Los hogares activan el ‘modo crisis’: recurrir a los ahorros y reducir gastos para afrontar la inflación

El Banco de España advierte que las familias se preparan para una cuesta de septiembre dura por la inflación y los efectos de la guerra de Ucrania

Sede del Banco de España en Madrid
Sede del Banco de España en Madrid

Los hogares ya no dudan de que la cuesta de septiembre será dura y empinada, y la mayoría ha activado el ‘modo crisis’ para afrontar lo que será un segundo semestre del año muy largo, con menos consumo y con tasas de ahorro al mínimo para afrontar el imparable alza de precios. Las familias españolas se anticipan así a lo que vendrá tras los gastos generados por las primeras vacaciones sin las restricciones pandémicas.

Así lo pone de manifiesto el informe ‘El impacto del repunte de la inflación y de la guerra sobre las perspectivas económicas de los hogares españoles’, publicado por el Banco de España, que analiza el impacto del repunte de la inflación y de la guerra de Ucrania sobre las perspectivas económicas de los hogares españoles. Las consecuencias del conflicto en Ucrania, sumado a los precios que han alcanzado la energía, los carburantes, las materias primas y la cesta de la compra, han incidido de “forma significativa sobre las perspectivas relativas al consumo de los hogares”, que anticipan ahora una “evolución menos favorable de sus rentas, de su posición patrimonial y de la situación económica general” que antes de la guerra.

En sus conclusiones, el informe refleja que los hogares con un colchón “modesto” de liquidez, que son mayoritariamente los de rentas más bajas, tendrán más dificultades para afrontar la presión inflacionista, pese a haber reducido el gasto al mínimo.

La incertidumbre se ha traducido en una revisión a la baja de las expectativas de gasto en bienes duraderos de los hogares, mientras que las perspectivas relativas al gasto en vacaciones han mantenido un perfil de recuperación incluso tras el estallido de la guerra, excepto en los hogares de menores ingresos. Las familias más vulnerables han corregido su gasto vacacional a la baja, mientras que las familias que disponen de un mayor colchón de liquidez no han modificado de forma sustancial esos niveles de gasto veraniego, pero sí han reducido sus tasas de ahorro de forma temporal para afrontarlo. Sin embargo, su nivel de gasto está comparativamente más lejos del nivel previo a la pandemia que en los hogares de menor renta, dado que en su cesta de consumo tienen un peso comparativamente mayor las partidas que se han visto más afectadas por la crisis, como el ocio, el turismo o la cultura.

Pese a esa diferencia de gasto entre ambos estratos de renta, el Banco de España advierte de que las perspectivas generales de gasto de las familias se han “deteriorado” desde el inicio de la guerra y esperan una “evolución menos favorable” de sus rentas, de su posición patrimonial y de la situación económica general, así como un aumento de los precios. Ante esta situación, las familias prevén “consumir menos en términos reales” y, además, “ahorrar menos”, con un ajuste más significativo en los hogares de menor renta, que tienen más dificultades para recurrir a sus ahorros para paliar la subida de los precios. Así, los hogares prevén absorber parte del aumento de costes mediante un ajuste a la baja en sus tasas de ahorro, “en la medida en que dispongan de este margen de maniobra”, ante un episodio de fuertes presiones inflacionistas como el actual.

La menor confianza de las familias y la subida de los precios afecta especialmente a las expectativas de gasto en determinadas partidas, en particular en bienes duraderos cuya compra puede posponerse, como equipamiento para el hogar y automóviles. Pese a lo que se pensaba, el informe señala que el encarecimiento de la energía apenas ha afectado a su consumo, ya que se trata de un bien de primera necesidad, aunque los hogares de menor renta se han visto obligados a hacer ajustes en otros gastos o recurrir al ahorro para compensarlo.

Esta malas perspectivas de gasto nominal son también significativas entre los más jóvenes, pese a estar condicionados por unas tasas de inflación comparativamente menores en comparación con los de mayor edad. Sus expectativas de gasto en términos reales son claramente menores desde mediados de 2021.

Por su parte, la percepción de los hogares sobre el acceso al crédito también se ha deteriorado en los últimos meses, en un contexto complicado que anticipa un repunte en el coste de los préstamos en los doce próximos meses, en línea con la senda ascendente de los tipos de interés del mercado monetario.