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Empezar desde la cima

El Real Madrid defiende por tercera vez consecutiva título europeo, comienza una nueva vida sin Cristiano ni Zidane y con un apuesta decidida por los jóvenes.

  • Empezar desde la cima

Tiempo de lectura 4 min.

17 de agosto de 2018. 10:33h

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José Aguado Madrid. 17/8/2018

Fue antes de las diez de la noche del 26 de mayo, cuando Bale caía al suelo, su impresionante chilena acababa en gol y el madridismo sentía lo que era llegar a la cima del Everest y mirar desde allí al resto del planeta. El galés volvía a adelantar al equipo de Zidane contra el Liverpool, ponía el partido de cara y poco después marcaba otro tanto y daba la tercera Copa de Europa consecutiva, la decimotercera en total, al Real Madrid. Como el equipo de Di Stéfano en los 50, como el Ajax de Cruyff o el Bayern de Beckenbauer. Un hito al que sólo llegan los más grandes, un pie en lo más alto de la historia.

Duró poco ese momento de felicidad plena, fue una ráfaga, un instante inolvidable sin duda y que será recordado con más justicia que como se vivió poco después, con Cristiano empezando a despedirse en el campo y días después, Zidane yéndose casi sin avisar, dejando al primer equipo con una sensación de orfandad incomprensible. Más tarde se marcharía Ronaldo, sin que nadie derramase una lágrima, como si, al igual que pasó con la victoria en Kiev, fuera necesario el paso del tiempo para poder mirar con cariño la relación entre él y la entidad.

Han pasado tantas cosas en el club blanco que parece que su última victoria fue algo lejano o poco importante, cuando fue un éxito absoluto que probablemente tardará años en repetirse si es que alguien lo repite. Desde esa chilena de Bale hasta el domingo, cuando comience la Liga contra el Getafe, el campeón de Europa ha cambiado de piel, pero con la intención de no variar el ADN ni de cortar la racha victoriosa sin fichar a lo loco. Ha llegado Julen Lopetegui con su equipo al banquillo para continuar el éxito con un nuevo plan: más jóvenes y menos gasto en un mercado inflacionario.

Hay dos jugadores a los que se les va a pedir un salto cualitativo. Ya en Kiev, Bale pidió minutos y confianza y eso es lo que va a tener. Tiene que convertirse en el hombre de referencia del ataque: seguir siendo el futbolista de los goles trascendentales y ganar constancia. Ahora debe estar más presente en el juego colectivo y dejar atrás esa timidez natural que le ha mantenido en un segundo plano. Todos los planes pasan por sus capacidades: tiene gol, tiene velocidad y tiene un buen toque de balón en largo. Y no tiene a nadie que le haga sombra.

Si a Bale es a quien se apunta como hombre clave, a Asensio se señala como el jugador que marcará, durante este año, un antes y un después en su trayectoria. Opacado por otros jugadores, a veces inconstante, el joven español no tiene excusas para su desarrollo. Ha pasado dos temporadas en el club, tiempo suficiente para adaptarse y ha dejado destellos impresionantes del futbolista que tiene que ser.

Lopetegui le ha probado como delantero centro y puede ser una de las opciones. Ése es uno de los cambios del nuevo entrenador. No van a ser pocos: su reto es enorme y su plan pasa por un equipo más dinámico con el que ya ha ensayado la presión, algo totalmente desconocido en el Real Madrid, más acostumbrado a esperar al rival en su campo.

Para hacerlo bien y de manera ordenada, para que sea más peligroso para el rival que para tu propio equipo, la presión necesita mucho trabajo de equipo, que los movimientos de todos estén coordinados para que el once no se parta y que no tenga miedo de dejar espacios detrás de la defensa. Lopetegui tiene el apoyo del vestuario y de toda la institución, que ha visto en él la mejor solución para sustituir el carisma de Zidane. Julen aporta trabajo, conocimiento del fútbol y buena mano con los jóvenes. De ellos depende el Madrid. Además de Courtois, para competir con Keylor Navas, han llegado Odriozola y Vinicius, jugadores de futuro, a los que se espera en el presente.

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