Así pasó Lesmes los días previos a su discurso más «atrevido» ante Felipe VI

«Era consciente de que no gustaría a todos, pero no fue al TS a hacer amigos»

Carlos Lesmes, durante su discurso de apertura del nuevo año judicial, el pasado lunes en el el Tribunal Supremo
Carlos Lesmes, durante su discurso de apertura del nuevo año judicial, el pasado lunes en el el Tribunal Supremo FOTO: Emilio Naranjo EFE

Los últimos días de Carlos Lesmes han sido de los más complicados desde que fue nombrado presidente del Consejo General del Poder Judicial, y por ende también del Tribunal Supremo, allá por el 9 de diciembre de 2013. Sabía que el pasado lunes, día en que se reuniría la flor y nata del mundo judicial en la apertura del año judicial que presidió Felipe VI, sería el foco de las miradas de todos, no sólo de jueces, fiscales o vocales del Consejo, sino también y muy especialmente de la lectura política que hicieran los partidos que iban a ser aludidos implícitamente: PSOE y PP.

Pasó muchas horas encerrado en sus despacho, revisando una y otra vez el borrador. No quería dejar nada al albur. Sabía y era consciente de que su discurso este año no iba a ser uno más. Sus palabras fueron muy meditadas y no gustaron a todo el mundo, ni mucho menos, especialmente al «sector progresista» del espectro judicial. Uno de los asistentes lo expresaba de forma muy gráfico: «Los juristas de izquierdas que vi estaban que fumaban en pipa, decepcionante era lo menos que decían y algunos estaban mas que desconcertados» del discurso de Lesmes.

Y es que las críticas al Gobierno –en el acto estaba presente la ministra de Justicia, Pilar Llop– por tildar de «revancha» la sentencia del Tribunal Supremo que condenó a los responsables del «Procés» o a la Ley aprobada a iniciativa de PSOE y Podemos que les impide realizar nombramientos, sin ni siquiera pedir su opinión, «no fue plato de buen gusto tenerlo que oír por la máxima autoridad judicial». Pero el todavía presidente del Consejo, y dada la postura que mantienen PSOE y PP no resulta fácil aventurar hasta cuándo permanecerá en su cargo, había preparado muy a conciencia el texto que iba a leer ante el Rey y preveía las reacciones. Los días previos a la apertura del año judicial estuvo muy centrado en prepararlo y a medida que se acercaba «se le veía todavía más concentrado».

«No estaba nervioso y sí bastante tranquilo, aunque sí se le notaba muy serio», consciente de la repercusión que podría tener el que puede ser, al menos a priori, su último discurso como presidente del órgano de gobierno de los jueces y magistrados. «Esos días previos estaba muy concentrado en un discurso muy meditado, consciente de su responsabilidad y de la trascendencia que iba a tener», según señalaron a LA RAZÓN, fuentes próximas a Carlos Lesmes. Y ello, pese a que tenía muy claro desde bastante antes cuáles serían los ejes principales de su intervención.

Pero también «le llegó el cansancio y el desgaste por la tensión acumulada, porque sabía que recibiría críticas, y toda esa situación que se le venia encima le desgastó en algunos momentos, pero en ningún caso le pudo el nerviosismo».

Cierto es que Lesmes traslada una «imagen de seriedad casi permanente», pero en esta ocasión esa seriedad respondía «a lo metido que estaba en su discurso. Y, en ese sentido, también sabía en su fuero interno que los llamamientos a una inminente renovación del Consejo era más un deseo que una hipótesis probable: «Cuando hace referencia a que los partidos se pongan de acuerdo “en semanas” para alcanzar el acuerdo, era más un deseo que lo que realmente piensa que puede suceder«.

Y es que Lesmes, desea que la renovación se realice cuanto antes, pero hasta entonces «tiene claro que continuará con la obligación que asumió hace ya más de siete años y medio», cuando fue elegido presidente del Consejo: «Está cansado y espera una pronto solución, pero en ningún caso ha caído en el decaimiento y es consciente de que ese acuerdo puede tardar» un tiempo todavía.

Igualmente conocía que sus palabras no serían bien encajadas por algunos de los asistentes, asociaciones judiciales o partidos políticos: «Era plenamente consciente de que algunas cosas de las que iba a decir gustarían a unos y a otros no, pero no fue allí a hacer amigos. No le preocupaban lo que pudiesen llegar a decir de él, porque las ideas las tenía muy claras».

Sin embargo, ello no significa, ni mucho menos que tuviese intención de buscar «enfrentamiento» de algún tipo con nadie: «No estaba en absoluto en esa actitud de enfrentamiento ni de buscar recelos con nadie, sino solamente quería cumplir con su papel» como presidente del CGPJ y del Tribunal Supremo.

«Si el Gobierno presiona...»

Una de las cuestiones que ha «revoloteado» por el CGPJ los últimos días para intentar forzar la renovación ha sido la dimisión de los vocales del «grupo progresista» o de buena parte de ellos. Sin embargo, según afirmaron a LA RAZÓN fuentes del citado grupo, esa opción está descartada de plano ahora: «Nadie se lo plantea y lo que se diga en sentido contrario es mentira». Ni siquiera aquellos vocales que tienen una mayor «afinidad» al PSOE tienen en agenda, dejar sus puestos. «Alguna vez sí se dijo en el Pleno que deberíamos dimitir todos», pero ahora, una vez que la Ley impide hacer nombramientos «ya ni se plantea».

La única opción de cambiar esa situación viene desde fuera del CGPJ:: «Otra cosa es que el Gobierno empezase a presionar en ese sentido», y, en ese caso, todo pudiera suceder. Pero a día de hoy, todos, prevén continuar.