Ciclismo

Vuelta a España. Carapaz aprovecha el despiste de Roglic y se viste de rojo

El esloveno mostró debilidad en el último tramo de la etapa y el ecuatoriano es el nuevo líder tras una etapa marcada por el mal tiempo. Victoria para Ion Izagirre

Richard Carapaz, vestido de rojo en el podio
Richard Carapaz, vestido de rojo en el podioKiko HuescaEFE

La pandemia robó a la Vuelta su etapa más esperada y la climatología le regaló un recorrido inolvidable. Formigal no suena igual que el Tourmalet, el final previsto para la primera semana de carrera hasta que las autoridades francesas cortaron el acceso a sus carreteras para protegerse del Covid-19. Sólo tiene una pendiente media del 4,7 por ciento y un desnivel máximo del diez.

Pero Formigal volvió a demostrar por qué tiene su lugar en la historia. El Pirineo oscense fue el escenario en el que Nairo Quintana ganó la Vuelta de 2016 de la mano de Alberto Contador. Al ataque de salida del madrileño se sumó el colombiano y entre los dos desarmaron por completo a Chris Froome, el favorito de aquella carrera, e hicieron saltar por los aires la solidez del entonces equipo Sky.

Ahora Froome ejerce como un gregario más de Richard Carapaz, que entonces era el escudero favorito de Quintana, aunque no participó en aquella Vuelta. Cuatro años después, Carapaz se vistió de rojo en Formigal.

El ecuatoriano aprovechó la primera muestra de debilidad de Primoz Roglic, que se quedó descolgado en el descenso del puerto de Cotefablo. Otro nombre de recuerdo sonoro en la Vuelta. En el túnel de Cotefablo sufrió una terrible caída el alemán Reimund Dietzen en la Vuelta de 1989. El resultado, una fractura craneal y el final de su carrera con 30 años.

En 2020 los túneles están iluminados –de eso se preocupa la organización– y los problemas de Roglic llegaron en la bajada del puerto de segunda. El esloveno explicó después en la televisión neerlandesa NOS que no fue una cuestión de debilidad física sino un problema al ponerse el chubasquero.

Mientras Roglic intentaba abrigarse sus rivales aceleraron por delante. Su equipo, el Jumbo, ya llegaba castigado por entonces. Se había desgastado en el comienzo para que la escapada, con corredores fuertes como los hermanos Izagirre, Michael Woods, Rui Costa o Guillaume Martin, no se distanciara de manera alarmante. En el descenso de Cotefablo ya sólo estaba George Bennett para ayudar a Roglic. Los dos consiguieron unirse al gruipo principal, pero las piernas ya no eran las mismas.

En la subida a Formigal perdió de vista a Carapaz y a casi todos sus rivales. El ecuatoriano no miró hacia atrás en el descenso de Cotefablo y tampoco en las rampas que conducían a la meta. «He hablado con Andrey [Amador], nos manejamos muy bien en el agua y pudimos dar un sustillo a más de uno», reconocía.

El premio para él es el liderato, su primer maillot rojo de la Vuelta. Para Ion Izagirre el premio fue la victoria de etapa. algo que ya ha conseguido en las tres grandes. Una victoria escrita con la sangre de su familia. Ion atacó a falta de tres kilómetros y nadie lo detuvo. Él aceleró hacia arriba de la misma manera que su hermano Gorka lo había hecho en los dos descensos anteriores. Gorka se marchó en los dos descensos y siempre lo volvieron a atrapar en los ascensos. En Formigal no dudó en seguir trabajando para su hermano. «Las fuerzas me han ayudado y gracias a Gorka, que me ha dado esa calma de facilitarme las cosas, he podido rematar», confesaba después.