Un concejal de El Pedroso en Barcelona

Lara Hernández entrega el talón del Premio Planeta a Torcuato Luca de Tena en 1961

El actual alcalde de El Pedroso, Manuel Meléndez, siempre hablaba de José Manuel Lara como su concejal en Barcelona. Ésta era la relación de franca camaradería que mantenían el primer edil andalucista de este pueblo de la Sierra Norte de Sevilla, que cuenta actualmente con unos 2.500 habitantes, y el presidente del grupo Planeta. Lara tenía la línea abierta con el alcalde del pueblo donde su padre nació. Y Meléndez se veía con total libertad para visitarlo en su despacho de Planeta en Barcelona y «encargarle recados por el bien del pueblo» o llamarlo telefónicamente. «Siempre me lo coge. Y cuando está ocupado, en un rato me devuelve la llamada. No falla». El presidente de Planeta volvía con frecuencia a El Pedroso, entregaba becas y ayudas e inauguraba, en el Puente de la Constitución, la gran feria de productos ibéricos de El Pedroso, víspera de las compras de productos «gourmet» de la Navidad.

A una hora de distancia por carretera de la capital andaluza, El Pedroso ha permanecido vivo en Lara, como recuerdo imborrable de su infancia y su familia. Lara Hernández, su padre, partió con 16 años hacia Madrid, después de una adolescencia llena de travesuras e inquietudes. En la capital española fue bailarín de la compañía de Celia Gámez, luego capitán de la Legión durante la Guerra Civil y ya en Barcelona, como editor y propietario de Planeta, se acercó a los intelectuales de izquierdas. Pero el fundador de Planeta siempre volvía a El Pedroso: «Cuando dejé el pueblo –recordaba en una entrevista televisiva para el programa «Los reporteros» de 1993– tenía unos 5.000 habitantes. Yo siempre le decía al cura de la parroquia que todo aquel con necesidades que fuera a buscarme a Barcelona, donde ya estaba bien instalado. Él, el cura, me mandaba muchas cartas para colocar a los paisanos y empezó a aparecer cada vez más gente en Planeta diciendo que venía de El Pedroso. Al final le tuve que decir: «Cómo me sigas mandando gente te vas a quedar sin feligreses. Desgraciadamente así fue. El pueblo se hizo más pequeño y al cura le cerraron la parroquia».

Lara Hernández recordaba, en la última etapa de su vida, que «cada vez hablo más el andaluz aunque me fuera tan pronto de mi pueblo. Estoy casado con un catalana, María Teresa Bosch, que ha sacado lo mejor de mí, tranformándome en alguien que procura ayudar a todo el mundo y crear puestos de trabajo. Yo quiero mucho a Barcelona, mi mujer y mis hijos son catalanes, pero cuando veo que quieren hacer una frontera entre Barcelona y El Pedroso, donde está enterrado mi padre, eso me indigna mucho». Este misma filosofía ha permanecido vigente en el actual presidente de Planeta, que ante el debate separatista catalán, llegó a afirmar: «Si Cataluña se independiza, trasladaré la sede de Planeta a Sevilla».

En los últimos años, los reconocimientos civiles fueron en alza para los Lara. Andalucía y sus distintas instituciones los galardonaron con premios, medallas y menciones. Cronológicamente, el primero de ellos llegó en 2008, cuando el Ayuntamiento de Mairena del Alcor reconoció a José Manuel Lara y a su esposa, Consuelo García Piriz, como hijos adoptivos del pueblo.

El 23 de mayo de 2010, la provincia sevillana, a través de la Diputación de Sevilla, reconoció, a título póstumo, al fundador de Planeta, José Manuel Lara Herández, una distinción que recibió en su nombre su hijo.

Más recientemente, la Junta se sumó a estos merecidos reconocimientos. En febrero de 2013, el Gobierno andaluz aprobó conceder la Medalla de Andalucía a José Manuel Lara Bosch. El entonces presidente andaluz, José Antonio Griñán, aseguró que todos los premiados «representan un ejemplo personal del trabajo bien hecho», y ponen cara a «ámbitos de creación, de desarrollo socioeconómico y de valores cívicos de los que hemos de tomar ejemplo». Al recibir la Medalla en el Teatro de la Maestranza, el presidente de Planeta tuvo, de nuevo, palabras en recuerdo de su padre y de sus orígenes: «Recibo esta medalla con la memoria viva de un padre del que estoy orgulloso y en recuerdo de su andalucismo, que me inculcó profundamente. Para mí es un gran honor y un motivo de satisfacción por partida doble. Por un lado, porque se trata de un reconocimiento personal, del que me siento muy agradecido; y por otro, porque tiene para mí un valor muy significativo por venir de Andalucía. Yo he nacido en Barcelona, pero me siento muy andaluz por herencia de mi padre, que nació, vivió y murió siendo andaluz. Es una medalla que recibo más en su nombre que en el mío. Lo único que lamento es que él no la recibiera en vida. Pero siento que esta Medalla es tan, o mucho más, suya que mía, porque me inculcó sangre y sentimiento andaluz en todo momento. Es una llamada más a mi andalucismo, a mi memoria y a los veranos vividos en los años 50. Yo digo que la gente es feliz si tiene un pueblo para jubilarse que sienta suyo, y yo lo tengo, es El Pedroso».

