Mapa de las plazas del Desastre
Mapa de las plazas del DesastreLa Razón

Annual, la memoria pendiente

Según el historiador Juan Pando, se puede localizar la tumba del general Silvestre, personaje principal del “Desastre” cuyo centenario se cumple este año

España se prepara para cumplir, que no conmemorar, el centenario de los sucesos de Annual, cuyo fatídico desenlace tuvo lugar a partir de la segunda mitad de julio de 1921. Para ser exactos e invocar números casi mágicos, podría hablarse en concreto del 17 de julio, cuando los rebeldes rifeños comenzaron el ataque a la famosa posición de Igueriben.

Mientras nos peleamos por desenterrar la memoria histórica de la guerra civil, los españoles hemos descuidado hasta olvidarla la memoria, y no digamos la honra, de nuestro compatriotas muertos en lo que se llamó entonces “el desastre de Annual”. A pesar de que, hasta 1956, el Rif formó parte del Protectorado Español en Marruecos, no solo no queda allí rastro de la memoria de los miles de españoles caídos en aquellas jornadas de julio y agosto de 1921, sino que ni siquiera sabemos cuántos y quiénes fueron los muertos -nos conformamos con evaluarlos en más de 9.000-, de algunas de las plazas del desastre ni siquiera se sabe dónde están, y desde luego nadie parece haberse molestado en pedir un mínimo de respeto y rigor en los excesos del chauvinismo marroquí, manifestado en la bochornosa lápida que, en Annual, afirma que unos cientos de rifeños apenas armados dieron muerte a 120.000 españoles perfectamente pertrechados.

El general Silvestre, cabeza de turco

Sepultados por un siglo de indiferencia, los muertos de Annual -y de las plazas más importantes del “Desastre”, particularmente la de la última rendición, en Monte Arruit, tienen una relevancia indudable, ya que el desprestigio que aquellos acontecimientos supusieron para la monarquía de Alfonso XIII la dejó herida de muerte, si bien la Dictadura de Primo de Rivera prolongó esa agonía durante una década.

Disponemos, desde luego, del Expediente redactado después del “Desastre” por el general Picasso, cuya discusión en Cortes fue impedida precisamente por el golpe de Primo de Rivera el 13 de septiembre de 1923. Y si es sintomático que el Dictador se llenara la boca -o las líneas de su manifiesto inicial- con promesas de depuración de responsabilidades, el hecho es que la falta de rigor histórico ha hecho que en la práctica estas recayeran sobre quien no podría defenderse: el militar de mayor graduación entre los muertos, es decir, el general de caballería Manuel Fernández Silvestre, que ocupaba el cargo de Comandante General de Melilla.

La demonización de Silvestre no solo ha hecho olvidar la popularidad que había alcanzado -o simplemente su brillante hoja de servicios, tanto en el plano intelectual como en el del combate desde la guerra “larga” de Cuba-, incluido el dato de que fue, con 41 años, el general más joven al ascender por méritos de guerra en 1913. Como es sabido, este registro sería pulverizado en 1926 por Franco, al ascender a general con 33 años precisamente tras el éxito del desembarco de Alhucemas que puso un fin supuestamente honroso a la Guerra del Rif.

Biografía y retrato de Silvestre publicadas en "El Telegrama del Rif" el 27 de julio de 1921 FOTO: La Razón

Carreras meteóricas al margen, y por centrarnos en el punto de las responsabilidades, los estudiosos no dudan de que Silvestre, con todos sus errores, no fue el principal responsable del Desastre de Annual, y que este fue, más bien, quien le impulsó a continuar un avance a todas luces frágil: el general Berenguer, Alto Comisario de España en Marruecos. Aunque este delicado punto requeriría entrar en harina de otro costal, el desigual desenlace entre estos dos personajes es palmario si tenemos en cuenta que de Silvestre nadie se ocupó (de no ser para denigrarle), mientras que Berenguer habría de ser, sucediendo a Miguel Primo de Rivera, el penúltimo Presidente del Consejo de Ministros de la Monarquía, entre enero de 1930 y febrero de 1931. La sombra de Annual reaparecía, tras el largo paréntesis de la Dictadura, como si quisiera dar la puntilla a Alfonso XIII.

¿Querremos desenterrar el cadáver de Silvestre?

Si las llagas de Annual, como tantas de nuestra historia, se taparon sin curar, de Silvestre no solo se dejó que lo destriparan los cazadores de cabezas de turco, sino que se dejó correr la versión de que se habría suicidado y que su cadáver, como los de tantos cientos y miles de españoles, habría desaparecido sin dejar rastro. Curiosamente, según afirma el historiador Juan Pando, los rebeldes rifeños habrían tenido hacia el difunto general más respeto que los propios españoles.

