Deportes

Vangelis Zappas inspiró a Pierre de Coubertin

El barón francés tomó de este filántropo nacionalista griego la idea de reeditar los Juegos Olímpicos de la Antigüedad Clásica

Los Juegos de Zappas sobrevivieron hasta 1888
Los Juegos de Zappas sobrevivieron hasta 1888

El siglo XIX, el del resurgir del nacionalismo, fue también la centuria de los deportes. Y no por casualidad. La concepción de «ejército desarmado de Cataluña» que Vázquez Montalbán hizo en su momento del Barça recogía una larga tradición rebelde ejemplificada sobre todo por la Unión de Deportes Gaélicos, que rescataba disciplinas tradicionales irlandesas y en cuya cantera no sólo se formaron atletas sino, sobre todo, activistas contra el ocupante británico. Ellos se inspiraron, a su vez, en los nacionalistas griegos que resistían al Imperio Otomano por toda la Hélade, continental e insular, donde se toleraba el asociacionismo no político. Estos muchachos en edad de combatir, así, se reunían para practicar hacer ejercicios… y después hablaban de política.

Evangelos –Vangelis– Zappas fue uno de ellos. Nacido en Labovë e Madhe, una aldea albanesa de mayoría poblacional griega, pero súbdita de la Sublime Puerta, luchó con los patriotas helenos en la Guerra de la Independencia de 1830 y, retirado de la milicia, se convirtió en un gran terrateniente que amasó una considerable fortuna con la que patrocinó diversas asociaciones atléticas por todo el Imperio Otomano. Aunque siempre mantuvo relaciones privilegiados con los gobernantes de Estambul, jamás abandonó el ideario patriótico que impregnaban todas sus obras filantrópicas, entre las que destacó el rescate de una de las joyas de la Antigua Grecia: los Juegos Olímpicos.

La idea primigenia correspondió al escritor romántico Panagiotis Soutsos, quien propuso revivir los esplendores clásicos en 1833, cuando el país aún estaba devastado por la guerra. Tras casi un cuarto de siglo de intentos infructuosos, este poeta y periodista nacido en la diáspora helénica de Constantinopla contactó con su viejo compañero de armas Zappas, ya un acaudalado prohombre, que aceptó correr con los gastos de la fiesta. A pesar de la oposición de miembros del gobierno, un decreto real ordenó organizar en Atenas un gran torneo deportivo cada cuatro años, acompañado de exposiciones industriales y de agricultura. La ceremonia de inauguración fue en la plaza de Luis I de Baviera y los cronistas la calificaron como «el evento más multitudinario de la historia de la ciudad».

Vangelis Zappas no reparó en gastos. Mandó excavar en los alrededores del estadio Panathinaikó y restaurarlo para albergar las competiciones de velocidad (diaulos, sobre 200 metros), fondo (dolichos, sobre 4,6 kilómetros) lanzamiento de disco, lanzamiento de jabalina, lucha, saltos y escalamiento de palo, pues ésas fueron las primeras competiciones olímpicas decimonónicas, en las que sólo podían participar atletas griegos o representantes de las comunidades helénicas de los territorios ocupados por los turcos. Fue un éxito rotundo, aunque la enfermedad del patrocinador, que murió en 1865, rompió la periodicidad cuatrienal inicialmente prevista y quebró a la comisión organizadora, que sólo prolongó estos Juegos Panhelénicos durante tres decadentes ediciones más (1870, 1875 y 1888), hasta que a la última de ellas sólo se inscribieron 32 deportistas.

El veneno del olimpismo, sin embargo, había prendido en Europa. Más o menos al mismo tiempo que Zappas maduraba su idea, el médico inglés William Penny Brooks había fundado una Sociedad Olímpica que organizaba competiciones atléticas locales, los Juegos Wenlock, coincidiendo con el popular mercado agrícola de dicho pueblo. Brooks, al conocer la celebración de los Juegos de 1859, intentó que acudieran a él deportistas de varios países y ante la negativa griega, donó dinero para premiar a los vencedores. Con el tiempo, se convirtió en el gran aliado de Coubertin para rescatar las Olimpiadas, aunque murió meses antes de la inauguración de los Juegos de 1896, primeros de la Era Moderna.