Un día de lluvia, una mesa de billar y, como red, libros

Treinta años después de su nacimiento, el ping pong se celebró en Londres, en 1901, el primer torneo de tenis de mesa del que se tiene constancia

El tenis de mesa disputó su primer torneo hace 120 años en Londres
El tenis de mesa disputó su primer torneo hace 120 años en Londres FOTO: foto La Razón

El origen del tenis de mesa, que al principio llevaba a gala su onomatopéyica denominación de «ping pong» o el castellanizado «pimpón», es legendario en el sentido más estricto del término. Es decir, todo el mundo ha aceptado cómo fue, pero nadie se ha preocupado de ponerle fecha exacta ni lugar concreto al mito fundacional, que casi todos los autores cifran en torno a 1870. Se ha propagado la historia de unos «gentlemen» y unas «ladies» que un día de lluvia improvisaron una mini-pista de tenis de salón con una mesa de billar y unos libros haciendo de red, para así matar el gusanillo hasta que las nubes les permitiesen volver a la cancha. Es bonito y es, probablemente, mentira.

Lo que sí está documentado, y nada menos que por las crónicas del diario «The Times», es que, en las vísperas de la primera Navidad del siglo XX, el ping pong se había desarrollado en Inglaterra de tal manera, que se organizó un campeonato nacional en el Royal Aquarius de Londres. Se apuntaron casi trescientos palistas de ambos sexos, armados con unas raquetas de mango largo y pala de vitela, un cuero de ternera muy pulido. El ganador, tanto en hombres como en mujeres, se llevó un jugoso premio de 25 libras. El título masculino correspondió a Robert Ayling y el femenino se lo llevó Vivian Eames, dos nombres que no dicen tanto como el del organizador del campeonato, el mayor Josiah Ritchie, tenista que fue campeón olímpico individual en 1908 y dos veces ganador de Wimbledon en dobles. Él se empeñó en que al nuevo deporte se lo denominase «table tennis».

Considerado en esos años iniciales más un juego de salón que un deporte, el tenis de mesa tuvo un desarrollo lento. Hasta la I Guerra Mundial, apenas si se conocía fuera de las Islas Británicas, así que su internacionalización no llegó hasta la década de los veinte, cuando se comenzó a popularizar en Francia, Escandinavia y algunos países de Centroeuropa. Las palas se acortaron gracias a la iniciativa de Arnold Parker, campeón inglés en 1903, y las bolas empezaron a fabricarse en celuloide a partir de que un industrial llamado James Gibb importase desde Estados Unidos este material que supliese a la goma y al primigenio corcho, pues era frecuente en los comienzos emplear tapones de champán recortados.

En 1926, recién constituida la Federación Internacional de Tenis de Mesa, se organiza en Londres un Campeonato del Mundo en el que el húngaro Roland Jacobi y su compatriota Maria Mednyanszky se alzan con los títulos. Los magiares acapararían los títulos en las siete primeras ediciones femeninas y en ocho de los nueve primeros mundiales masculinos, con la única excepción del que se disputó en Budapest en 1929, donde ganó el británico Fred Perry, creador de la célebre marca que lleva su nombre y tenista laureado con ocho títulos de Grand Slam y cuatro Copas Davis.

A partir de los años cincuenta, el tenis de mesa se convirtió en un negocio casi monopolístico de los asiáticos. El responsable de la revolución fue el japonés Hiroji Sato, quien sorprendió a la concurrencia en el Mundial de Bombay (1952) con la incorporación de una capa de espuma bajo la goma de la pala que le permitía imprimir a la bola efectos diabólicos. Así, los jugadores de ojos rasgados fueron copando plazas de honor en los torneos internacionales hasta llegarse al siglo XXI: se han celebrado once Campeonatos del Mundo desde 2001 en los que se han dispensado 55 oros –individuales, dobles y mixtos–, de los cuales sólo dos se les escaparon a los orientales, el del austriaco Werner Schlager en 2003 y el de los suecos Mattias Falck y Kristian Karlsson hace tres semanas en Houston.

El tenis de mesa integra el programa olímpico desde los Juegos de Seúl 88 y suena la misma melodía: 36 oros (sobre 37), 30 platas (sobre 37) y 32 bronces (sobre 41) han sido para los asiáticos.