El día que Maradona hizo llorar a Italia

El 3 de julio de 1990 Argentina eliminó a Italia en las semifinales del Mundial. Y lo hizo en Nápoles, el reino de Diego.

Diego Maradona celebra el gol de Caniggia contra Itaila en la semifinal del Mundial de 1990.
Diego Maradona celebra el gol de Caniggia contra Itaila en la semifinal del Mundial de 1990.La Razón

La tensión entre los futbolistas italianos contrastaba con la despreocupación de Diego Maradona. Argentina no tenía nada que perder en aquella semifinal. Había llegado hasta donde prácticamente nadie pensaba que lo haría y el partido casi lo jugaría en casa. En la casa de Maradona. En un Nápoles dividido entre el amor por Diego y la pasión por su selección.

“Maradona, Nápoles te ama, pero Italia es nuestra patria”, se podía leer en una pancarta que colgaba de las gradas del estadio San Paolo. “Diego en los corazones, Italia en los cánticos”, habían escrito los aficionados en otra.

Idolatrado en Nápoles y repudiado en el resto de Italia, Diego se encargó de alimentar la tensión entre el norte y el sur con unas declaraciones antes de la semifinal: “Me disgusta que ahora todos les pidan a los napolitanos que sean italianos y que animen a la Selección. Nápoles fue marginada por el resto de Italia. La han condenado al racismo más injusto”. Nunca le perdonarían estas declaraciones a Maradona, que durante el Mundial ya había sufrido el desprecio de la Italia que no era Nápoles.

En el partido inaugural contra Camerún en Milán, Maradona sufrió una espectacular pitada. “Como pocas veces escuché en mi carrera”, confesó después. Argentina, que defendía el título logrado cuatro años antes en México, perdió ese partido y a partir de ahí apenas fue capaz de encontrar el rumbo en la fase de grupos. Una victoria contra la Unión Soviética y un empate ante Rumanía, ambos encuentros celebrados en Nápoles, apenas le alcanzaron para pasar a octavos como tercera de grupo. Ahí les esperaba en Roma Brasil, que de forma sorprendente quedó eliminada merced a un gol de Claudio Caniggia después de un genial pase de Maradona. Más apurado fue el choque de cuartos en Florencia ante Yugoslavia. Ahí se empezó a escribir la leyenda del portero Sergio Goycoechea, que detuvo dos lanzamientos en la tanda de penaltis para llevar a Argentina hasta semifinales. Maradona falló el suyo.

El viaje de Italia por el Mundial había sido todo lo contrario. Con apuros más de una vez, pero los anfitriones habían vencido todos sus encuentros, su portero Walter Zenga no habían encajado ningún tanto y tenían al máximo goleador del torneo, el inesperado Salvatore Schillaci.

Su condición de anfitrión le había permitido a Italia disputar todos sus encuentros en Roma, pero ahora debía abandonar la comodidad de su sede para adentrarse en el reino de Maradona.

El aplauso que recibió el himno argentino antes del partido ya fue el primer triunfo para una selección acostumbrada a jugar ante el desprecio del público italiano. Sin embargo, la semifinal no tardó en complicarse para Maradona y su gente. Apenas superado el cuarto de hora Schillaci adelantó a Italia, que mantuvo la ventaja hasta que en el minuto 67 Caniggia igualó el marcador y comenzó a desequilibrar la semifinal mentalmente a favor de Argentina. Ahí se paró el récord de Zenga, imbatido durante 517 minutos, una marca todavía no superada en los Mundiales.

“Lo más importante en nuestra mente era que no nos marcaran ningún gol. Solo pensábamos en eso. Si manteníamos la portería a cero, estaríamos en la final. Pero una vez que te hacen un gol todo se vuelve extraño. Inconscientemente empezamos a pensar que quizá no lo lograríamos”, reconoció años después Zenga.

La tanda de penaltis se presentó para los italianos como la frontera entre el éxito de jugar la final de un Mundial y el fracaso más absoluto. Y ahí, continuó agrandando su leyenda Goycoechea, quien comenzó el torneo como suplente de Nery Pumpido, al que una lesión apartó de la portería. Primero detuvo el lanzamiento de Roberto Donadoni y después el decisivo a Aldo Serena. Entre medias, Maradona, medio cojo por un problema muscular, convirtió el suyo con maestría.

“Todavía recuerdo el silencio en ese estadio cuando detuve el último penalti”, recordó Goycoechea. El silencio de la decepción de un país que lloró de rabia la eliminación de su selección ante Maradona.