Tras la concesión de la Medalla de Andalucía, el Ayuntamiento de Sevilla, presidido por Juan Ignacio Zoido, lo distingue, en mayo de 2013, con el título de Hijo Adoptivo de la ciudad. El alcalde hispalense destaca la «entrega y dedicación de José Manuel Lara Bosch a la comunicación y a la cultura en beneficio de la ciudad. Lara es un empresario ejemplar en los campos de la comunicación, la cultura y la difusión en español que ha fomentado valores universales como la libertad de expresión y la solidaridad mediante la creación de miles de empleos». En su discurso de agradecimiento, Lara, habla, visiblemente emocionado, a los presentes en el Palacio de Exposiciones y Congresos de Sevilla (Fibes): «Mi padre no pudo vivir en Sevilla lo que quiso, pero fue sevillano las 24 horas del día hasta que murió. Hoy se sentiría muy feliz al ver a su hijo “cataluz” recibiendo esta medalla. Sevilla, que es una ciudad muy viva y con futuro, ha decidido ser mi madre. Todos tenemos una cierta vanidad. Yo decidí hace 20 años ser hijo adoptivo de Sevilla y hoy, siendo ya hijo adoptivo, envidio menos a los sevillanos».

El primer director de la Fundación Lara, Javier Arillo, recordaba cuando, a finales de los años setenta, llegó el primer ordenador a la sede barcelonesa de Planeta, un aparato de grandes dimensiones. Entonces, Lara Hernández convocó a la plantilla y ante la nueva máquina les dio un pequeño discurso: «En Planeta, ya lo saben ustedes, siempre invertimos en la última tecnología. De estas máquinas nuevas se dice que piensan por sí solas. Pero que no se les olvide a ninguno de ustedes, el cerebro lo sigo teniendo yo y está aquí –dijo– señalándose en su cabeza».

El viejo Lara siempre fue visceral y emotivo. El 12 septiembre de 1996 inauguró la calle que llevaba su nombre en el barrio del Porvenir, «Editor José Manuel Lara» y aprovechó para presentar el premio Fernando Lara de novela: «Espero que sea más importante que el Planeta. Si esto es posible», dijo entonces. «No soy el mejor, soy el que tiene el mejor equipo», señaló.

Esta defensa del trato personal, de sus relaciones de amistad, también han sido una de las máximas de Lara Bosch en su larga relación con Andalucía. Especialmente importante en esta querencia sevillana ha sido su mujer, Consuelo García Piriz. De origen extremeño, Consuelo García Piriz llevó a Lara a estar cada vez más vinculado con Sevilla. Ella conservaba relaciones de amistad desde que estudiara en la capital andaluza y eso facilitó la compra de la casa familiar en Mairena del Alcor. En esta casa, los Lara no sólo recibieron a grandes empresarios y políticos, sino también a los periodistas de los distintos medios del grupo en Andalucía. La vinculación se hizo más intensa por el nutrido grupo de amigos y citas que permanecían intactos cada año: la Duquesa de Alba y Alfonso Díez, Rafael Peralta y Mamer Revuelta, Carmen Tello y Curro Romero, Enrique Miguel Rodríguez... pero José Manuel Lara admiraba y quería especialmente a Curro Romero. En los almuerzos o citas que se celebraban en Bella Sombra, el chalé de Romero en Espartinas, ambos se apartaban para charlar de tú a tú. Lara escuchaba con atención a Curro, su sentido íntegro y natural de la existencia, sus reflexiones llenas de sentido común... «Tú, José Manuel, ¿por qué trabajas tanto teniendo que viajar tanto en avión?», le preguntó Curro en una ocasión. «Porque me gusta, disfruto trabajando, estando activo. Lo mismo que tú cuando tienes que ir en coche para jugar tu partida de dominó. ¿Y acaso tú vas a dejar de jugar al dominó?», le contestó Lara.

En Manolo Vázquez, en Jarissa, en Egaña Oriza o en casas de sus amigos, los Lara García Piriz encontraron en la capital andaluza un lugar donde eran acogidos y disfrutaban.