La austeridad que viene de Alemania amenaza a Sánchez

El liberal alemán Lindner aspira al ministerio de Finanzas en la era post-Merkel, lo que abre la puerta al regreso de la estricta ortodoxia fiscal tras la pandemia

A worker on a lift adjusts the EU flags in front of EU headquarters in Brussels.
A worker on a lift adjusts the EU flags in front of EU headquarters in Brussels. FOTO: Virginia Mayo AP

La era post-Merkel ya ha comenzado y la incertidumbre es la nota dominante. La fragmentación en el panorama político alemán augura unas arduas negociaciones de gobierno en las que ahora mismo, la coalición más probable parece entre socialdemócratas, verdes y liberales. Ya han comenzado los contactos. Por primera vez en más de setenta años, el Gobierno Federal estará formado por tres partidos que parecen condenados a la discrepancia.

Una situación compleja ya que, tal y como asegura la consultora Eurasia Group con cierta sorna «el problema es que los dos pequeños partidos están de acuerdo en muy poco más allá de la legalización de la marihuana e incluso cuando lo hacen, divergen en cómo llegar a estos objetivos».

En el aspecto económico, mientras los verdes quieren relajar la política fiscal tanto en Alemania como en el resto de la Unión Europea, los liberales apuestan por todo lo contrario. Uno de los principales temores de los países del sur de Europa reside en que los liberales consigan el ministerio de Finanzas y que el candidato de esta formación, Christian Lindner, con fama de «halcón», se convierta en la bestia negra del Sur y aleje cualquier posibilidad de reforma del Pacto de Estabilidad y Crecimiento, uno de los grandes retos de la Unión post pandemia.

Las normas fiscales europeas permanecerá en barbecho hasta el año 2023, con el objetivo de que los estados sigan teniendo vía libre para inyectar dinero público con el que hacer frente a los estragos económicos ocasionados por el coronavirus. Los países más endeudados de la UE quieren un aterrizaje suave y aprovechar estas circunstancias extraordinarias para reformar las normas antes de su reactivación. Pero los países del Norte, liderados por Holanda, se oponen. Se da por supuesto que será Berlín quien tenga la última palabra.

El posible nuevo canciller, el socialdemócrata, Olaf Scholz, no es partidario de grandes cambios y la influencia de los liberales puede hacer que Alemania, tras el extraordinario paréntesis del coronavirus, vuelva a la defensa a ultranza de la austeridad que marcó la postura de Berlín durante los peores momentos de la crisis de deuda de la pasada década. Durante el primer semestre de 2022, París ostentará la Presidencia europea y una de las grandes preguntas es si Emmanuel Macron conseguirá algún avance de este tipo, ya que Francia es junto a Italia y España uno de los países que exigen cambios.

Según explica a LA RAZÓN el investigador Miguel Otero, del «think tank» Real Instituto Elcano, una vez los tres partidos acuerden su programa de manera detallada «mucha gente se va a asustar, ya que sobre el papel va a haber mucha rigidez».

A pesar de esto, Otero considera que no hay que caer en el pesimismo, ya que la Comisión Europea intentará utilizar toda la discrecionalidad posible para reintroducir las reglas de manera flexible, por lo que los ajustes, en la práctica, «serán suaves» ya que, además, todos los países quedarán expedientados tras el fin de la bula de estos años.

Además, este analista pronostica que «si los liberales se hacen con el ministerio de Finanzas, los verdes conseguirán a cambio un super ministerio del cambio climático que se encargue de la transición energética» y esto abre la puerta a que las inversiones verdes no contabilicen como déficit público, ya que en Alemania el gasto de las agencia públicas de inversión no está incluido dentro del presupuesto federal. Para Otero esta puede ser la principal victoria de los verdes que puede marcar el rumbo para el resto de los países de la UE.

La idea de blindar ciertas inversiones circula desde hace meses en la capital comunitaria, como modo de no lastrar el crecimiento económico cuando es más necesario.

De hecho, el «think tank» Bruegel aboga por introducir una «regla de oro» para las inversiones verdes con el objetivo de que los países no sean penalizados en la lucha contra el cambio climático. Este informe ya fue debatido en la reunión de los ministros de Economía y Finanzas de los Veintisiete el pasado 11 de septiembre.

El director de este centro de estudios, Guntram B.Wolff, señala en su blog que la transición energética es uno de los grandes retos de la economía alemana ya que «los precios comparativamente altos combinan con la descarbonización insuficiente. El porcentaje de energías renovables está creciendo, pero se sitúa por debajo de la media europea y por detrás de los campeones, los países nórdicos».

En el mismo blog, Wolff también defiende que Berlín mantenga una actitud «proactiva» para reducir las vulnerabilidades de la zona euro en ámbitos como la unión bancaria. Precisamente una de las grandes preguntas es si el nuevo canciller germano logrará desatascar algunos viejos-eternos debates, como un reaseguro de paro europeo o un fondo de garantía de depósitos.

Como antiguo ministro de Finanzas del Gobierno de la canciller Angela Merkel, Scholf fue en parte artífice del fondo Next Generation EU por el que la Unión Europea, por primera vez, ha acudido a los mercados para emitir deuda de manera conjunta y auxiliar a los países sacudidos por el coronavirus y del instrumento SURE para financiar de manera europea los ERTE durante la pandemia.

Otra de los debates de los próximos meses será si el fondo Next Generation EU puede convertirse en permanente, como desean los países del Sur. Para Otero, todo dependerá de cómo se utilice el maná europeo ya que esto será la condición “sine qua non” para vencer las reticencias de los halcones.