El parón de la economía china pone contra las cuerdas la recuperación mundial tras la pandemia

El cambio de modelo económico y la crisis energética y de materias primas abren la puerta a otra crisis tras el coronavirus

China elabora un plan de despidos que afectará a entre 5 y 6 millones de trabajadores
China elabora un plan de despidos que afectará a entre 5 y 6 millones de trabajadores

El crecimiento económico de China se tambalea bajo la presión de la desaceleración de la construcción y la crisis en el suministro energético, lo que ha generado advertencias sobre una posible conmoción entre sus socios comerciales y los mercados financieros mundiales. Dado que China es la segunda economía del mundo –apuntando hacia el primer puesto– y está profundamente arraigada en el sistema económico global, cualquier recesión podría tener efectos directos e inciertos sobre el resto mercados mundiales, y especialmente en los emergentes.

Como centro manufacturero mundial y principal nación comercial, es uno de los máximos contribuyentes a los cambios en la demanda global y al comercio de prácticamente todos los productos básicos. Este año, se espera que China contribuya a más de un tercio del crecimiento mundial. De todo esto se deduce que si China se ralentiza, el mundo seguirá su tendencia. Y si la demanda china disminuye, los precios vivirán un terremoto, desde el petróleo hasta el acero. Las repercusiones se dejarán sentir en todos los mercados, incluido el mundo financiero.

Menor crecimiento

La segunda economía mundial creció un 4,9% menos de lo esperado en comparación con el mismo periodo del año anterior en el último trimestre, por debajo del 7,9% del trimestre anterior, según mostraron los últimos datos del Gobierno. La producción industrial, las ventas al por menor, la inversión en construcción y otros activos fijos se debilitaron. El primer ministro Li Keqiang insistió la semana pasada en que la economía podía hacer frente a los desafíos económicos. Aseguró que, aunque el crecimiento del PIB se ralentizará, se alcanzarán sus objetivos anuales.

El sector manufacturero se ha visto obstaculizado por las restricciones oficiales al uso de la energía y la escasez de componentes informáticos debido a la pandemia. La construcción, un sector que genera millones de puestos de trabajo, se está ralentizando a medida que los reguladores obligan a los promotores a reducir su dependencia de una deuda que los dirigentes chinos consideran peligrosamente elevada.

En la actualidad, el país de 1.400 millones de habitantes, trata de orientar la economía hacia un crecimiento más sostenible, basado en el consumo interno en lugar de las exportaciones y la inversión, y reducir así el riesgo financiero. Las fábricas de algunas provincias recibieron la orden de cerrar a mediados de septiembre para evitar superar los objetivos oficiales de uso de energía y de intensidad energética, es decir, la cantidad utilizada por unidad de producción. Esto ha derivado en retrasos en las entregas de bienes y en la escasez de productos de consumo, justo antes de la temporada de compras navideñas, que ha activado todas las alertas.

En un esfuerzo por controlar lo que considera los excesos del mercado y limitar el poder y la influencia de las empresas, el partido ha hecho desaparecer deliberadamente a gigantes como el titán del comercio electrónico Alibaba y la nueva empresa de transporte por carretera Didi, eliminando miles de millones de dólares de valor de mercado de las empresas chinas más dinámicas.

Crisis energética

Por si fuera poco, el presidente Xi Jinping también tiene que gestionar una escasez de electricidad –desencadenada en parte por sus propios objetivos de reducir las emisiones de carbono– que podría desgastar definitivamente a la industria y dar un paso más hacia una ralentización global.

La subida de los precios del gas natural y la electricidad en Europa ha acaparado la atención de los medios internacionales en las últimas semanas, pero una crisis energética relacionada con la pandemia también está azotando a China, donde las existencias de carbón son peligrosamente bajas. La crisis energética en la región asiática tendrá mayores consecuencias para la economía mundial que la escasez de energía en Europa, advierten. Si bien el país es líder mundial en energía solar y eólica, se enfrenta a una escasez generalizada de carbón que utiliza para generar alrededor del 70% de su electricidad. Esta escasez se debe principalmente al boicot de China al carbón australiano puesto en marcha el año pasado, después de que las autoridades de Camberra exigieran una investigación sobre los orígenes de la pandemia.

Pero Pekín también ha impuesto una serie de nuevas regulaciones a las minas de carbón, exigiendo al mismo tiempo que los precios de la energía se mantengan bajos de forma artificial. Esto ha provocado la desinversión en el sector y una menor producción. Xi ha anunciado que permitirá a las empresas energéticas fijar los precios en el mercado abierto sin un límite máximo, lo que encarecerá considerablemente la electricidad, pero también incentivará una mayor producción. Estos problemas llegan en un momento delicado para la economía china, que se enfrenta a múltiples retos, como la escasez de energía y los problemas en la cadena de suministro.

Parálisis inmobiliaria

La construcción y la venta de viviendas, una importante fuente de demanda de acero, cobre y otras importaciones industriales, se han ralentizado por falta de suministro y desde que los reguladores ordenaron a los promotores que redujeran sus niveles de deuda. Uno de los mayores, Evergrande, está luchando por evitar el impago de 310.000 millones de dólares que debe a los bancos y a los tenedores de bonos. Esto ha alimentado los temores sobre otros promotores, aunque los analistas aseguran que la amenaza para los mercados financieros mundiales es pequeña.

Evergrande es una muestra de que el auge del sector inmobiliario en la región podría estar deshaciéndose, con la posibilidad de enfermar a toda la economía. Durante meses, la crisis de impago de este gigante ha puesto el foco en ese sector, que representa una parte mucho mayor del producto interior bruto en China –casi el 30%– que en la mayoría de los países desarrollados. La crisis se ha acelerado en los últimos días, con más empresas inmobiliarias que incumplen el pago de sus bonos, o que piden indulgencia a los acreedores para evitar el impago.

Implicaciones mundiales

Pero, realmente, ¿qué implica la desaceleración de China para el resto del mundo? Desde el punto de vista de la oferta mundial, la desaceleración de la economía del gigante asiático podría elevar aún más el coste del comercio y los precios mundiales de los insumos, alargar los retrasos en las entregas e incluso agravar los déficits de producción en Estados Unidos y Europa. Desde el punto de vista de la demanda, los exportadores a China podrían verse perjudicados, especialmente los expuestos a los sectores de la construcción y los metales. Por el contrario, los exportadores de energía y, más concretamente de carbón térmico –sobre todo en Indonesia, Malasia y Australia, en Asia-Pacífico– verán aumentar la demanda, con la consiguiente subida de precios.

Más allá del corto y medio plazo, los países dependientes de la demanda china tendrán que hacer frente a un ajuste del crecimiento. El cambio de modelo económico también podría alterar la exposición de los exportadores –industria pesada y construcción frente a bienes de consumo y tecnología–.

En cuanto a los mercados financieros, los expertos advierten que el efecto contagio de China al resto del mundo es más probable en la renta variable que en el crédito corporativo, pero en ambos casos son más factibles en caso de resultados negativos significativos en Pekín.