Cultura

Crítica de teatro

“La noria invisible”: Berrinches, frustraciones y amor adolescente ★★★☆☆

Una vez más, los personajes de Troncoso se alejan de cualquier posibilidad de éxito social y profesional sin que ello arrastre el tono de la función hacia la tragedia o el drama social

Belén Ponce de León y Olga Rodríguez protagonizan la última pieza de José Troncoso
Belén Ponce de León y Olga Rodríguez protagonizan la última pieza de José TroncosoSusana Martín
Autor y director: José Troncoso. Intérpretes: Belén Ponce de León y Olga Rodríguez. Teatro Español (S. Margarita Xirgu), Madrid. Hasta el 9 de octubre.

En su faceta de director, José Troncoso no deja de encadenar proyectos a los que consigue dar la visibilidad que necesitan y que merecen. El último de ellos se titula La noria invisible y acaba de abrir la temporada de la Sala Margarita Xirgu del Teatro Español.

Fiel a su estilo, el también dramaturgo combina en este nuevo trabajo lo tierno y reconocible con lo estrafalario y exagerado. Y consigue, como otras veces, que ese difícil punto medio se revele ante el espectador como una esclarecedora verdad universal de notable valor escénico y dramático. La obra cuenta la relación de amistad escolar de dos niñas de quince años a las que dan vida, de una forma tan gamberra como elocuente, las ya requeteadultas actrices Belén Ponce de León y Olga Rodríguez. La trama abarca desde que se conocen, en el curso en el que una llega nueva al colegio de la otra, hasta que, poco tiempo después, las separa la demoledora edad adulta. Un periodo suficiente para que la desconfianza de una y la expansividad de la otra cedan a un sincero sentimiento de amor y amistad entre ambas.

Una vez más, los personajes de Troncoso se alejan de cualquier posibilidad de éxito social y profesional sin que ello arrastre el tono de la función hacia la tragedia o el drama social. El recurrente manejo del humor y la manera en que los personajes se desenvuelven frente a la adversidad –con plausible ingenio y sentido común– hacen que la obra se vea, ante todo, como una comedia poética sobre la inocencia y la irascibilidad juveniles; sobre la ansiedad y la dificultad para empezar a llevar, sin ayuda de los mayores, las riendas de la vida; y también, cómo no, sobre los inmaculados deseos que gobiernan siempre las acciones de quienes atraviesan esa compleja e inigualable etapa vital. «Qué edad más mala», dice uno de los personajes; y otro, con irrebatible clarividencia, le responde: «No digas eso».

Es verdad que falta desarrollo argumental para que los personajes se manifiesten un poco más ricos y salgan de la esquemática parodia de aquello que representan, pero nadie aquí trata de engañar a nadie: la función no es pretenciosa –como tantas otras que hay en la cartelera– ni llega a caer en el efectismo sentimental.

Lo mejor

El humor de algunos diálogos refleja perfectamente lo cruel y tierno que puede ser a la vez el universo adolescente.

Lo peor

Hay escenas que están innecesariamente gritadas; sobre todo, teniendo en cuenta las dimensiones de la sala.