No hay inmunidad electoral

La espantada de Moncloa en la gestión del virus ha contenido la sangría de votos

La aritmética parlamentaria en la democracia española es una mole muy resistente. Finiquitado el bipartidismo, los dos bloques que se han configurado en las Cortes resultan tan consistentes por el factor determinante de la atomización de siglas y la división del voto. La experiencia de las últimas citas con las urnas demuestra que el trasvase de apoyos de uno a otro se produce casi con cuentagotas y que los vasos comunicantes fluyen entre grupos del mismo espectro. Este fenómeno se ha puesto también de manifiesto en la evolución de ese respaldo popular plasmado en las sucesivas encuestas. Todas ellas, eso sí, han recogido el desgaste acusado del gobierno de la nación mientras asumió el mando único contra la infección. El ciudadano reaccionó con desapego y de forma crítica con la labor de la bicefalia socialcomunista, que desatendió la crisis hasta provocar un escenario de colapso sanitario y empujó al país hasta las peores cifras en mortalidad, contagio, sanitarios infectados y parámetros macroeconómicos del mundo. El fin del estado de alarma y la espantada del Ejecutivo de toda responsabilidad en la réplica a la urgencia de salud pública ha generado otro estadio con nuevas claves, en el que son las comunidades autónomas las que cargan con todo el peso del impacto de la nueva ola como si el gabinete de Sánchez y los ministros responsables fueran meros convidados de piedra. El enrarecido clima ya no afecta en una sola dirección, sino que es compartido por las administraciones y, por tanto, la incidencia del descontento social diferida entre un mayor número de protagonistas. Que La Moncloa abandonara las tablas acabado el primer acto de la pandemia antes del verano, que hiciera mutis en plena canícula, con rebrotes ya incluidos, ha sido un ardid eficiente desde el punto de vista de la demoscopia cortoplacista, por más que sea otra flagrante muestra de la frivolidad y la temeridad de este Ejecutivo que ningunea el interés general conforme a sus tácticas de última hora. La encuesta de NC Report, que publica LA RAZÓN, refleja esa fluctuación en la tendencia y esa incidencia entre el mando único y la denominada cobernanza. Con respecto a las generales del 10N de 2019, el PP es el partido que más crece, 3,3 puntos y 11/12 disputados. UP y PSOE sufren la mayor erosión con 1,6 y 1,2 puntos y de 7 a 8 y de 4 a 5 diputados, respectivamente. Desde agosto, en cambio, cuando el Gobierno salió del foco mediático, la izquierda crece 3 escaños y la derecha pierde 2 debido a la caída de 0,6 puntos del PP. Los ajustes provocados por la pandemia abocarían de nuevo a una mayoría Frankenstein, porque, a pesar de la recuperación popular y la consolidación de Vox, la suma sería insuficiente. Ninguna sigla es inmune al virus, porque un segmento decisivo de votantes recompensa o castiga la capacidad o la incompetencia de sus gobernantes sin atender al color político.