Hombres y mujeres

Lionel Jospin, socialista Primer Ministro de Francia, afirmó en 2007 que la humanidad se divide en «hombres y mujeres, y no en homosexuales y heterosexuales».

Para la ideología LGTBI en su versión Queer defendida por Podemos –a la que se opone el sector feminista del PSOE– la identidad u orientación sexual, no la determina la biología, sino que ser varón o mujer son roles culturales. El sexo hace referencia a la biología, mientras el género a la cultura. Por ello, hay que «deconstruir» este orden social natural, para reedificarlo.

Este lobby que han levantado sus ideólogos ha adquirido gran poder con una rapidez inaudita, y define, controla y sanciona el perímetro ético y moral de la actual sociedad. Con sus dogmas y anatemas han impuesto un auténtico «credo laico», estableciendo una dictadura del relativismo donde el bien moral lo definen ellos, sin capacidad de oposición. Contra este lobby no hay libertad de conciencia, opinión y expresión que valga.

Incluso se han adueñado del lenguaje, manipulándolo –como el sufijo «fobo», que te expulsa a las tinieblas exteriores del sistema, pudiendo ser perseguido por la fiscalía especializada creada ad hoc– y hasta del Código Penal, delitos contra el que se manifieste crítico con esa ideología política.

Uno es libre de no creer en la ley de la gravedad, pero mejor no comprobarlo lanzándose al vacío. El orden y la ley natural también existen, e ir contra ellos tiene consecuencias. Para todos.