Hamilton, el piloto total

El británico ha empatado a títulos, siete, con Michael Schumacher. El próximo año podría convertirse en el mejor piloto de todos los tiempos

Mercedes driver Lewis Hamilton of Britain reacts after winning the Turkish Formula One Grand Prix at the Istanbul Park circuit racetrack in Istanbul, Sunday, Nov. 15, 2020. (Murad Sezer/Pool via AP)Murad SezerAP

Sus números en la Fórmula 1 lo dicen todo. siete títulos; 264 carreras; 94 victorias; 97 “pole position”; 53 vueltas rápidas; 163 podios… Cuando Fernando Alonso aterrizó en McLaren en 2007, con dos coronas en el bolsillo y con un futuro a corto plazo alucinante, apenas podía imaginar que ese piloto tan joven procedente de la GP2 y sin experiencia en F-1 que tendría como compañero iba a suponerle el mayor problema de su trayectoria deportiva. Era Lewis Hamilton.

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Irrumpió en la Fórmula 1 aquella temporada, y nadie predijo (pocos, muy pocos) que sería uno de los mejores pilotos de la historia. Ni siquiera que aquel año lucharía por el título contra su propio compañero, Fernando Alonso, y Kimi Raikkonen, que militaba en Ferrari. Pertenecía a McLaren desde que tenía 11 años, la escudería inglesa pagó toda su formación en las categorías inferiores y cuando terminó la GP2 en 2006, con el campeonato en el bolsillo, Ron Dennis (jefe de McLaren) se enfrentó a un gran dilema: arriesgar y colocar a Lewis, un novato, como piloto titular o esperar un año para hacerlo como reserva y aprender. Dennis se la jugó, acertó y el más perjudicado en ese sentido fue un piloto español que tenía prácticamente asegurada la titularidad junto a Alonso después de pasar mucho tiempo como piloto de pruebas. No era otro que Pedro de la Rosa, que debió encajar uno de los “palos” más grandes de su vida deportiva.

13 años después, aquel indolente piloto conquistó hoy su séptimo título, una cifra que le coloca por encima del mítico piloto argentino Juan Manuel Fangio, un hito que empata al inglés al mejor piloto de la historia, Michael Schumacher, que también ostenta siete. Hamilton es historia viva de este deporte, y lo hace gracias a sus virtudes como piloto dentro de la pista, pero también por la manera de gestionar su trayectoria lejos del asfalto, en los despachos. Y si para eso debía" despedir" a su padre como representante no tenía ningún problema en hacerlo. En 2013, cuando nadie lo esperaba, fichó por Mercedes y abandonó McLaren, su casa, la compañía que le había convertido en campeón en 2008. Sin embargo, necesitaba un cambio y eligió el gigante alemán con todo el riesgo que eso suponía. Pero sabía donde iba. Hamilton y su entorno conocen bien lo que se mueve en la milla de oro de la F-1, la zona situada al norte de Londres donde se concentran la mayoría de las escuderías. Y no se equivocó. Ganó el título en 2014, 2015, 2017, 2018, 2019 y hoy alcanzó su séptima corona. Lo hizo dando un recital de conducción y estrategia en las peores condiciones posibles. Es el mejor piloto, el que más títulos tiene entre los pilotos en activo y por supuesto, el que más gana (137.000 euros brutos diarios). Y también, el que más enseña su vida privada, diurna y nocturna. No tiene ningún problema en mostrar sus festines (otros lo tienen, no lo hacen o prefieren no enseñarlo) y en Mercedes saben que no pueden opinar sobre esta cuestión. Sus resultados le avalan.

Fiel representante del ‘star system’, Hamilton se prodiga en redes sociales, diseña una línea de moda; y luce sin complejos los modelos más extravagantes, llamativos collares y pendientes. Su piel está plagada de tatuajes, entre los que destaca su lema principal, el de la resiliencia. El que reza “Still I Rise”. Que viene a decir algo así como “A pesar de todo, resurjo”. Hamilton alcanza la eternidad deportiva el año en el que ha mostrado su perfil más reivindicativo, a bordo de su dominante ‘flecha de plata’, de negro este curso: en contra del racismo. El Mundial de la pandemia arrancó un mes después del asesinato a manos de la policía de Mineápolis (Minesota) de George Floyd, un afroamericano cuya muerte potenció el movimiento ‘Black lives matter’, que señala la -obvia- importancia de las vidas de la gente de raza negra, secundado por numerosos estrellas del deporte y que en la F1 encontró en el inglés a su principal valedor.

Fue Hamilton el promotor de los minutos de silencio, en los que también encabezó el grupo que se arrodillaba durante los mismos. Y en el Gran Premio de la Toscana -en Mugello (Italia)- celebró su victoria subiendo al podio con una camiseta reivindicativa que pedía el encarcelamiento “de los ‘polis’ que asesinaron a Breonna Taylor”, a otra afroamericana fallecida durante un tiroteo en Wisconsin. Un tipo de celebración que poco después prohibió después la FIA. Defensor de las energías ‘limpias’ y de la ecología, no dudó en compartir que a su perro Roscoe, el bulldog que lo acompaña muy a menudo en los circuitos, le sienta bien la dieta vegana que él mismo le diseñó. El excéntrico Lewis ya era único. Ahora es inmortal.