José Manuel García Margallo: “Si hay que llegar a un pacto con Vox hay que detallar la letra pequeña”

El ex ministro de Asuntos Exteriores afirma sobre la etapa de Casado: «En el PP ha habido un exceso de culto a la juventud» y asegura que Feijóo «es un político de extremo centro»

Entrevista al ex Ministro de Exteriores, José Manuel García Margallo.
Entrevista al ex Ministro de Exteriores, José Manuel García Margallo. FOTO: Jesús G. Feria La Razon

La conversación sigue a la Junta Directiva Nacional del PP que cerró la página de Pablo Casado como presidente del partido y horas después de que Alberto Núñez Feijóo confirmara su candidatura al Congreso extraordinario.

¿Dónde ha dejado esta crisis interna al PP?

Eso es agua pasada. La rapidez con la que la hemos resuelto ha puesto de manifiesto nuestra fortaleza interna. Estamos de nuevo en marcha para rearmar una alternativa constitucionalista que ofrezca soluciones a los problemas que España está atravesando. No se puede obviar lo importante y es que nuestra economía ha sufrido más que ninguna otra, y todavía se sigue recuperando más lentamente. Tenemos el paro y el déficit más alto de Europa, lo que hace pensar que cuando el Banco Central deje de comprar deuda y tengamos que acudir a los mercados podremos tener serios problemas. En la escena internacional estamos en la irrelevancia, con un deterioro de las relaciones con Marruecos y un presidente del Gobierno sistemáticamente ignorado por los líderes de la Alianza Atlántica. ¿Cómo se va a fiar nadie de un gobierno en el que se sientan comunistas que piden la disolución de la OTAN justo cuando Rusia está arrasando Ucrania? Además, estamos ante una amenaza separatista que pone en riesgo la esencia misma de España.

¿Todas las heridas tienen cura?

La historia nos enseña que casi todas. Lo importante es el diagnóstico y la reacción y, por supuesto, aprender de los errores y aciertos del pasado, de eso va precisamente mi próximo libro España en su Laberinto, que espero que esté en la calle muy pronto. La historia contemporánea de España nos ha enseñado que cuando la gestión de la «res» pública se encomienda a dos partidos centrales y centrados (izquierda y derecha), que pactan los asuntos de Estado y se alternan en el Gobierno sin que crujan las cuadernas del Estado, las cosas salen bien. Cuando el mapa político se fragmenta y se radicaliza, las cosas simplemente no salen.

Pero de las heridas internas de su partido, ¿cómo se sale?

Una de las pocas ventajas que te dan los años es haber vivido experiencias semejantes. Lo pasado estas últimas semanas me ha recordado el Congreso de Palma de UCD, al que llegamos divididos, salimos más divididos, y aquello fue el final del partido. Ahora hemos reaccionado. Ha sido muy positivo que los barones se hayan puesto muy rápido de acuerdo entre ellos para confiar la dirección del partido a Núñez Feijóo y se haya facilitado al presidente Casado su despedida ante los militantes.

¿Qué riesgos representa la opción de Feijóo?

Mi confianza en Núñez Feijoo no es nueva y la he manifestado públicamente con anterioridad en reiteradas ocasiones. Feijóo ha desarrollado una gran labor en la Administración central, ha conseguido cuatro mayorías absolutas, dejando en mínimos a las fuerzas competidoras en nuestro espacio, Ciudadanos y VOX, porque los que desertaron del PP en otras CCAA le han visto, igual que a Ayuso, capaz de frenar la deriva independentista. Feijoo es un gran patriota, un autonomista leal a la Constitución y un ferviente europeísta. Lo considero un político de extremo centro.

¡Parece que busca ganarse un sitio en su lista!

Yo ya no busco nada; eso sí, ofrezco mi conocimiento y mi experiencia, para todo lo que pueda necesitar mi país.

¿Quién es el responsable de esta explosión del partido?

Han sido un conjunto de circunstancias. La salida del Congreso anterior se saldó con un partido dividido. Desde mi punto de vista no se hizo el esfuerzo suficiente para integrar en el proyecto a los que habían militado en campo contrario. También creo que ha habido un exceso de culto a la juventud, prescindiendo de personas que han estado en los distintos gobiernos, con gran experiencia y que ya han satisfecho sus ambiciones personales. Por ejemplo, creo que fue un error elaborar un programa energético sin hablar con José Manuel Soria; un programa educativo sin hablar con José Ignacio Wert; o afrontar el problema de la Justicia sin hablar con Alberto Ruiz Gallardón. Rodearse de los mejores, lo que en la Democracia Cristiana italiana se llama la teoría de la excelencia, funciona mejor.

¿Feijóo se equivocará si no les integra en su proyecto?

Yo creo que es bueno contar con todos los que tienen algo que aportar, experiencia, gestión y también juventud y frescura de ideas. Pero no parece que el PP haya estallado precisamente porque no se hubiera contado con los ex ministros... El segundo error, a mi juicio, fue pretender un control orgánico del partido absolutamente férreo para garantizar la permanencia del equipo de dirección: esto ha llevado a peleas fratricidas en determinados territorios. Y lo último han sido los recelos hacia el éxito de la presidenta de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. A partir de ahí, todo es historia. Ahora solo hay que mirar hacia adelante.

