¿Qué significa exactamente el acompañamiento respetuoso en la educación?

Rebbeca Sánchez, Psicóloga y Coordinadora EAM, lo explica.

El acompañamiento respetuoso otorga a las personas los derechos y el valor que merecen, las considera ciudadanas de pleno derecho, válidas y respetables por el hecho de serlo.
El acompañamiento respetuoso otorga a las personas los derechos y el valor que merecen, las considera ciudadanas de pleno derecho, válidas y respetables por el hecho de serlo.

El acompañamiento respetuoso- explica la experta en psicología Rebbeca Sánchez otorga a las personas los derechos y el valor que merecen, las considera ciudadanas de pleno derecho, válidas y respetables por el hecho de serlo. Esto puede parecer de perogrullo, que ya sucede desde hace tiempo porque sí, aunque la realidad es muy diferente, especialmente dependiendo del grupo social al que nos referimos. Las personas menores, hasta hace muy poco tiempo, han sido consideradas oficialmente propiedad de la familia, de los progenitores, quienes podrían disponer de sus hijas e hijos y obligarles a lo que les pareciera oportuno. Actualmente, la presión de la familia puede continuar siendo elemento de coacción para algunas personas, condicionadas a la hora de elegir cómo vestir, qué estudiar, con quién relacionarse, etc; se trata de la herencia de una pertenencia nada lejana. De hecho, no fue hasta el año 1989 cuando se aprobó el documento final de la Convención sobre los Derechos del Niño, de obligado cumplimiento para todos los países que la ratificasen.

Aunque los menores ya sean considerados a día de hoy ciudadanos de pleno derecho, con estos antecedentes, resulta comprensible que la infancia siga entendiéndose como una etapa incompleta, exenta de conciencia y de valor, sin capacidad de decisión, que las personas adultas pueden (incluso deben) modelar a su criterio siempre, claro está, por el bien de los menores. En nuestro sistema social productivo y competitivo nos resulta sencillo obviar los derechos de las personas que consideramos más débiles: es así como la vejez ha perdido su tradicional valor otorgado por la experiencia y sabiduría de vida, también es fácil despreciar a mujeres, menores y a las personas con capacidades diferentes (tradicionalmente considerados grupos débiles).

Los menores no pertenecen a nadie más que a sí mismos y, las personas adultas que los acompañamos, ya seamos familia o profesionales, debemos velar por ellos. Este es el punto de partida del Acompañamiento Respetuoso: otorgar importancia y prioridad a las necesidades, intereses y talentos de los menores. La finalidad es la de acompañar la evolución de la infancia y la adolescencia para que los menores puedan desarrollarse como personas autónomas, capaces, responsables y conscientes.

Para acompañar desde el respeto es preciso estar dotados de ciertas competencias y conocimientos. Parece evidente que no se puede dar lo que no se tiene, como no se puede enseñar lo que no se es, las personas aprendemos fundamentalmente a través de la propia experiencia y de la imitación por (intensa y extensa) observación. Y los infantes dedican la totalidad de su tiempo y sus neuronas a ambas. ¿O no os habéis dado cuenta de lo rápido que absorben lo que las personas adultas hacemos, independientemente de que se lo queramos o no transmitir? Es por esto que este tipo de acompañamiento no puede ser una pose profesional artificial y preprogramada, debe ser coherente y real para la persona que lo lleva a cabo.

El acompañamiento respetuoso se vincula generalmente a las pedagogías más activas y no directivas aunque, e insisto mucho en esto, no tiene porqué ser exclusivo de estas metodologías. A menudo sucede, de hecho, que no encontramos esta especial mirada en los propios centros denominados “alternativos”. Ser tratada desde el reconocimiento y el respeto, hemos dicho, debería ser ya inherente a la persona. Resumo, a continuación, algunos de los principios básicos de este estilo de acompañamiento psico-pedagógico.

Acompañantes.

