El Banco de España avisa: “Ni las empresas ni los trabajadores podrán mantener sus rentas”

De Cos descarta indexar los salarios a la inflación: “Empresas y trabajadores deben repartirse las pérdidas”

El gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos
El gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos FOTO: Pedro Puente Hoyos EFE

La inflación va camino de convertirse en el mayor problema económico de este año, con permiso de la guerra en Ucrania. La preocupación va en aumento a medida que el crecimiento inflacionario parece no tener freno, cuyas consecuencias tienen ya serias implicaciones en la actividad económica y empresarial. Por ello, el gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos, ha puesto sobre la mesa en un desayuno empresarial organizado por Hill & Knowlton su recetario para afrontar este periodo de incrementos imparables de precios, y seguro que no va a dejar indiferente a casi nadie. ¿Por qué? Porque considera “particularmente importante” evitar el uso generalizado de cláusulas de indexación automáticas en las partidas de gasto que pudieran alimentar adicionalmente el actual proceso inflacionista -tales como igualar subidas salariales a incrementos del IPC-. Por ello, estima que esta desindexación debe ser parte del pacto de rentas.

Así, los empresarios deben evitar por todos los medios una espiral inflacionaria, que “exige acordar un pacto de rentas entre trabajadores y empresarios en el que todos acabarán ganando en el medio plazo, pero en el que todos han de asumir una pérdida en el corto plazo”, ha subrayado. “Ni los trabajadores podrán mantener su poder adquisitivo en el corto plazo, ni las empresas serán capaces de mantener sus márgenes”, ha advertido De Cos. Los datos que maneja el Banco de España apuntan a que el reparto de costes ya se está produciendo: “Los trabajadores están perdiendo poder adquisitivo y las empresas están reduciendo sus márgenes”. A este respecto, pidió “compromisos explícitos” de moderación de los márgenes empresariales y en las subidas de salarios. Es decir, que empresas y trabajadores compartan las pérdidas, aunque no concretó en qué porcentaje. “Ni las empresas ni los trabajadores podrán mantener sus rentas”

Este acuerdo, que advirtió debe contar con patronal y sindicatos -y auspiciado por el Gobierno-, debería recoger “compromisos plurianuales tanto en incrementos salariales como en protección del empleo”, ya que así se daría “certidumbre” a hogares y empresas a la hora de “afrontar decisiones de gasto e inversión”, aportando dinamismo al crecimiento económico. Es lo que se llamaría un pacto rentas, que supondría, de facto, un reparto entre empresas y trabajadores de la merma de rentas de la economía nacional por el aumento de costes por culpa de la situación geopolítica internacional.

Asimismo, ve imprescindible desarrollar un plan de medidas, tanto de carácter general como sectorial, ya que “el impacto no se producirá igual en todos sectores”, por lo que exige “cierto grado de flexibilidad”, pero descartando cláusulas de revisión salarial de acuerdo con el IPC general sino, en todo caso, “con la inflación subyacente”, y que se adquieran compromisos plurianuales. También recomienda que se excluyan de la negociación salarial las referencias asociadas a productos energéticos, marcados por una enorme volatilidad de precios -pese a que cree que este fenómeno no será “duradero”-.

También quiso lanzar un aviso de navegantes a la patronal, a la que ha sugerido que estas directrices de contención en los sueldos deben ir acompañadas de “compromisos explícitos de moderación de los márgenes empresariales”, ya que sólo así “se puede asegurar que la moderación salarial se traslada de forma efectiva a la competitividad empresarial” y no se traslade el encarecimiento de la energía al resto de bienes y servicios. Ello provocaría más presión inflacionista de corto plazo que se extendería también al medio plazo a través de los efectos de segunda vuelta provocados por la propia espiral inflacionista de precios y salarios. “Evitar esta espiral no es en absoluto fácil ni gratificante y exige acordar un pacto entre trabajadores y empresarios en el que todos acabarán ganando en el medio plazo, pero en el que todos han de asumir una pérdida en el corto plazo”, ha remarcado.

Así, considera que es importante que la política fiscal nacional haga uso de su capacidad para actuar “de forma muy granular y focalizada”, y centre sus esfuerzos en apoyar a los hogares, empresas y sectores que más se están viendo afectados por esta combinación de perturbaciones. En particular, a los hogares de rentas más bajas, “que son los que más sufren el impacto de la inflación”, y a las “empresas más intensivas en energía”. Eso sí, aboga porque todas estas medidas “deben ser temporales” para no aumentar más el déficit estructural y “selectivas” para evitar un impulso fiscal generalizado y que aumenten los “cuellos de botella ya existentes en los sectores más tensionados” y que se traslade a los precios.

Una vez pasado el peor momento de esta nueva crisis, Hernández de Cos apuesta por el diseño de un programa de consolidación que permita “reducir gradualmente los elevados niveles de déficit y deuda públicos” y para que “resulte creíble”, debe detallar los “plazos considerados, los objetivos propuestos y las medidas básicas” que permitan alcanzar estos últimos. Para ello, debe llevarse a cabo una actualización del Programa de Estabilidad a presentar en abril.