De Fernando VII a Puigdemont: estos son los mayores traidores de la Historia de España

Jesús A. Rojo Pinilla publica «Grandes traidores a España», un libro ilustrado por Augusto Ferrer-Dalmau

Ala izquierda, retrato de Fernando VII con uniforme de capitán general, por Vicente López. A la drecha, Carles Puigdemont
Ala izquierda, retrato de Fernando VII con uniforme de capitán general, por Vicente López. A la drecha, Carles Puigdemont

Jesús A. Rojo Pinilla publica «Grandes traidores a España», un libro ilustrado por Augusto Ferrer-Dalmau.

La muerte de Viriato dejó una frase que se mueve entre la historia y la leyenda: «Roma traiditoribus non preamiat» o, en castellano, «Roma no paga traidores». Frase que, en el fondo, viene a corroborar que sí los pagó y que su comportamiento bélico no resultó del todo honorable. El pasado de cualquier nación está enlosado de héroes y de traidores. Y Jesús A. Rojo Pinilla ha decidido sacar a la luz a estos últimos. Un recorrido que se remonta a la pérdida de España y que termina en Carles Puigdemont, según el autor, «el último gran traidor». La nómina, sin ser extensa, es larga y en ellos destacan algunos nombres sobre otros. Se remonta a la pérdida de España, en la época de los visigodos, cuando don Julián puso al servicio de Tariq y Muzza sus barcos para cruzar a la península, continúa con Felipe el Hermoso, que según el autor «traicionó a su esposa, a su padre, a sus suegros y sobre todo al pueblo de Castilla y Aragón, vendiéndose a su gran enemigo: Francia. Solo el destino y la gran inteligencia de Isabel y Fernando encauzaron la desdicha que hubiera ocasionado semejante sujeto en el poder» y, remontando la escalera del tiempo, o de la historia, llega a Sabino Arana o Carles Pugidemont. Estos, de acuerdo con el escritor, son los principales traidores que ha tenido España:

Bartolomé de las casas

Jesús Ángel Rojo se salta la habitual estampa que nos ha dejado este fraile, que ha pasado a la historia como defensor de los indios y afirma que «merece estar en el ranking de los más desleales a España». Su motivo, falsar a la verdad, y que su libro, «La destrucción de las Indias», «tuvo tanto éxito porque sirvió de base para las futuras campañas de difamación antiespañola utilizadas por los herejes holandeses en el siglo XVI, por los rebeldes de la independencia de América y, por supuesto, por los Estados Unidos para provocar la guerra de Cuba». Y le saca una contradicción: que por un lado predicara para defender a los indios de la esclavitud, pero considerara legítimos importar esclavos de África.

Antonio Pérez

El secretario de Felipe II ha dejado una honda impronta en la historia de España. El autor hace un retrato negativo de él, uno de los hombres de confianza del monarca, que acabó huyendo por Aragón: «Se caracterizó por vivir por encima de sus posibilidades a pesar de la posición que tenía, llevando una vida disoluta y pecaminosa». Más allá del lío de faldas entre Felipe II y la princesa de Éboli, el escritor aporta una razón esencial para que el rey de España decidiera dictar la orden de prender a su secretario: «Escobedo (asesor de don Juan de Austria) había descubierto que tanto la princesa como Pérez vendían secretos Estado a los enemigos de España. «Trató de vengarse de España y su Rey ofreciendo sus secretos a Francia y a Inglaterra, pero gracias a Dios no obtuvo ningún éxito. Pérez acabó muriendo en París, solo y pobre en 1611».

Fernando VII

Este es un rey con mala fama que, hasta hace relativamente poco, no contaba con biografía por la antipatía que despertaba. Para Jesús Ángel Rojo, él y Carlos IV «No vacilaron en vender una y otra vez nuestra patria a una nación depredadora y ansiosa de tiranizar toda Europa como fue la Francia napoleónica». Para el autor, ellos pusieron final al imperio español. Según cuenta, Fernando VII «dio orden expresa de no enfrentarse a los franceses pasara lo que pasase mientras estos invadían tan campantes España».

Sabino Arana

El autor lo deja claro desde el comienzo del capítulo: «Reivindicaba un idioma que no conocía, una historia totalmente inventada y todo ello condimentado con una ideología que segregaba a los pobres “maquetos” de los auténticos vascos». Jesús Ángel rojo dedica agrias palabras a este político y a su legado: «A base de un odio visceral, sembró la semilla de la división y el enfrentamiento en las vascongadas. Bajo un fanatismo redentor, destruyó la convivencia milenaria entre los vascongados y el resto de España». Él, como afirma el autor, dio a alas a la fobia contra España y los españoles y asegura que «con mentiras y medias verdades el nacionalismo ha fundamentado su nación imaginaria».

Belarmino Tomás

Este personaje trató de defender una Asturias independiente. Jesús Ángel Rojo explica que mientras España está inmersa en una guerra civil, durante el verano y el otoño de 1937, Belarmino Tomás decidió tomar un sendero propio: «El Consejo Interprovincial de Asturias y León dirigido por el socialista Belarmino Tomás, decide por su cuenta y riesgo declararse independiente del gobierno de la República. Para definir su carácter, toma una frase de Manuel Azaña: «personaje ambicioso, fanfarrón y funesto gobernante». Y aporta otro detalle: «Belarmino y sus camaradas nunca fueron leales con los diferentes gobiernos republicanos y era evidente que aprovecharían la coyuntura política que proporcionaba la guerra para alcanzar su beneficio personal». Por supuesto, sobra decirlo, esta aventura no fue a parar a ninguna parte.

Carles Puigdemont

Apenas necesita presentación, que por algo sale periódicamente por la tele. El autor no duda en afirmar que «Puigdemont y el totalitarismo sedicioso catalán ha llevado hasta sus últimas consecuencias la labor que inició Jordi Pujol». El juicio que hace sobre esta figura se extiende a las malas decisiones políticas que se han tomado respecto a este problema y comenta que «pretender acabar con 40 años de adoctrinamiento antiespañol en Cataluña con una pírrica aplicación del artículo 155 y unas elecciones viciadas con nulas garantías democráticas, es una irresponsabilidad sin precedentes que solo beneficia a los golpistas». Y comenta que tanto Puigdemont como Oriol Junqueras son las «cabezas visibles» de un golpe de Estado que cuyo fin es separar Cataluña de España.