El abecedario de la recuperación

Los analistas manejan varios escenarios, desde L, el peor, a V, el mejor, pasando por U, el más probable

L, V, W, U, L, K, inlcuso, en forma de Lampara de Aladino –como pronosticó el ministro de Seguridad Social, José Luis Escrivá–. Los economistas y analistas recurren al abecedario y a las curvas para hacer sus proyecciones del recorrido que harán las distintas economías tras la depresión en las que las ha sumido el coronavirus. Expertos, como Olivier de Berranger, director de Gestión de Activos de La Financière de l’Echiquier, ayudan a explicar cada uno de los escenarios del potencial repunte, y que son representados por distintas grafías. Pese a sus diferencias, todas tienen algo en común, y es que parten de una acentuada barra vertical u oblicua que marca una caída sin precedentes de la actividad. Es su continuación, lo que es objeto de debate y discusión.

L

La peor: Desgraciadamente, se trata del escenario menos deseable. La actividad se mantiene de capa caída durante mucho tiempo, y la destrucción de empleo y la parálisis de numerosos sectores lastran de forma persistente el potencial de crecimiento. Esta L dibuja un escenario poco alentador, en el que la economía iniciaría una larga travesía por el desierto, jalonada por el cierre de empresas y la destrucción de empleo.

V

La deseada: Es la situación más optimista. Tras la acusada caída, se produce un repunte vigoroso en la misma línea que el descenso. Se trataría, pues, de unos daños económico transitorios y limitado, ya que pronostica una rápida recuperación del consumo y un impacto neutro sobre el empleo debido a medidas como los ERTE. Un ejemplo de recuperación en V fue la protagonizada por la economía estadounidense en 2001 tras el atentado del World Trade Center. Tras una dura caída, el PIB americano experimentó un fuerte repunte tan solo ocho meses después.

U

La probable: Es una combinación entre la L y la V. Ni tan optimista como la segunda ni tan catastrofista como la primera. Tras la caída de la actividad, ésta se reactivará, pero con lentitud, por lo que habrá que pasar un periodo de depresión hasta que se produzca el deseado repunte, a la espera que los sectores más afectados por la pandemia, como el turismo, puedan ver la luz al final del túnel. Esta recuperación es propia también de países donde se han puesto en marcha estímulos fiscales que pueden crear una falsa impresión de recuperación en V. Una vez que este estímulo se agota, un alto desempleo y un fuerte endeudamiento impedirían una salida rápida de la crisis. Organismos internacionales como El FMI o la Comisión Europea vislumbran esta situación como la más probable

W

La temida: Esta grafía tiene forma de «montaña rusa». Y es que realmente lo es. Es un escenario de mal pronóstico, puesto que la salida de la crisis se alarga en el tiempo. A la caída, le sigue una rápida recuperación, pero la aparición de nuevos brotes volverían a provocar otro descenso brutal de la actividad. La W es una vieja conocida de los economistas. Y es que en la anterior crisis fue protagonista en la eurozona. Tras un primer zarpazo, que provocó una tormenta financiera sin precedentes provocada por la quiebra de Lehman Brothers, se produjo en Europa una segunda etapa que sumió al Viejo Continente en la profunda crisis de deuda, de la que Grecia, Italia, Irlanda, Portugal y España fueron los principales perjudicados.

K

La desigual: La Bolsa vota claramente por una recuperación en K, tal y como ha destacado Financial Times. Se trata de una vuelta a la normalidad desequilibrada, en la que se produce una brecha entre las empresas favorecidas y las castigadas por la crisis. En el primer grupo se encontraría, sin duda alguna, los actores de la aceleración digital que observamos durante y después de las medidas de confinamiento: el comercio electrónico (Amazon, Zalando), los fabricantes de equipos (ASML o NVIDIA), los servicios de pago (Paypal y Adyen) , el software y la informática en la nube, (Microsoft y Salesforce). Los máximos bursátiles registrados, sobre todo por el mercado estadounidense (Nasdaq 100 se ha revalorizado un 37%), se deben a estos segmentos. En cambio, otros sectores de la economía se verán perjudicados de forma duradera e irremediable: el transporte aéreo (Air France, Airbus), el turismo (TUI, Europcar) la distribución tradicional (SMCP, Macy’s) o el petróleo (Royal Dutch, Technip FMC).

La fábula de La Fontaine

«Las rentabilidades de los índices bursátiles mundiales obedecen, en gran medida, a la clasificación de sus componentes en el primer o en el segundo grupo. Esta dicotomía bursátil también es reflejo de la economía real. Un estudio del FMI, «Las pandemias relegan aún más a los pobres» muestra que las desigualdades se acentúan después de cada pandemia (SARS, ébola, H1N1, zika...)», indica Olivier de Berranger,

A juicio del director de Gestión de Activos de La Financière de l’Echiquier, son precisamente los sectores que necesitan trabajadores poco cualificados los que se hallan paralizados. La posibilidad de trabajar desde casa y el nivel de estudios de los trabajadores explican a menudo esta creciente brecha y se traducen en tasas de desempleo muy diferenciadas en función del sector de actividad. Y como muestra de esta afirmación, un botón. En Estados Unidos, el número de puestos de trabajo con un salario por hora superior a 32 dólares creció un 2% entre principios de año y finales de junio, mientras que el número de empleos con un salario inferior a 14 dólares se redujo un 20%, tal y como recoge la Encuesta Continua de Población de Estados Unidos (CPS).

«En la fábula de La Fontaine, no todos los animales enfermos de peste murieron, pero todos se vieron afectados. Lo menos que puede decirse es que esta pandemia también nos está afectando a todos, aunque de manera muy diferente», concluye.