Cultura

Colonialismo, corrupción y miseria en la Guerra del Rif

Laila Ripoll dirige en el Centro Dramático Nacional una obra sobre el conflicto rifeño que permite entender «muchos de los males hoy de nuestra sociedad»

Mariano Llorente y Laila Ripoll recrearán la Guerra del Rif sobre el escenario del Teatro Valle-Inclán
Mariano Llorente y Laila Ripoll recrearán la Guerra del Rif sobre el escenario del Teatro Valle-Inclán FOTO: Luz Soria

El peliagudo asunto del protectorado español de Marruecos se convierte en el argumento teatral en torno al cual gira Rif (de pijos y gas mostaza), el último trabajo de Micomicón. La compañía liderada por Laila Ripoll y Mariano Llorente, que firman esta vez el texto al alimón, se embarca en una coproducción junto al Centro Dramático Nacional con el objetivo de explorar el episodio que vivieron los españoles que fueron enviados a luchar en la Guerra del Rif. «Eran chavales sacados de pueblos de la España profunda –explica Ripoll, que asume la dirección escénica del montaje–. No sabían leer ni escribir; les ponían unas simples alpargatas que tenían que durarles... ni se sabe, porque ni siquiera se preocupaban de cambiárselas; les daban un fusil de la Primera Guerra Mundial, que probablemente no estaba ni calibrado, y los mandaban, sin instrucción ninguna, a pegar tiros. Hubo mucha sangre, mucha muerte y mucho dolor».

Los primeros levantamientos de la población rifeña contra la ocupación española comienzan prácticamente con la implantación del protectorado en 1912. Aunque las revueltas se sucedieron hasta el fin de la etapa colonial, entre 1956 y 1958, se considera que el fin de la guerra llegó en 1927, una vez lograda una pacificación estable de la zona, tras el desembarco de Alhucemas (1925). Entre tanto, en 1921, tuvo lugar el tristemente famoso Desastre de Annual, una monumental derrota del ejército español en la que perdieron la vida cerca de 11.500 soldados dentro de nuestras filas.

FOTO: Luz Soria

En la obra, el punto de partida es la Conferencia de Algeciras (1906), a partir de la cual se configuró el reparto del territorio marroquí entre España y Francia aprovechando la debilidad del sultanato. En ese momento, con la inveterada pugna entre España y Marruecos por la soberanía de algunos territorios del norte de África, confluyeron otros intereses del resto de potencias europeas, especialmente Francia y Alemania. «Pero nosotros no hacemos historia, sino teatro –recuerda Ripoll–; así que nos hemos centrado en las historias pequeñas». Esas «historias pequeñas» son las de tres soldados, «un soldadito de remplazo, normal y corriente; otro de los muchos cuyos padres intentaron librar de la guerra pagando dinero, y que parece ser que caían como moscas; y un muchacho rifeño que se tiene que enrolar para comer».

Para Ripoll era importante este tercer personaje para acercarse al tema desde un punto de vista que no fuera solo colonial: «Queríamos dar también voz a la gente del Rif. En este sentido, hemos tenido la suerte de contar con un actor rifeño, que es Ibrahim Ibnou Goush, cuyo padre, curiosamente, es de la misma cabila que Abd el-Krim (líder de la resistencia contra la administración colonial española y primer presidente de la República del Rif). En el espectáculo escuchamos hablar árabe y, sobre todo, escuchamos hablar tarifit (lengua bereber que hablaban los rifeños)». Junto al mencionado Ibrahim Ibnou Goush, el reparto se completa con Mariano Llorente, Arantxa Aranguren, Néstor Ballesteros, Juanjo Cucalón, Carlos Jiménez-Alfaro, Mateo Rubistein, Sara Sánchez y Jorge Varandela. Todos ellos se multiplican para dar vida a la treintena de personajes que aparecen a lo largo de una función concebida como «un cabaret grotesco, o como un simple café cantante» que rinde abierto homenaje, según su directora, a Valle-Inclán: «Nosotros, en Micomicón, somos muy valleinclanescos, y este episodio del Rif está directamente relacionado con él, con su literatura y su teatro. Todo aquí es grotesco: después del Desastre de Annual, el ministro Juan Picasso llevó a cabo una investigación que acabó con el golpe de estado de Primo de Rivera para tapar, precisamente, todas las negligencias y corruptelas que nos habían llevado hasta allí. Aquí nace el esperpento de Valle; es puro Martes de Carnaval».

FOTO: Luz Soria

Ripoll, que tiene un hijo de 12 años con Mariano Llorente, su pareja, asegura que para ellos «ha sido espeluznante profundizar en este asunto y ver las condiciones en las que toda aquella juventud, manipulada por unos gobernantes corruptos y faltos de cualquier escrúpulo, fue enviada a la guerra y a la muerte». «La corrupción era tal que, al principio, los que tenían algo de dinero conseguían demorar su alistamiento –añade la directora–. Luego ya ni siquiera era suficiente el dinero, aunque es verdad que algunos lograron estar seis meses en lugar de tres años. Esto viene a poner de relieve no solo la injusticia de una guerra que no proporcionaba ningún beneficio al pueblo, sino también la desigualdad social tan brutal que existía. Se hicieron auténticas fortunas a costa de la muerte de muchísima gente. Hoy, cuando pensamos en la corrupción de nuestro país, nos dicen que hay que remontarse al Siglo de Oro, pero yo creo que verdaderamente es aquí donde está el germen de todo lo que vemos».

Después de un reposado trabajo de investigación y documentación llevado a cabo durante el confinamiento, la directora de Rif afirma que no quieren extraer una conclusión concreta, ni dar ninguna lección sobre nada. «Simplemente –dice–, nos gustaría que esta historia se conociera bien para que entendiéramos por qué hoy determinados prejuicios siguen arraigados. Nos gustaría que la gente saliese de la función con ganas de asomarse a ver lo que hay al otro lado del estrecho. Ahora miramos con desconfianza hacia un lugar que nuestros gobiernos colonizaron y bombardearon, y de cuyas minas, plantaciones de algodón y mano de obra se aprovecharon con impunidad».

  • Dónde: Teatro Valle-Inclán, Madrid. Cuándo: hasta el 30 de enero. Cuánto: 20 y 25 euros.