede afirmarse que su programación ha sido ecléctica al mezclar obras del gran repertorio con vanguardias o plantear estas con un marcado sello de contemporaneidad?

Sigue teniendo sentido proponer obras de más de cien años porque aún nos interpelan y nos dicen cosas expresando sentimientos e ideas que nos afectan íntimamente y, por tanto es imprescindible seguir con ellas enfocadas desde una mirada contemporánea. Evidentemente, debe haber un equilibrio entre títulos que forman parte ya de manera estandarizada del repertorio operístico y novedades que se van incorporando poco a poco. Las obras que ahora son nucleares en el repertorio en su momento fueron novedades y el teatro tuvo que apostar incorporarlas, a veces con polémica y mucha resistencia, pero gracias a esa visión, hoy son parte del patrimonio colectivo.

¿Va a seguir en esa línea?

El teatro no puede quedarse observando, debe tomar parte activa en esa ampliación, por tanto, es obligación del Real proponer títulos nuevos importantes de la literatura operística del siglo XX, como vamos a hacer con uno tan excepcional como “El ángel de fuego”, de Prokófiev, una obra maestra que ahora es novedad, pero dentro de unos años será un clásico.

¿Lo más difícil ha sido gestionar la pandemia?

Ha sido complicadísimo, pero también ha sido una oportunidad teniendo en cuenta que todos los teatros del mundo cerraron y este, con el apoyo de las administraciones públicas, los patrocinadores y el público, decidió hacer un esfuerzo por establecer alternativas y, adaptándonos a un estricto protocolo sanitario, tener la cintura, capacidad de gestión, imaginación y creatividad suficiente como para adaptar cada proyecto a la situación. Eso se consiguió y se convirtió en la admiración de otros teatros, demostrando lo importante que es tener un equipo tan excepcional como éste.

¿Qué dificultad tiene para un programador no tener recursos propios?

No tenemos compañía de cantantes, ni taller escenográfico, todo hay que buscarlo fuera, eso es una dificultad, pero también una ventaja porque nos obliga a gestionar de otra manera. Los teatros que tienen esto en plantilla se pueden permitir programar más tarde, su temporada consiste en redistribuir las óperas que quieren sobre la base de lo que tienen. Aquí todo parte de cero, incluido orquesta y coro. Eso es mucho más trabajo para el programador, pero tiene la ventaja de poder escoger el mejor que esté en el mercado para cada personaje, por tanto, la calidad es muy superior. El condicionante fundamental es que hay que programar con mucha más antelación. Nuestro modelo es el mejor del mundo si programas 4 o 5 años antes, si no, es el peor, porque al no tener nada, si vas tarde, saldrá fatal.

Con este periodo será el director artístico más longevo que ha tenido el Real: ¿ha cambiado mucho la ópera desde sus comienzos?

Muchísimo y para bien, a finales de los 80, los teatros eran de divos, de individualidades relevantes, aunque eso sí, impresionantes. El programa consistía en la ópera que hacía la Caballé, o José Carreras o Mirella Freni. Cuando llegué me tocó cambiar el sistema, pero este concepto ha cambiado, hoy es un espectáculo de conjunto, incluso los más grandes entienden que la ópera es un espectáculo colectivo. Mis esfuerzos para tratar de imponer este modelo ya son menos porque esta es ya una batalla ganada. También ha cambiado radicalmente la cuestión audiovisual, una de mis luchas sin cuartel fue la cesión de derechos audiovisuales, que el teatro tuviera paralelamente una potente herramienta de distribución de sus productos en el mercado internacional. El Liceo fue pionero y lo hizo con gran éxito, pero fue difícil porque no había tradición y nadie aceptaba que esto estuviera en los contratos. Hoy, es otra batalla ganada y casi la totalidad de artistas entienden que sea así.

¿Su proyecto más inmediato es acabar la tetralogía de Wagner y homenajear a los compositores españoles fallecidos?

Sí, “El ocaso de los dioses”, con Pablo Heras-Casado y Robert Carsent, ahora en enero. Luego vamos a tener una acontecimiento mundial de primera magnitud que es el estreno de la última ópera de Luis de Pablo “El abrecartas”, con libreto de Vicente Molina Foix y con ese motivo vamos a celebrar un homenaje a los tres grandes compositores españoles Antón García Abril, Cristóbal Halffter y Luis de Pablo, lamentablemente fallecidos este año. La siguiente también es un acontecimiento mayúsculo, “El ángel de Fuego”, de Sergéi Prokófiev, que será el estreno en España de una de las grandes óperas del siglo XX.

¿Es importante la estabilidad y el tiempo para plantearse un plan a largo plazo?

Es fundamental, por el propio modelo del teatro, que obliga a que sea así. Todos los teatros de ópera son grandes trasatlánticos que necesitan de cierta estabilidad, pero cuando el modelo es que todo está externalizado y tienes que ir a buscar al mercado internacional todos los elementos que necesitas para cada uno de los proyectos, todavía más, por eso es imprescindible que exista esa estabilidad. Incluso los teatros que tienen un ensamble propio y apenas tienen que buscar fuera, se ven obligados a programar con mucho tiempo, porque incluso en ellos la cosa ha cambiado.

¿Cuál es su principal apuesta para el nuevo periodo que afronta?

A mí me gusta mucho hablar de consolidación del modelo, porque creo que está funcionando muy bien y tenemos cinco años por delante para consolidarlo. Luego hay una serie de asignaturas pendientes, ya no solo en cuanto a repertorio, que también, evidentemente, sino que creo que este teatro necesita tener una Sala B, una segunda sala más pequeña con costes de producción muy inferiores que permitan apuestas más experimentales, más contemporáneas y vanguardistas y, sobre todo, a precios más reducidos.

