Controlar pasado... y futuro

Si hay una novela en su tiempo distópica, y, por desgracia, cada vez más profética, es «1984», del británico Orwell, escrita después de la Segunda Guerra Mundial y de haber combatido en nuestra Guerra Civil alistado en el POUM. Junto a su otra gran obra «Rebelión en la granja», describe de forma precisa un mundo situado en las antípodas del «feliz» retratado por Huxley: una sociedad absolutizada por el poder de un Gran Hermano vigilante, que gobierna a unos ciudadanos felices en su esclavitud, pues ésta es identificada como garante de su libertad y hasta de su vida.

Su crítica a los totalitarismos que conoció de cerca y que amenazaban con su expansión globalizadora, le hizo acuñar esta espléndida frase, entre otras: «Quien controla el presente, controla el pasado; y quien controla el pasado, controlará también el futuro». En estos tiempos, es inevitable recordarle por la obsesión del Gobierno por la denominada «Memoria Histórica», remachada ahora como «democrática». Con la ley todavía vigente de 2007, se recorrió un camino inverso al de la transición, que fue el de la Constitución de la Concordia. Pero no se llegó al extremo de ahora: obligar por ley a pensar, opinar, escribir y enseñar acerca de nuestra Historia solo lo que Sánchez e Iglesias consideren «democrático», bajo amenaza de sanciones y con Fiscalía del TS incluida. Esto es regresar, no a 1984, sino a 1936, y así esperan controlar nuestro futuro hasta 2030. De momento.