“Pilotar un Eurofighter no lo hace cualquiera, da igual que seas hombre o mujer”

A sus 25 años, la teniente Elena Gutiérrez se ha convertido en la primera militar a los mandos del caza más moderno del Ejército. Niega que haya un techo de cristal y asegura que no ha sufrido “ningún tipo de discriminación”

La teniente Elena Gutiérrez en uno de los Eurofighter del Ala 11
La teniente Elena Gutiérrez en uno de los Eurofighter del Ala 11Kiko Hurtado

Cuatro cazas sobrevuelan con maniobras imposibles y a gran velocidad la base aérea de Morón de la Frontera (Sevilla). De repente, se colocan en formación y, uno a uno, van aterrizando. De uno de estos modernos aviones de combate Eurofighter desciende una mujer, la teniente Elena Gutiérrez, quien en diciembre de 2020 lo voló por primera vez en solitario y en junio se convirtió oficialmente en la primera mujer piloto de Eurofighter del Ejército del Aire.

Apenas una hora después, esta joven de 25 años no pierde la sonrisa y se le iluminan los ojos cuando ve cómo otros cazas despegan de la base en medio de un ruido ensordecedor que a ella le suena a música. Recibe a LA RAZÓN en esa misma pista, ante uno de esos aviones que ahora es su oficina, un aparato de más de 20 toneladas, capaz de alcanzar una velocidad de 2 Mach (más de 2.000 kilómetros por hora) y armado con varios misiles. Y sin dudarlo, lo define como “el mejor despacho del mundo. No es un despacho común y en él nunca te vas a aburrir”.

De familia militar –su padre fue piloto de F-18 en la base de Zaragoza–, el gusanillo por lo castrense tardó en llegarle. Y eso que se crio entre aviones militares. No fue hasta que cursaba primero de Bachillerato cuando desechó su vocación inicial de ser profesora y se planteó ingresar en el Ejército. Pero no influida por su padre: “Conocí a una chica que estaba en el Ejército de Tierra, la comencé a seguir y empezó a despertar mi interés por las Fuerzas Armadas. Como yo tengo familia militar y de pilotos, pues lo llevé por esa rama”, explica.

Un duro camino

“A mi madre no le hizo mucha gracia y mi padre, como es piloto de F-18, no quiso influir en mi decisión, pero me han apoyado desde el principio”, recuerda. Un apoyo que necesitó para lo que se le venía encima: cinco años de dura y exigente preparación que compaginó con la universidad hasta llegar a lo que es ahora, piloto del caza más moderno del Ejército del Aire.

Durante este tiempo se ha enfrentado a muchas cosas: largas jornadas de entrenamiento y estudio, presión, dudas, sacrificios en su vida privada... “Pero por el hecho de ser mujer no he vivido absolutamente nada, ningún tipo de discriminación ni trato favorable o desfavorable”, responde tajante.

Y es que la teniente Gutiérrez tiene claro que “no hay ningún techo de cristal que romper, todos somos capaces de conseguir lo que queramos, tanto si eres chica como si eres chico, lo importante al final es el estudio, la perseverancia, las ganas y la ilusión”. Eso sí, a piloto de caza de combate solo llegan los mejores, los más preparados. “Volar un Eurofighter no lo hace cualquiera”, dice orgullosa para insistir, eso sí, en que “da igual que seas hombre o mujer, es una oportunidad única que muy pocos llegan a sentir”.

La teniente Gutiérrez, ante la que ya es su "oficina", un caza Eurofighter
La teniente Gutiérrez, ante la que ya es su "oficina", un caza Eurofighter FOTO: Kiko Hurtado

Reconoce que pidió consejo a otras “pioneras”, como la capitán Rosa María García-Malea, la primera en pilotar un caza F-5, un F-18 y en formar parte de la Patrulla Águila. “Preguntaba cómo era ser piloto de caza siendo mujer, si había alguna diferencia. Y, al igual que yo, piensan que no hay diferencias seas hombre o mujer. Opinan, como yo, que somos uno más. Me animaron a que persiguiera mis sueños e intentara ser piloto de caza”.

Con las ideas cada vez más claras, fue superando hito tras hito. Primero, cuatro años en la Academia General del Aire de San Javier (Murcia), que compaginaba con los estudios de Ingeniería en Organización Industrial. A partir del tercer año empezó a volar en el “Pillan”, una avioneta de hélice, y, en el cuarto, en el C-101. El quinto año se fue a Talavera la Real (Badajoz), al Ala 23, para iniciar la parte más exigente: el curso de caza y ataque. En ese momento se despidió de las otras dos mujeres de su promoción, que se especializaron en helicópteros. Se quedaba sola, como la única que aspiraba también a hacer historia en el Ejército. “Al principio me asustó”, cuenta, pero reconoce rápido que “el último año fue el mejor, tuve mucha suerte con mis compañeros. Hicimos piña y les considero mi familia, porque hemos estado en las buenas y en las malas”.

