Ortuzar, el «mediador» hacia la España plurinacional

El líder del PNV ya ha enseñado a ERC el camino a seguir de aquí a dos años: un estatuto que reconozca al País Vasco y a Cataluña como naciones

El presidente del PNV, Andoni Ortuzar (i), junto al lehendkari, Iñigo Urkullu (d), y dirigentes y candidatos en la sede central del partido nacionalista vasco, en Bilbao.
El presidente del PNV, Andoni Ortuzar (i), junto al lehendkari, Iñigo Urkullu (d), y dirigentes y candidatos en la sede central del partido nacionalista vasco, en Bilbao.Luis TejidoEFE

El fantasma que recorre España, la vuelta a un callejón sin salida en Cataluña, sólo se desvanecería si Pedro Sánchez se desprendiera de sus socios independentistas. Si, en lugar de ser su rehén, les hiciese frente. Para ello habría de adquirir conciencia de la realidad. Los separatistas únicamente quieren sacar tajada de su debilidad. Sánchez está en sus manos. Así pues, la menestra de bellos vocablos –«convivencia», «reencuentro», «diálogo»– persigue, al hilo de la concesión de los indultos a los líderes del «procés», abrir un nuevo «proceso constituyente», un proyecto de país que consolide la alianza entre izquierdas y secesionistas.

En el intento de mantener compacto «el bloque» –como es conocido en el Congreso de los Diputados–, el presidente dispone su artillería contra el PP, la alternativa cada vez más verosímil. Lo hizo en su última comparecencia parlamentaria tras fijar los límites del campo de juego solemnizando que «nunca jamás» aceptará un referéndum de autodeterminación. Nadie le creyó, por descontado. Tampoco sus compañeros de viaje. ERC resultó categórica. Otros, como el PNV, fueron mucho más ladinos. Al fin y al cabo, uno de los «mediadores» de peso con el separatismo catalán se llama Andoni Ortuzar.

En consorcio con La Moncloa, el líder de los nacionalistas vascos, deseoso de tener amigos en Cataluña que recojan el testigo de la antigua CiU con la que «apretar» y pasar facturas a Madrid, ya ha enseñado a los de Oriol Junqueras el camino a seguir de aquí a dos años: un nuevo estatuto reforzado que reconozca al País Vasco y a Cataluña como naciones. Ortuzar tiró de esta opción en cuanto se aprobaron las medidas de gracia. En pos del éxito del plan, el PNV cuenta con el Gobierno para finiquitar la capacidad ejecutiva del Tribunal Constitucional y desarbolar los recursos previos de inconstitucionalidad. Atentos al próximo periodo de sesiones en la Cámara Baja, donde prometen jugarse los pasos definitivos en esa dirección.

Se pretende concluir el camino iniciado bajo los mandatos de José Luis Rodríguez Zapatero: reinventar España de la mano de quienes ni siquiera desean que exista. A diferencia de Sánchez, Zapatero estaba cargado de unas enormes dosis de voluntarismo y hasta pudo liberarse de dependencias gracias a su éxito electoral de 2008. El hoy presidente se juega mucho en sus próximas decisiones, que deberían ir bastante más allá de sus intereses partidistas para entrar de lleno en el bien general del país. Nada peor que un Gabinete endeble e inestable para afrontar los retos por venir.

Sánchez no lo tiene fácil y lo sabe. A pesar de ser capaz de «vender» a su partido que la concesión de los indultos ya tiene «efectos» positivos, ha perdido capacidad de maniobra. Ya no podrá practicar para el resto de la Legislatura geometría variable alguna con Cs. Su suerte ha quedado atada a la mayoría «Frankenstein». Para bien o para mal. También para sacar adelante los Presupuestos de 2022.

En ese contexto, como buenos profesionales del poder, los peneuvistas le han planteado a Sánchez que, para el éxito de la operación, lanzada en Cataluña, incluido un nuevo modelo de financiación del que ellos mismos se beneficiarían, también, necesitan al otro lado del hilo telefónico a alguien distinto a Carmen Calvo, ya desarbolada tras el reconocimiento de la libre autodeterminación de género.

La falta de «feeling» del PNV con la vicepresidenta primera era un motivo recurrente de comentarios en La Moncloa. Sí. Pero sus detractores se han visto ratificados tras escuchar a Aitor Esteban en el Pleno cuasi monográfico sobre los indultos. Las palabras del portavoz peneuvista en la tribuna de oradores pasaron casi desapercibidas, salvo para el entorno presidencial.

«A nosotros nos da igual si va a hacer una remodelación ministerial. Si va a poner o quitar nombres. Pero hay proyectos que dependen de la coordinación de varios ministerios y, para hacer eso, hace falta un impulso político. A ese engranaje tiene que echarle aceite –explicitó Esteban– para que funcione de la mejor manera. Por favor, le pido que le dé una vuelta».

Oído cocina. ¿Y quién es ahora mismo la responsable de ese «engranaje»? Sin duda, Carmen Calvo. Y por ello empieza a sentir una llamativa soledad interna mientras espera los designios de Sánchez que, de momento, enfría la remodelación aferrándose a una misma respuesta desde hace semanas: No es la «prioridad». Aunque, crece la sensación de que en septiembre empezará para el líder socialista un nuevo ciclo con cambios sustanciales en las caras de los ministros.