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Economía

Teleasistencia, más allá de un teléfono

El perfil de personas más atendido por los servicios de teleasistencia es el de mayores de 80 años, seguido de personas con discapacidad. En sintonía con el interés creciente por parte de las administraciones, el grupo que más aumenta y preocupa, es el de las personas mayores de 80 años que viven solas, por su mayor vulnerabilidad y riesgo psicosocial.

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Personas mayores que tienen, o no, familia. Que un hijo viva lejos de su padre, o que la conciliación entre trabajo y familia de una hija le dificulte atender las necesidades crecientes de atención cotidiana de su madre dependiente, ¿significa que no le preocupe su bienestar?

“Al contrario: los hijos necesitan y nos demandan recursos y herramientas cada vez más inteligentes y completas, que favorezcan la permanencia y calidad de vida de sus padres en su casa de toda la vida, así como la máxima información posible sobre cómo prevenir y responder, rápidamente, ante cualquier problema que pueda afectar a su integridad”, asegura Ángel Mediavilla, responsable de teleasistencia en Clece, quien considera que es la prueba de que la sociedad ya está preparada para la teleasistencia avanzada porque así lo requiere la propia evolución sociodemográfica hacia el envejecimiento y la longevidad.

¿Estamos ante una emergencia social?

Las previsiones apuntan a que, en 2033, habrá más de 5,8 millones de hogares unipersonales en España según datos del INE. Como todos sabemos, son numerosos los casos de ancianos que fallecen solos en sus casas, y cuyas muertes, a veces, no se conocen hasta días, semanas o incluso meses después.

“Es la propia dinámica demográfica la que está provocando esa situación. Por ejemplo, la teleasistencia puede ayudar en caso de que la muerte no se produzca por algo fortuito o fulminante. Es decir, si la persona fallece por causas naturales, la teleasistencia a través de sensores de actividad detecta el fallecimiento en menos de 12-24 horas, pero no lo puede evitar. Distinto es el caso de alguien a quien le ha ocurrido algo y no puede pedir ayuda: en ese caso, la teleasistencia, a través de sensores, detecta esa inactividad o cambio de rutina brusco, verifica, inmediatamente, el motivo que la ha provocado y actúa en consecuencia para atender esa urgencia”, apunta Mediavilla.

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Los fallecimientos de personas mayores en soledad son más numerosos en la ciudad, donde precisamente hay más recursos de atención y esto se debe a la interacción social que existe en las ciudades, según los expertos. En el medio rural hay un mayor control social, en este caso, en sentido positivo. Las personas que residen en un pueblo tienen unas rutinas visibles y evidentes para sus convecinos, por lo que si algo ocurre, la probabilidad de que alguien se dé cuenta es mucho mayor. En cambio, en una ciudad la interacción no es tan habitual. Si a esto se le añade que a mayor edad, mayor limitación de la autonomía de la persona, la interacción social con el exterior va disminuyendo hasta reducirse del todo, lo que aumenta la probabilidad de un fallecimiento en soledad.

Adelantarse a la explosión del envejecimiento

La mayoría de profesionales que trabajan en el ámbito de los cuidados desde la empresa, suelen tener experiencia previa en diferentes sectores (ONG, movimiento asociativo). La colaboración entre administraciones, tercer sector y empresas, parece una buena fórmula capaz de asumir semejante desafío. Clece participó en el III Foro de Servicios Sociales, organizado por el ayuntamiento de Valladolid, cuyo asunto central era, precisamente, el poder de la alianza de sectores. La colaboración público-privada ya existe, funciona bien allí donde se produce y es la base de la implantación general y del futuro desarrollo de la teleasistencia.

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El momento más adecuado para solicitar este servicio

La teleasistencia mejora y/o mantiene la calidad de vida de la persona usuaria en su hogar, el mayor tiempo posible. En un primer momento, el servicio no suele interpretarse por parte el usuario como una necesidad. Sin embargo, cuando de repente se presentan los episodios de necesidad de ayuda, de menor contacto social, de incremento de percances domésticos, de cierto asilamiento, es cuando realmente se desvela la eficacia y conveniencia de este recurso, capaz, además, de evitar la institucionalización prematura de las personas mayores dependientes.