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El Juan Sebastián de Elcano cada vez más cerca de volver a casa

  • El Juan Sebastián de Elcano cada vez más cerca de volver a casa

Tiempo de lectura 4 min.

16 de mayo de 2019. 09:45h

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Guillermo Ferraz y Miguel Sánchez González del Tánago.  16/5/2019

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Nos encontramos ya a mitad del Atlántico en nuestro segundo cruce de este océano, y a menos de dos semanas de Lisboa. Es curioso como lo que hoy en día en un avión se pasa en unas horas, nosotros tardamos más de veinte días, y que aquellos intrépidos navegantes de la era de los descubrimientos demoraban incluso meses si los vientos no eran propicios.

Una de las asignaturas que cursamos actualmente, y en la que trabajamos también en las guardias, cobra en tránsitos como este mayor valor y significado; se trata de la Meteorología. En navegaciones largas como ésta, la preparación y el estudio previo a acometerlas es de vital importancia. Hace poco más de 10 días salíamos de Boston con un frío invernal, con la intención de navegar en primera instancia hacia el Sureste, evitando encontrarnos con formaciones de hielo de aquellas latitudes, para después volver a ganar Norte y aprovecharnos de los vientos contralisios en nuestro regreso a Europa. No obstante, las borrascas estaban más al Sur de lo normal, por lo que nos encontramos navegando en las latitudes de las Islas Canarias, con unas temperaturas mucho más agradables y llevaderas. Sin embargo, ese gran temporal que hemos intentado evitar y así sacar provecho para navegar a vela, nos trajo mala mar que dificulta nuestro ritmo de vida. Esto hace que la derrota sea cambiante y crea una necesidad de saber adaptarse a la situación, además de enseñarnos a saber sacar partido de las condiciones meteorológicas en un buque como éste.

Cambiando de tercio, queríamos informarle también que ya vemos la luz al final del túnel en el tema de las observaciones astronómicas. A principios del crucero nos pensábamos incapaces de lograr observar y resolver el problema astronómico con agilidad y de manera correcta. A base de mucha práctica se podría decir que ya no somos unos novatos, y a la mayoría no nos quedan muchas observaciones ni puntos que alcanzar para completar los requisitos de la asignatura. Si las nubes no nos lo impiden, no queda tanto para poder dar por finalizada esta laboriosa tarea, y evitar así nuestra particular pesadilla de estar observando hasta el día previo a nuestra entrada en Marín.

El Juan Sebastián de Elcano cada vez más cerca de volver a casa

Por otro lado queríamos hacer hincapié en uno de los aspectos de la navegación, que a bordo se convierte en rutinario, pero es una de las inquietudes más frecuentes de la gente que nos visita en cada puerto; el tema de la comida, pues una buena cocina, que es vital para la manutención y el bienestar de la dotación. En un espacio de unos 30 metros cuadrados, y bajo la dirección de nuestro querido cabo primero Luis, un equipo de unos 5 cocineros prepara el desayuno, el bocadillo, 2 comidas al día, e incluso por las noches hacen un pequeño refuerzo para el personal que entra de guardia nocturna. A pesar de todo el trabajo que supone preparar comida para unas 250 personas todos los días, es una de las zonas donde mejor ambiente hay y que mejor ambiente genera. La comida es variada y menos a alguno que tiene el paladar demasiado fino, los platos que nos preparan nos hacen sentir como en casa y estamos muy agradecidos de la cocina que tenemos. En una unidad de la Armada, un buen equipo de cocina ayuda y mucho al correcto desarrollo de la misión, así como de levantar la moral con una buena comida tras un día duro.

El Juan Sebastián de Elcano cada vez más cerca de volver a casa

Pero este trabajo no es solo de los cocineros, el equipo de aprovisionamiento formado por dos suboficiales (Don Félix y Don Jesús) bajo el mando del Habilitado, el Capitán Saez Robles, son los encargados de las gestiones necesarias para que en algunas escalas en puerto recibamos los víveres necesarios “en tiempo, cantidad y forma”. Nada que ver con los tripulantes de la expedición de Magallanes/Elcano, cuyas dotaciones sufrieron el verse muchas veces en las peores situaciones para sobrevivir, en las que ni tan siquiera tenían un trozo de pan que llevarse a la boca.

La próxima vez que tenga noticias nuestras nos encontraremos fondeados en las proximidades de Lisboa, en vísperas de nuestra entrada en este puerto europeo después de cuatro meses por costas americanas. Muchos recibiremos la visita de familiares y amigos y podremos sentir un breve anticipo de nuestro regreso a costas españolas, no sin antes afrontar esta última etapa del crucero con gran curiosidad e ímpetu por conocer mares por los que todavía no hemos tenido la suerte de navegar. Sin más, buen viento y buena mar.

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