Siniestra estrategia

ETA siempre utilizó a sus presos: cuando estaban en libertad, para matar; y, ya en prisión, para unir a su mundo en la petición de amnistía. Ahora, son un “arma” más para presionar al Gobierno, que está en manos de Eh Bildu

El portavoz de la Red Ciudadana Sare, Joseba Azkarraga, haba con los medios delante de la concentración convocada por Sare a  favor de los presos de ETAH.Bilbao / Europa Press
El portavoz de la Red Ciudadana Sare, Joseba Azkarraga, haba con los medios delante de la concentración convocada por Sare a favor de los presos de ETAH.Bilbao / Europa Press FOTO: H.Bilbao Europa Press

Los presos han sido siempre un arma, una más, esencial para ETA. Cuando estaban en libertad, antes de ser detenidos, se dedicaban a asesinar y destruir. Una vez capturados, servían para los objetivos de la banda con el fin de organizar campañas sobre supuestos malos tratos y, de paso, exigir su libertad mediante una nueva amnistía, expresamente prohibida por la Constitución; o, como ocurre ahora, gracias a los acuerdos entre el Gobierno Sánchez y EhBildu, obtener beneficios progresivos que conduzcan a su liberación definitiva.

El esquema era “perfecto”: primero, mataban; si no les cogían, seguían asesinando; si les detenían, los malos eran los que les habían arrestado; y cuando eran encarcelados, tras las sentencias de la Justicia, había que acabar con tan injusta situación.

De esta manera, los reclusos terroristas se convertían en uno de los objetivos tácticos para obtener los fines estratégicos de independencia. Y en la “bandera” para mantener unidos a todos los integrantes de ETA y su entorno.

Hubo políticos que entendieron todo lo anterior y actuaron en consecuencia, como el Gobierno socialista de Felipe González que, a través de su ministro de Justicia, Enrique Múgica, diseñó la política de dispersión de los presos, que tanto dificultó a ETA su labor de mantener unido y controlado al “colectivo”.

Las cosas han cambiado para bien de los terroristas y su entorno. Más pronto que tarde estarán todos en cárceles del País Vasco (administradas por el Gobierno de Vitoria) y Navarra. Los beneficios se acelerarán, las libertades progresivas (y encubiertas), las facilidades....pero ese día no ha llegado aún (quedan dos años de legislatura y hay que mantener amarrados los votos de los bildutarras) por lo que hay que proseguir con las movilizaciones.

Por un lado, hay que presionar al Ejecutivo de Pedro Sánchez y, por el otro, transmitir a los reclusos el mensaje de que no se les olvida, no vaya a ser que alguno se “revire” y estropee la “fiesta”.

Los socialistas de Sánchez no han estado en las manifestaciones de ayer, pero ha contado con la “representación” de sus socios preferentes e imprescindibles para poder seguir en La Moncloa hasta el final de la Legislatura. Es una forma de transmitirles: “chavales, estamos con vosotros, no os preocupéis”.

De esta manera, todos contentos...menos las víctimas del terrorismo, que sienten de una manera especial, en fechas como las de ayer, la herida del agravio. Y para las Fuerzas de Seguridad y, en concreto sus unidades antiterroristas, puestas en la picota por los que ahora quieren convertirlos en los malos y ellos en los nuevos “buenos”. Es una siniestra estrategia de reescribir una historia que, por más que les fastidie, fue la que fue y no la pueden cambiar.

Las concentraciones de ayer, presentadas como un gran éxito por el mundo proetarra y respaldadas por los socios de Sánchez, suponen un duro golpe para los que sufrieron los ataques traicioneros del tiro en la nuca y el coche bomba, pero eso, ahora, no importa. Lo relevante es la continuidad del Gobierno, aunque, cada día que pasa, tenga que realizar concesiones a enemigos declarados de España.

Les queda a las víctimas el consuelo y el honor de las palabras del primer español, Su Majestad el Rey, en la Pascua Militar, acto eminentemente castrense que conllevaba que dicho apoyo era el de las Fuerzas Armadas y el de todos los ciudadanos de bien.

Cabe preguntarse si el año que viene, por estas fechas, se volverán a organizar manifestaciones como las de ayer o el mundo proetarra se dará por satisfecho con lo que consiga durante los próximos 12 meses. Al paso que vamos, no parece que muchos reclusos vayan a estar fuera del País Vasco y Navarra y el número de los que aún tengan que permanecer, o simplemente dormir, en prisión, será muy pequeño o, en el colmo, no será. Alguien debe estar preparando la licitación para la compra de pulseras telemáticas con las que tener “controlados”, pero en libertad, a los presos terroristas. Al tiempo.