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El paracaidista accidentado aguantó las lágrimas cuando los Reyes fueron a animarle

El militar quedó colgado de una farola

  • Los Reyes han arropado al cabo tras el incidente/Fotos. Jesús G. Feria
    Los Reyes han arropado al cabo tras el incidente/Fotos. Jesús G. Feria

Tiempo de lectura 2 min.

12 de octubre de 2019. 19:29h

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Paco Rodríguez 12/10/2019

Era el momento más importante del desfile. Cuatro paracaidistas se lanzaron desde 1500 metros. El cabo primero Pozo era el encargado de llevar la bandera de España. Poco antes de aterrizar, el cabo Pozo giró sobre una farola y quedó enganchado ante la atenta mirada de todos. El salto lo había hecho cientos de veces, era una rutina, pero algo fallo. Quedó suspendido en el aire tras golpearse contra la farola. Pero el dolor que sentía el militar no era el del golpe, sino el de haber fallado. Tuvo que ser rescatado con una grúa. Los minutos fueron interminables y el cabo Pozo no paraba de darle vueltas a la cabeza sobre lo que había ocurrido, de lamentarse por no haber podido finalizar la maniobra con éxito. Aún así, las miles de personas concentradas en la Plaza de Lima le aplaudieron como muestra de reconocimiento y solidaridad. Los Reyes presenciaron lo ocurrido y no dudaron en acercarse a él. Querían conocerle, animarle, transmitirle que a veces ocurren cosas inesperadas pero que lo importante es la celebración, el homenaje a las Fuerzas Armadas.

El paracaidista accidentado aguantó las lágrimas cuando los Reyes fueron a animarle

Pero el cabo estaba herido en el alma. Su máximo responsable, el Rey, conversó con él. También lo hizo la Reina. Pero el cabo Pozo tenía el orgullo herido. Sentía que había fallado en su misión, en uno de sus grandes días como militar. El día que tenía la misión de llevar la bandera a la que lleva años defendiendo y que tenía trasladar hasta el epicentro de la fiesta. De su fiesta. Por eso, cuando se acercaron los Reyes a saludarlo, mantuvo la compostura, su profesionalidad, demostró su entereza y realizó los saludos pertinentes. Pero sus ojos demostraban su dolor y rabia. Su mandíbula tensa le ayudó a no venirse abajo. Sentía que había fracasado, pero no lo había hecho. Su fallo fue una anécdota dentro de una gran fiesta, que se celebró con total normalidad. Su profesionalidad está fuera de toda duda, pero el cabo Pozo no lo olvidará.

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