La “suelta”

En diciembre de 2020 llegó la primera gran prueba: su “suelta”, esto es, volar en solitario un Eurofighter. “Estaba un poco nerviosa porque no llevaba muchas horas de vuelo, pero los instructores tenían claro que estaba preparada. Cuando bajé lo hice con una adrenalina enorme, pensando: ‘Acabo de volar un Eurofighter sola’”, dice con una gran sonrisa pues, según explica, “volar sola es una sensación extraordinaria, sientes paz, tranquilidad... Te tienes que subir en un Eurofighter para poder explicar y sentir lo que es”, dice sin olvidar que “es una responsabilidad enorme”.

Ya solo le quedaba un paso más: un último curso para convertirse oficialmente en piloto de Eurofighter y pasar a un Escuadrón operativo. Fue el verano pasado cuando, “tras tachar varios requisitos”, certificó su Aptitud para el Combate Limitado (LCR, por sus siglas en inglés) e ingresó en el 111 Escuadrón del Ala 11. “Es un sueño cumplido. Pensaba que era imposible, porque en mi promoción éramos 30 pilotos y para caza sólo había 14 plazas. En la Academia vives con la incertidumbre de si lo conseguirás, pero una vez que lo logras es una pasada. El día que te lo dicen es el día más feliz de tu vida”.

Y, al menos por sus respuestas, mantiene viva la misma ilusión del primer día: “Cada vez que te vas a volar y has logrado sacar la misión y todo ha salido bien te da mucha satisfacción, porque es haberte preparado, esforzado y estudiado para algo que luego ves que sale bien”.

Eurofighter
Eurofighter FOTO: Antonio Cruz

Un largo camino en el que, recuerda en varias ocasiones, no se ha topado con ninguna piedra en forma de discriminación e incluso le resta importancia al hecho de ser la primera mujer piloto de Eurofighter. “Personalmente, a lo mejor no le doy la importancia que tiene porque me he acostumbrado en el día a día a tenerlo como rutina. Considero que no hay un techo de cristal que romper y al final es tener un sueño, perseguirlo y dar todo de ti, tanto si eres hombre como mujer. Somos todos igual de capaces y lo importante es la perseverancia y las ganas”, destaca. Eso sí, considera que aún queda algún que otro prejuicio y que hay quien sigue viendo el Ejército como una profesión de hombres, “sobre todo personas más mayores, a las que les cuesta ver el papel de la mujer, pero poco a poco se va normalizando y va aumentando el número de mujeres en las Fuerzas Armadas”. En la actualidad hay 15.584, el 12,84%.

Y si no hay más cree que puede deberse a “falta de información y de conocimiento”, pero “no porque no sean capaces”, pues reconoce que, en ese sentido, “el Ejército ha cambiado mucho en los últimos años”. De hecho, cuenta cómo de las tres mujeres de su promoción se pasó en las siguientes a unas seis o siete. De ahí que considere importante “dar visibilidad a nuestro trabajo para generar inquietud, interés y que quieran entrar”. “Yo me siento exactamente igual que los demás”, insiste descartando esas supuestas diferencias o trato desigual. Y añade que como mujer, lo único “diferente” que puede aportar a su nueva unidad es “un punto de vista o una personalidad distinta”.

La teniente Gutiérrez ya lleva unas 120 horas de vuelo en Eurofighter y continúa con su aprendizaje. Todos los días lleva a cabo entrenamientos (en simuladores o en el avión), ha participado en grandes ejercicios junto a otras unidades y en breve se preparará para formar parte de los equipos de reacción rápida (QRA), los aviones en alerta y listos para despegar en menos de 15 minutos para interceptar cualquier aeronave que pueda suponer una amenaza para España. Una de las operaciones permanentes de las Fuerzas Armadas en territorio nacional.

Preparada para la guerra

Y como no, también para las misiones en el exterior, desde la Policía Aérea de la OTAN, en la que participa todos los años el Ejército del Aire en el Báltico, hasta las que puedan presentarse, incluida la guerra. Sabe de sobra que, si es necesario, podría tener que entrar en combate con su caza: “Al final es la mentalidad que te inculcan en el Escuadrón. Realmente, el fin para el que te estás preparando es para si el día de mañana tienes que ir a la guerra y has de estar capacitado al 200%. Cuando planeamos un ejercicio o una misión lo hacemos con esa mentalidad de ir a la guerra”.

Esos son sus retos a corto plazo, ”disfrutar de mi vida operativa”, sin descartar en un futuro alcanzar otros objetivos: “No me importaría dedicarme a la enseñanza de vuelo y, si se da el caso, formar parte de la Patrulla Águila, claro que sí”. De momento, seguirá en Morón volando en un caza. Eso, de puertas para dentro, en la que es ya su normalidad y donde nadie se sorprende de lo que hace, porque fuera, “cuando se lo digo a la gente se quedan alucinando. Yendo por la calle tú no me miras y dices: ‘Esa chica es piloto de caza’”, bromea.