¿Lo que han hecho en colaboración con otros teatros de Madrid?

Eso es, con la Abadía, Canal y Español, que ha funcionado muy bien, como ocurrió con “Into the Little Hill”, de George Benjamin. Esa colaboración debería institucionalizarse mucho más o el Teatro Real tenga esa Sala B para desarrollar este tipo de proyectos fundamentales. Además nos permite fomentar la cantera, dar posibilidades a compositores y cantantes jóvenes y estos espacios y propuestas nos permiten tener, sino no un ensamble de artistas, algo parecido y permitir la asistencia de público joven porque al ser producciones menos costosas, las entradas son mucho más asequibles.

¿Es importante su para su trabajo la renovación de Ivor Bolton?

Fundamental porque es parte de mi equipo, estamos apostando por tener la mejor orquesta y coro imaginables, algo que se está consiguiendo gracias a la dirección musical de Ivor Bolton y la combinación de Nicola Luisotti y Pablo Heras-Casado como directores principales invitados. Su sello distintivo, y es fantástico, es su increíble flexibilidad, la orquesta está acostumbrada a reaccionar magistralmente ante demandas de los directores que trabajan regularmente con ella. Para aumentar su nivel es importantísima esa continuidad, que no pasen por aquí, sino que se instalen aquí. La idea es de incorporar alguno más. El coro también es de un grandísimo nivel y estamos trabajando para mejorarlo, son pilares de la institución, a pesar de no ser parte orgánica de personal.

¿Qué importancia tienen las coproducciones internacionales? ¿Van a seguir?

Eso ha sido un exitazo y tenemos muy claro que trabajar en coproducción es deseable. Una de nuestras ambiciones es convertirnos en un centro de producción importantísimo, como es obvio que se ha logrado. “Turandot”, que se está haciendo en la ópera de París, o el “Peter Grimes, que dirigió Deborah Warner la temporada pasada y va a presentarse pronto en el Covent Garden, son coproducciones ideadas, gestionadas, construidas y estrenadas por el Real. Vamos a seguir porque es algo que ha dado unos resultados estupendos y permite que con una inversión muy razonable de tres o cuatro teatros tengamos una producción del máximo nivel. Además, es también una cuestión de proyección de la imagen internacional del teatro. Esto es recíproco porque ellos van a hacer “Teodora” y nosotros la haremos después. Así entramos en una dinámica de colaboración bidireccional que equipara al Real en términos artísticos con los grandes teatros del mundo.

¿Le quedan muchos deberes por hacer? ¿Qué grandes obras no ha hecho aún?

Hay muchas y estamos buscando cómo hacerlas, algunas lo hemos logrado, como “Die Soldaten”. Como la historia de este teatro ha estado plagada de incidentes, todavía tiene capacidad para muchas novedades, como por ejemplo, “El gran macabro” de Ligeti, o “El ángel de fuego” de Prokófiev que vamos a hacer pronto, o “Juana de Arco”, que lo haremos a final de temporada. Quedan muchas asignaturas pendientes, títulos, estéticas y compositores importantes que hay que incorporar al repertorio y luego normalizarlo en él y que vuelvan títulos y compositores que en su día ya estuvieron éxito.

¿Puede sustituir el “streaming” a la ópera en directo?

Evidentemente no, porque la gracia de la ópera es el directo, la fascinación física que produce una voz resonando en un teatro es incomparable. Pero yo estoy muy a favor del “streaming” porque es otra experiencia diferente, la ópera grabada, el cine…No digo que sea sustituible, pero sí que da otra perspectiva diferente que también es válida, otra manera de consumir el producto. Me parece absurda esta dicotomía porque si no hay directo no hay “streaming, ni cine. Durante la pandemia se ha demostrado la enorme utilidad y éxito de tener una plataforma digital como My ópera player abierta al público. La pandemia ha propiciado que se conozca internacionalmente y ha acabado teniendo un empujón realmente espectacular. No hay incompatibilidad, a mí me parecen complementarias.

¿Hay conversaciones con Plácido Domingo para su vuelta al Real?

Las hay, pero es necesario que se siente con los responsables políticos y ver cómo lidiar con la situación que atraviesa. En estos momentos no hay un proyecto completo que pueda anunciar, pero a mí me encantaría que volviera al teatro, me parece que, si no es el artista más grande de la historia de la ópera, poco le falta, pero tiene que aclarar su situación con los responsables políticos institucionales para dar ese paso porque de otra manera estamos un poco con las manos atadas, pero a nosotros nos gustaría que volviera, a mí personalmente me encantaría tenerlo lo antes posible.

CONVERSACIONES CON PLÁCIDO DOMINGO
Una de las preguntas que se hacen los aficionados a la música clásica y el público que asiste regularmente al Teatro Real es si en este momento existen conversaciones con el tenor Plácido Domingo, que se vio envuelto en una serie de acusaciones. Matabosch reconoce que existen conversaciones ahora, «sí, las hay, pero es necesario que se siente con los responsables políticos y ver cómo lidiar con la situación que atraviesa. En estos momentos no hay un proyecto completo que pueda anunciar, pero a mí me encantaría que volviera al Teatro, me parece que, si no es el artista más grande de la historia de la ópera, poco le falta, aunque tiene que aclarar su situación con los responsables políticos institucionales para dar ese paso porque de otra manera estamos un poco con las manos atadas; a nosotros nos gustaría que volviera, a mí personalmente me encantaría tenerlo lo antes posible».