¿Por qué obvia las informaciones que presuntamente comprometen a la presidenta de la Comunidad de Madrid?

Por eso mismo, porque son presuntas y es un ámbito que afecta al Estado de Derecho. La presunción de inocencia es un principio capital. La culpabilidad debe decretarla un juez.

Casado habló también de comportamientos no ejemplares.

Aquí hay que contestar tres preguntas, a partir de una precisión, Tomás Díaz Ayuso no cobró una comisión por una mediación, sino por una contraprestación por trabajos realizados en China buscando mascarillas en abril de 2020. No hay que olvidar que eran los inicios de la pandemia más grave que el mundo ha conocido desde la mal llamada gripe española de 1918, cuando administraciones de todo el mundo competían a la vez por comprar mascarillas para proteger la salud de los sanitarios y de la propia ciudadanía. Hay que recordar que en el mundo somos casi ocho mil millones de habitantes y solamente en Europa casi 447 millones. Si se juzga, hay que hacerlo conociendo el contexto.

La gente está en su derecho de preguntarse si no había nadie más que su hermano para encontrarlas, ¿no?

Pues no había muchas administraciones capaces de conseguirlas. Le recuerdo que el Gobierno español, después de reservarse la potestad de comprarlas, tuvo que delegar en las Comunidades Autónomas ante su propia incapacidad para conseguirlas. En todo caso, vuelvo a las tres preguntas. ¿Cumplió Tomás Díaz Ayuso las obligaciones administrativas y fiscales exigibles por el cobro de esta contraprestación? Si las cumplió estamos dentro de la legalidad. ¿Hubo un trato de favor, un tráfico de influencias respecto a la empresa a la que se adjudica el contrato por el hecho de que para ella trabajase el hermano de la presidenta de la Comunidad? Si no es así, no se puede seguir hablando de tráfico de influencias.

Quizá no se puede probar.

El terreno de las conjeturas es muy peligroso, porque las manejamos a favor o en contra de quien nos interese. Vamos a los hechos. Tercera gran pregunta: ¿La Comunidad de Madrid pagó un precio superior al del mercado para encubrir una contraprestación irregular? Las cifras dicen que pagó cinco euros. No ha habido ninguna comunidad autónoma que pagase en aquellas fechas una cifra inferior. De hecho, el Ministerio de Transportes, que entonces dirigía Ábalos, con todo el aparato exterior de España a su servicio, pagó ocho euros. En cualquier caso, está en manos de la Fiscalía Anticorrupción que, de momento, no ha encontrado ningún indicio. Dejemos que lo resuelva.

¿El equipo de Casado hizo bien en investigar a Ayuso?

Lo grave es que aquí se está hablando de pruebas anónimas y, sobre todo, se está hablando de un modelo, el 347, al que sólo pueden tener acceso funcionarios autorizados. Que se manejen datos fiscales que, por definición, tienen que ser secretos es más propio de los regímenes totalitarios, de la Stasi de la República Democrática Alemana, que de una democracia consolidada. Espero que eso se dilucide y se explique, porque, si no, ningún ciudadano español puede estar tranquilo. Como dijo Churchill, la democracia supone que cuando suena el timbre de madrugada, uno puede estar seguro de que es el lechero. Es decir, en una democracia sana tú tienes que estar seguro de que en cuanto haces una declaración fiscal, y pones tus datos privados al servicio de la administración, no van a ser difundidos en la plaza pública y mucho menos utilizados para destruir la honorabilidad de una persona.

¿Feijóo debe vetar el pacto con Vox?

No estoy dispuesto a aceptar ni en éste, ni en ningún otro aspecto de la vida, la legitimidad moral de la izquierda. Si alguien no está legitimado para decirnos con quién podemos pactar, y con quién no, es el Gobierno de Sánchez, que está coaligado con un partido como Unidas Podemos que cuestiona la esencia misma de España al admitir la autodeterminación de los pueblos que la integran, cosa que no existe en ninguna Constitución escrita del mundo, salvo Etiopía y San Cristóbal. Que ataca a la jefatura del Estado, que cuestiona y discute la independencia de los jueces que no le gustan, que cuestiona la independencia de los medios de comunicación privados que le son hostiles, que plantea una enmienda a la totalidad de la economía social de mercado, apostando por un socialismo bolivariano cuyos resultados son perfectamente descriptibles, y que en materia de política exterior hace cosas tan absurdas como plantear que la respuesta idónea a la invasión de Ucrania por Rusia es la disolución de la OTAN.

¿Quiere decir que le parece bien que el PP gobierne con Vox?

En los pactos, lo importante son los programas y las políticas que se acuerden, no los pensamientos íntimos que tiene cada uno de los firmantes. Por eso hay que llegar a un programa a la alemana, es decir, pactado hasta el más mínimo detalle. Si hay que llegar a un pacto, hay que detallar hasta la letra pequeña para evitar problemas.