Paradojas del destino, Silvestre era apreciado por muchos rifeños no solo por tratar de combatir el hambre que los asolaba en 1921 repartiendo grano, sino por haber reconstruido, pagándola con 3.000 pesetas -cinco veces el sueldo mensual de un capitán- la tumba de un santo local de la tribu de Beni Ulixek, cuya sede más notoria, el pueblo de Abgen, sería uno de los puntos dominantes de la ruta de huida de los españoles entre Annual y Ben Tieb. Poco importa que algunas fuentes den al santón enterrado en dicha tumba el improbable nombre de Mohammed ben Abdallah (el sultán marroquí que reconoció la independencia de los Estados Unidos de América), el hecho es, volviendo a lo afirmado por Juan Pando, que los rebeldes rifeños que se encontraron con el cadáver de Silvestre, construyeron para él un enterramiento digno, conforme a su costumbre.

Pando, el autor de “Historia secreta de Annual”, me ha asegurado que, en varias de sus visitas a Annual, ha localizado la tumba del general Silvestre. La pregunta es: ¿estamos los españoles, después de 100 años, preparados para recuperar esos restos y repatriarlos en el marco de una honrosa celebración de la memoria de quienes -de forma honrosa o si se prefiere vergonzosa- murieron en aquel desastre por el solo hecho de servir en las filas del ejército español?

Obviamente, con ese hecho no se resuelven los enigmas de una historia con muchos puntos aún oscuros. Pero, en opinión de Pando, que comparto, sin duda esa actuación, además de posible, podría al menos despertar el interés dormido -por no decir adormilado o drogado- de los españoles por nuestra historia común, y quién sabe si hasta por honrar a las víctimas inocentes y aprender de los errores del pasado.

Primeras informaciones aparecidas el 23 de julio de 1921 en el diario "La Libertad", comparando lo sucedido en Annual con el Desastre del Barranco del Lobo (sucedido en las inmediaciones de Melilla el 27 de julio de 1909 FOTO: La Razón

Abarrán fue antes que Annual

Las vergüenzas de Annual las resume Juan Pando, en una reciente conversación, en que, “siendo cuatro gatos”, los rebeldes rifeños “nos dieron una paliza de muerte”, expresión con la cual el historiador sale también del terreno de los datos sesudos y la aparente objetividad para entrar en la asunción solidaria de la pertenencia a un campo de la historia, comparable de algún modo a quien asume como propia la historia de un equipo de fútbol, con sus partidos ganados y perdidos: “Nosotros entramos en pánico. Nos dio un ataque de pánico”.

Para entrar en el capítulo de las cifras, Juan Pando opina que “el problema no fue los que murieron entonces, sino los que fueron muriendo poco a poco. No es por no mojarme, pero no se puede dar una cifra, por la dificultad de saber qué pasó con cada uno de los expedientes de los reclutas españoles. Es una tarea pendiente”. Ni siquiera se sabe cuántos “moros amigos” murieron: “un número suficiente como para que no se nos olvidase.

Lo que no está pendiente es saber cómo cayó el castillo de naipes y cómo se pudo evitar: El desastre no se desató en Annual, sino en el envío de artillería y consiguiente desprotección de la posición de Abarrán, el 1 de junio de 1921, por tanto mes y medio antes de que se desatara el ataque masivo contra Igueriben. ¿Por qué no se detuvo allí el desastre? Sencillamente porque, según Pando se emprendieron “operaciones de gran volumen sin las armas adecuadas. Nadie sabía manejar un mortero. Y un mortero lo manejaban todos los mozalbetes de las Islas Británicas. Gracias a los morteros acabaron con los alemanes en las tierras de Francia. Sin eso no hubiesen podido vencer. Y nosotros no teníamos morteros, a pesar de que los británicos nos los ofrecían por 1.500 pesetas. Y por una cantidad similar, nos ofrecían 20.000 proyectiles. Con 20.000 proyectiles no quedaba ni en apuntador” en el bando de los rebeldes.

Annual fue por tanto una historia de imprudencias, pero mucho antes una historia de abandono en el armamento y la formación del ejército. Un desastre que terminó por arrastrar a todo el sistema político a la tumba, y a la postre a un país entero al enfrentamiento. Una historia con ramificaciones muy largas, a cuyo centenario, una vez más, se diría que llegamos sin las armas adecuadas.

  • Santiago Mata es doctor en Historia y periodista.