Defensa y Casa Real, test para resistir en Moncloa

En el horizonte apuntan la disputa por el gasto militar, un acuerdo para los PGE que se prevé tenso y la discrepancia por la jura de la Princesa, justo antes de las elecciones

Foto de carteras ministeriales tras la remodelación de Gobierno que tuvo lugar en julio del año pasado
Foto de carteras ministeriales tras la remodelación de Gobierno que tuvo lugar en julio del año pasado FOTO: Cristina Bejarano La Razón

El verano ha alejado la imagen de la discrepancia constante en el Gobierno de coalición. La crisis energética o los dramáticos incendios han situado el foco de atención lejos de la disputa que sigue latente en Moncloa entre PSOE y Unidas Podemos y también con sus aliados parlamentarios.

La próxima semana, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, iniciará el nuevo curso a todo gas y buscando reforzar su imagen internacional para alejarse de las polémicas –aunque ahora dormidas– que no cesan en Moncloa. Emprenderá un viaje internacional el mismo día que regresa de vacaciones. Retoma la actividad en un curso que se atisba convulso y que supone el final de la legislatura, en el que el Gobierno deberá atender a su urgente agenda legislativa para cerrar sus compromisos propios y también con sus socios de investidura.

Más allá de las obligaciones, PSOE y Unidas Podemos también se conjuran a resistir su primera experiencia de matrimonio obligado con el fin de no dar la oportunidad al bloque de derecha a provocar un adelanto electoral ante unas encuestas poco favorables. En el Ejecutivo, socialistas y morados han acordado que deben restar importancia a las diferencias y comunicar mejor los acuerdos, para –aprendiendo de la decena de batallas que han librado– dar la imagen de estabilidad, aunque en Moncloa se subraya con asiduidad la dificultad de cerrar las polémicas con el socio minoritario. Con este fin, el líder del Ejecutivo ha manifestado esta misma semana que llevará su gabinete hasta el final, aunque no se descartaría una crisis de Gobierno para finales de septiembre, mientras que en Podemos confían en que, si se produce una reorganización, ellos no la sufrirán. Además, los morados no están dispuestos a abandonar Moncloa y se encargan de confirmar la «buena salud» de la que goza la coalición, a pesar de ofrecer una imagen distinta. Se ven, además «garantes de la estabilidad» del Ejecutivo y de la relación con sus socios en el Congreso de los Diputados. Ninguna de las dos partes romperá, aseguran fuentes gubernamentales, aunque tienen certeza de que los roces se pueden llegar a multiplicar en esta nueva fase de relaciones.

Y es que los morados no dejarán de dar publicidad a los desacuerdos, mientras que los socialistas no están dispuestos a dejar ganar a Podemos todas las batallas, como hasta hace unos meses sí ocurría. Así sucedió con Defensa, una discrepancia entre ambos partidos que volverá a monopolizar las tensiones de inmediato. Los morados no están dispuestos a aumentar el gasto en Defensa en los Presupuestos Generales sin una «contrapartida» social. Piden que todo el dinero que se invierta en gasto militar sea proporcional al que se destine a Educación, Sanidad o Dependencia. Así, la negociación presupuestaria centrará todos los intereses desde el primer momento. Los morados no quieren dejar pasar esta oportunidad para demostrar su influencia en Moncloa y exigirán la entrada de impuestos a la banca y el impuesto de sociedades, así como una reforma fiscal de calado como líneas rojas.

Además, PSOE y Unidas Podemos cerraron el curso político sin atender a la exigencia de la vicepresidenta Yolanda Díaz de celebrar una reunión de seguimiento de la comisión del acuerdo de coalición para solventar esta discrepancia. Sánchez cerró la polémica con una reunión con su ministra, sin llegar a ningún punto de encuentro. Desde Podemos ven un intento de rebajar la influencia de la líder de Unidas Podemos en Moncloa, después del lanzamiento del proyecto «Sumar».

Otra de las circunstancias que volverán a arrojar la imagen de la contienda permanente será la de la negociación de la Ley de Secretos Oficiales. En el espacio confederal consideran que los 50 años de clasificación para las informaciones de alta sensibilidad son demasiados y esperan a la negociación en el Gobierno para rebajar esta cifra y aprobar en segunda vuelta con consenso la norma.

Coincidiendo con el final de la legislatura, PSOE y Unidas Podemos lidiarán con otra discrepancia de calado y sin visos de resolverse: la Monarquía. En octubre del próximo año, la Princesa Leonor, al cumplir los 18 años, jurará la Constitución ante el Congreso. Coincidirá, además, con los coletazos finales antes de que comience la campaña electoral, y, previsiblemente, con las Cortes Generales disueltas para la convocatoria de elecciones generales. Entonces, los morados volverán a agitar su bandera antimonárquica en un momento clave en el que los de Unidas Podemos necesitarán distinguirse del PSOE.

Choques que servirán de prueba para testar el nivel de cohesión de una coalición que ambos partidos entienden que debe reeditarse a partir de 2023.