“Rocketman”: El demonio de las mil gafas

No habrá aquí blanqueo de imagen, como ocurría en «Bohemian Rhapsody», aunque Elton John figure como productor y unas cuantas cartelas tranquilizadoras nos avisen de que hace años que las obras de beneficencia ocupan su tiempo libre.

No habrá aquí blanqueo de imagen, como ocurría en «Bohemian Rhapsody», aunque Elton John figure como productor y unas cuantas cartelas tranquilizadoras nos avisen de que hace años que las obras de beneficencia ocupan su tiempo libre.

Director: Dexter Fletcher. Guión: Lee Hall. Intérpretes: Taron Egerton, Jamie Bell, Richard Madden, Bryce Dallas Howard. Gran Bretaña-EE. UU., 2019. Duración: 121 min. «Biopic» musical.

Cuando, en la primera escena de «Rocketman», Elton John (Taron Egerton) se presenta disfrazado de demonio en una terapia de grupo, el espectador debe de tomárselo como una declaración de intenciones. No habrá aquí blanqueo de imagen, como ocurría en «Bohemian Rhapsody», aunque John figure como productor y unas cuantas cartelas tranquilizadoras nos avisen de que hace años que las obras de beneficencia ocupan su tiempo libre. Hay, pues, una honestidad irónica en el punto de partida de este musical biográfico –que no «biopic» de un músico, categoría a la que pertenece el filme de Bryan Singer– que propicia que el retrato del autor de «Crocodrile Rock» no se ahorre ni vicios ni virtudes: ni esa infancia en la que tuvo que lidiar con la hostil indiferencia de sus padres, ni su innato talento para fagocitar estilos musicales y regurgitarlos en temas icónicos, ni su traumática homosexualidad, ni su adicción al alcohol y a la cocaína, ni su excentricidad entendida como coraza, ni tampoco la tremenda falta de afecto que le convirtió, al menos durante una temporada, en un ídolo de barro encerrado en su torre de marfil. Dicho esto, «Rocketman» parece concebida para ser representada de inmediato en los escenarios de Broadway o el West End londinense. Como «Mamma Mia» hacía con las canciones de Abba, los grandes éxitos de John se suceden sin orden cronológico para hacer avanzar el relato, en este caso el de la construcción de una estrella que sigue los cánones del «auge y caída» que constituyen la base del género. Dexter Fletcher, que fue el responsable de terminar «Bohemian Rhapsody» cuando Singer fue despedido, acata las normas de la producción «mainstream» sin escribir renglones torcidos. Tal vez sería pedirle demasiado que, desde la puesta en escena, transgrediera el libro de estilo del «biopic» del mismo modo, por ejemplo, que lo hizo Ken Russell en sus películas musicales y, en especial, en la recientemente recuperada «Tommy». Fletcher dirige bien a sus actores –Taron Egerton se entrega sin límites, y resulta especialmente conmovedora la interpretación de Jamie Bell, que encarna al letrista de John– y consigue algunas escenas musicales de los más inspiradas –la creación espontánea, al piano, de «Your Song», casi como un poema de amor de John a su amigo del alma; o el inicio de «Rocketman» en el fondo de una piscina–, pero, en general, a la película le falta arrojo formal para permanecer en la memoria.

LO MEJOR

El nacimiento espontáneo de un tema como «Your Song» al borde de un piano y la interpretación de Tom Egerton y Jamie Bell

LO PEOR

Resulta tremendamente convencional en su puesta en escena, no se permite ni una salida de tono a lo largo del metraje