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Cine

"Rodeo", o la forja de una motomami

Lola Quivoron debuta en el largometraje con la historia de una joven motera, un alma libre y ruidosa a la que da vida Julie Ledru

"Rodeo", o la forja de una motomami / Julie Ledru da vida a una motorista urbana en un mundo eminentemente masculino
"Rodeo", o la forja de una motomami / Julie Ledru da vida a una motorista urbana en un mundo eminentemente masculinoCARAMEL

Es difícil saber si la cantante Rosalía, que presentó al mundo el concepto «motomami» allá por el otoño de 2021, había visto los trabajos de la directora Lola Quivoron en el cortometraje. Especialmente, «Au loin, Baltimore», de 2016, y en el que la realizadora parisina ya hablaba de las pasiones que desata el motor de cilindrada humilde entre los chavales de extrarradio. Sea como sea, y haya influido a quien haya influido, Quivoron siguió desarrollando la idea hasta llegar a «Rodeo», que presentó en el Festival de Sevilla de 2022 y que por fin llega a las carteleras españolas.

Para su debut en el largo, la directora se ha transfigurado en la actriz Julie Ledru –todo un descubrimiento– como alma libre y ruidosa, apasionada por unas motos cuyo coto parece limitarse a los machos. «Me gusta meterme en mundos masculinos. Tanto en mis cortometrajes como en mi vida, es algo que he transpirado, que he vivido mucho. Me interesa comprender cómo ellos les dan forma a sus universos, cómo se crean mundos a partir de la camaradería. Entender ese universo cerrado, cuáles son sus defectos y por dónde podría entrar la feminidad. Siempre he sido casi la única mujer, tanto en mi familia como en mi grupo de amigos, por ejemplo, o en mis estudios. Y parecía que yo era el fallo, que era lo disidente, pero luego entendí que no, entendí a apreciar la diferencia, lo que me hacía única», explica Quivoron, que ha estado siete años estudiando a los moteros de las afueras de París para el filme.

"Rodeo", de Lola Quivoron, se estrena en cines el 26 de enero
"Rodeo", de Lola Quivoron, se estrena en cines el 26 de eneroCARAMEL

Más allá del cine social

Y sigue: «Mi obsesión con el realismo viene de una pulsión política que creo que es verdaderamente necesaria y está ligada a este mundo. Leo muchos textos sobre el período colonial, antirracistas, y me he metido mucho en ello. Entiendo mi lugar privilegiado en el mundo, de dónde viene y por qué es importante. Creo que esta gente desarrolla una fuerza muy interesante, encontrando una familia alternativa, una escogida. Me dejé contaminar por esa pasión», añade la directora sobre un filme, «Rodeo», que aunque tontea con los clichés del género, se acaba separando del cine social para acercarse más al espíritu de nuestro cine «quinqui», ahora sin los juicios morales de hace unas décadas pero con la misma prisa por seguir viviendo.

«A la hora de encontrar a los actores, lo más importante para mí era encontrar realismo, verdadera pasión por las motos. Sus capacidades interpretativas no eran tan importantes, porque al final nos íbamos a acercar a su realidad de forma casi documental», explica Quivoron a LA RAZÓN, sobre un elenco lleno de actores no profesionales, antes de continuar: «Julie (Ledru) lo tenía todo desde el principio, así que nos acercamos al guion de forma horizontal, todo el mundo podía aportar. También, es cierto, que pudimos ensayar mucho antes del rodaje, pudimos construir un universo con calma», explica la directora sobre la idiosincrasia tan particular del filme.

Lola Quivoron, directora de "Rodeo", en cines el 26 de enero
Lola Quivoron, directora de "Rodeo", en cines el 26 de eneroCARAMEL

Inscrita en esa nueva tradición del cine galo que se desborda por feminismo individualista, pensando por ejemplo en la «Titane», de Julia Ducornau, o «La chica del brazalete», de Stéphane Demoustier, «Rodeo» busca su propia personalidad narrando en el movimiento, declarándose una película física e investigando los gestos: los de las posturas típicamente masculinas de chulería, los de más cariñosos que se asocian hegemónicamente a los cuidados y a lo femenino, y también aquellos que no sabemos adscribir a ningún género y que por eso mismo quedan incomprendidos.

«Más que gustarme o no gustarme, me parece muy interesante como toda una generación de directoras en Francia está siendo capaz de investigar sobre lo femenino. Ya no es tanto no centrarnos en protagonistas masculinos, que también, sino que ahora se trata de explorar a la mujer más que como un objeto, activo o pasivo, de seducción, o una cuidadora. Nuestra generación está consiguiendo contar historias de mujeres complejas, complicadas», completa Quivoron sobre su protagonista, inclasificable en los términos habituales, violenta por defecto y tierna como refugio. «También tiene que ver con una cuestión de percepción. A mí, por mi aspecto, se me encasilla como una mujer, pero no estoy segura de sentirme del todo como se supone que se siente una mujer. Las convenciones habituales del género no encajan conmigo, y eso está también presente en la película», se despide elocuente la realizadora.