El empleo juvenil vuelve a tambalearse

El paro entre los jóvenes alcanzó en el primer trimestre el 33%, una tasa que se espera aún peor en la segunda parte del año. Muchos se verán atrapados en contratos temporales, advierten desde Cruz Roja España

El primer trimestre del año arrojó cifras escalofriantes de paro juvenil en España, con una tasa de desempleo que alcanzó el 33,3% entre los jóvenes de 16 a 24 años. Unos datos que se esperan aún peores en el segundo trimestre. Los expertos sostienen que muchos de estos jóvenes tendrán dificultades para encontrar empleo y quienes se incorporen al mercado laboral a principios de esta década lo harán en condiciones adversas. Naciones Unidas estableció entre los Objetivos de Desarrollo Sostenible recogidos en su Agenda 2030, la necesidad de promover un trabajo decente en el mundo (Objetivo 8). También la de poner en marcha una estrategia mundial para el empleo de los jóvenes (meta 8.10), un objetivo del que ahora con la pandemia de la COVID-19 se están alejando algunos países, sobre todo los más vulnerables.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) estima que cerca de la mitad de todos los trabajadores a nivel mundial se encuentra en riesgo de perder sus medios de subsistencia. «La crisis de la COVID-19 ha reforzado la necesidad de cumplir con el Objetivo 8. Los países que estaban más cerca de lograrlo se han mostrado más resilientes y capaces de dar asistencia social y económica a quienes lo han necesitado respecto de los países más pobres», señala Joaquín Nieto, director de la OIT en España. Bajo estas circunstancias, Nieto apela más que nunca a la necesidad de reforzar el multilateralismo: «La COVID-19 ha afectado al 60% de los trabajadores del mundo, un total de 1.600 millones. Los países no van a salir por su cuenta de esta crisis. Son imprescindibles políticas de cooperación a nivel mundial».

Las cifras hablan por sí solas. Si bien la generación joven ha sido la menos afectada en términos sanitarios, no se puede decir lo mismo desde el punto de vista económico y social. Hay 70 millones de desempleados jóvenes en el mundo, 250 millones que ni estudian ni trabajan, los conocidos «ninis», y 120 millones de trabajadores pobres, y se esperan cifras peores a finales de año. «Uno de cada seis jóvenes lo va a pasar muy mal», dice Nieto.

Obstáculos como el «invierno demográfico», es decir la baja natalidad y el alto envejecimiento de la población, llevarán aparejados otros problemas, como la dificultad de cubrir la oferta de empleo, mientras que en los países más pobres, como en África subsahariana, su pujanza demográfica llevará cada año a 30 millones de jóvenes a buscar trabajo en esta década, «lo que significa que habrá que generar entre 300 y 400 millones de empleos en un país con una economía muy precaria», añade Nieto. Otro escollo a solventar y que menciona el representante de la OIT en España, son los cien millones de refugiados que hay en el mundo, el doble que a principios de siglo y la mitad de los que habrá en diez años, lo que traerá consecuencias económicas y sociales y refuerza aún más la necesidad de establecer acuerdos multilaterales.

Sector privado

UNICEF ha hecho un llamamiento a trabajar de la mano del sector privado, dentro de su programa Generation Unlimited, para apoyar a los adolescentes y a los jóvenes en el período de recuperación económica y social que se avecina tras la salida de la crisis sanitaria. «Uno de los colectivos que sufrirán más las consecuencias no solo en España –también a nivel mundial– es el de los niños, niñas y adolescentes en el sistema de protección de la infancia y los jóvenes que han salido del mismo al cumplir 18 años. Es el colectivo en el que estamos poniendo el foco de actuación», explica Cristina Junquera, responsable de Incidencia Política y Estudios de UNICEF España.

En nuestro país, más de un 15% de jóvenes ha perdido su empleo por la crisis sanitaria. La mayoría trabajaba en los sectores más perjudicados, como la hostelería y el turismo, y tenía menos presencia y formación en otras ramas menos afectadas. “El riesgo de que los jóvenes tengan que seguir haciendo frente a los efectos económicos que ha traído la pandemia se verá a lo largo de toda su vida laboral y pueden pasar a constituir una «generación de confinamiento», como advierte Rosa San Andrés Díez, responsable del Programa Operativo Empleo Juvenil de Cruz Roja España. A través de las iniciativas de inserción sociolaboral con jóvenes que desarrolla en el marco del Programa Operativo de Empleo Juvenil 2018-2022 (POEJ) y el Programa Operativo de Inclusión Social y economía Social (POISES), cofinanciados por el Fondo Social europeo, Cruz Roja Española ha adaptado la actividad que desarrolla para no dejar atrás a los jóvenes que más se van a ver afectados por esta nueva crisis, aquellos con bajos niveles educativos, en riesgo de exclusión social, que viven en hogares pobres, o que se desarrollaban profesionalmente en ocupaciones donde el desempleo va a tener un impacto mayor. «La perspectiva es que miles de ellos se verán acorralados en contratos temporales y precarios. Los que pudieron salir al mercado laboral tras la anterior crisis y empezaban a estabilizar su vida, ven cómo ahora se hunden y el impacto será mayor en aquellos que parten de una situación ya vulnerable», señalá Andrés Díez.