Las personas que organizan y sostienen el día a día en las aulas, generalmente denominadas “acompañantes”, suelen proceder de las facultades de educación, pedagogía o educación social y se forman, también, en pedagogías activas y alternativas a las habituales. Digo “alternativas” como diferentes a lo más comúnmente conocido, aunque es un error asociarlo a algo novedoso ya que surgieron hace más de cien años. Este perfil profesional se complementa con conocimientos sobre la psicología evolutiva y etapas del desarrollo infantil, así como con competencias en comunicación no violenta y escucha activa. Poseen también una aguda y entrenada capacidad de observación, herramienta fundamental cuando se pretende asistir, en cualquier ámbito, a las necesidades y preferencias de otras personas. Además de disponer las diferentes actividades cotidianas, contienen y acompañan las situaciones personales y sociales que surgen en el día a día, tanto grupal como individualmente.

Familias.

Las familias son muy apreciadas en este modelo de educación puesto que son consideradas agentes educativos de primer nivel. Se espera de ellas que conozcan, comprendan y compartan el ideario del centro, así como las metodologías aplicadas. Son madres y padres que habitualmente buscan asimismo aprender y desarrollarse a partir de la crianza y el acompañamiento de su familia, personas que buscan evolucionar en lo personal y para su descendencia a través de las posibilidades y retos que ofrece esta etapa en sus vidas. Seguramente lo más particular y relevante en el acompañamiento respetuoso es la presencia de la familia en el aula o en el centro mientras sea necesario. Así, el conocido generalmente como “período de adaptación” (tiempo que se ofrece en los primeros días de escolarización, en el que la familia puede acompañar al alumnado en su integración a la escuela) se adapta a las necesidades del momento evolutivo de los menores y tiene una duración mayor que en otros centros. La separación de las familias se hace de manera progresiva y cuidadosa, con el fin de aportar seguridad y reducir tensiones a todas las partes.

Ambientes. Escenarios de Aprendizaje.

El eje del aprendizaje es realmente cada persona, cada niña y cada niño, pero de verdad. Se procura gran atención al funcionamiento y a las necesidades de cada una de las personas que componen el grupo y del grupo en sí mismo. Las diferentes materias, propuestas, actividades y talleres propuestos tendrán en común una serie de características, empezando por ser revisadas a menudo para asegurarnos de que se está atendiendo al momento y los intereses de todas. Las propuestas de provocación de aprendizajes respetan los ritmos naturales y se hace especial hincapié en la no interrupción del juego libre y espontáneo, en mayor o menor medida. Se cuenta con aulas y espacios preparados con materiales manipulativos de uso autónomo y autocorrectivo; también se ofrecen diversos talleres que pueden estar contextualizados y dirigidos por las adultas; la elección de trabajo y tareas es otra característica, es posible elegir a qué vas a dedicarte en la jornada; es relevante la presencia de encuentros frecuentes para resolver y poner en común las dificultades y desencuentros cotidianos que puedan surgir, fomentado la práctica de la comunicación y la resolución de conflictos; y, en la medida de lo posible, la disponibilidad de un entorno natural es fundamental.

Las niñas y los niños.

El “para qué” de todo esto obedece a una intención de acompañamiento más cercano, humanista y personalizado. Parte de la necesidad de otorgar un especial cuidado a los primeros años de vida, etapas que se consideran más que valiosas en la psicología y la pedagogía desde tiempos ha, sabiendo de que son los pilares de la estructura de las futuras personas adultas y estas, a su vez, la base de la sociedad por venir. Esta forma de educar, aunque consciente de que las personas somos bastante parecidas en el fondo y podemos actuar de maneras muy similares, quiere alejarse de las generalizaciones y las formaciones rígidas, en pos de una mayor aproximación a cada particular. Está claro, otra de esas frases eslogan, que educamos para un futuro incierto, para profesiones y situaciones que desconocemos incluso inexistentes en la actualidad. Es por esto que puede resultar interesante, desde este enfoque, enseñar no sólo las cuestiones puramente académicas, sino también todo aquello que parece persistente a lo largo de los tiempos: la propia persona y su relación con el mundo. El objetivo es ayudar al desarrollo de personas autónomas, conscientes, responsables, cooperativas, capaces de tomar decisiones y de construir una vida que merezca la pena vivir para sí mismas y para la comunidad.