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Historia de las cuatro llamadas Urkullu-Rajoy

«Lo siento pero no puedo asumir ese lío interno». El presidente vasco cedió ante la presión del ala más radical de su partido

  • El lehendakari Íñigo Urkullu salía el jueves de la sede del PNV en Vitoria tras la reunión de su Ejecutiva en la que decidieron el voto afirmativo a la moción de censura de Pedro Sánchez contra Mariano Rajoy/ Efe
    El lehendakari Íñigo Urkullu salía el jueves de la sede del PNV en Vitoria tras la reunión de su Ejecutiva en la que decidieron el voto afirmativo a la moción de censura de Pedro Sánchez contra Mariano Rajoy/ Efe

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02 de junio de 2018. 09:25h

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Pilar Ferrer.  2/6/2018

La decisión final de votar a favor de la moción de Pedro Sánchez generó una enorme tensión en el seno del Partido Nacionalista Vasco y un duro pulso entre la vieja guardia liderada por Íñigo Urkullu y Andoni Ortuzar, frente a la llamada «pequeña CUP», los radicales guipuzcoanos encabezados por Joseba Eguibar. Según ha sabido este periódico, el lehendakari vasco y el presidente del PNV, partidarios del más puro pragmatismo, eran bastante contrarios a la iniciativa del líder socialista, mientras los miembros del Gipuzku Buru Batzar defendían con furor la caída de Mariano Rajoy.

Hasta en cuatro ocasiones habló directamente el propio Rajoy con Íñigo Urkullu, mientras la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría lo hacía con Ortuzar y otro hombre clave, Josu Erkoreka, actual consejero de presidencia, portavoz en Ajuria Enea y durante muchos años diputado en el Congreso. Las mismas fuentes apuntan que en una de esas conversaciones, el lehendakari vasco se lo dijo gráficamente al presidente del gobierno censurado: «Lo siento, pero no puedo asumir este lío interno».

Varios factores aconsejaron la decisión final a favor de Sánchez. La eterna lucha entre los Bizkaitarras, la facción nacionalista de Vizcaya liderada por Urkullu, Ortuzar y Erkoreka, frente a la abanderada por Joseba Eguibar y los llamados «cuperos» vascos entre los que figuran María Eugenia Arrizabalaga, ex alcaldesa de Zumaya, Xavier Barandiaran y Jokin Bildarraitz, antiguo alcalde de Tolosa. Todos ellos, cercanos al mundo abertzale de Batasuna, eran fogosos en su oposición a Rajoy. «No podemos cargar con su corrupción», aseguró muy acalorado Joseba Eguibar en la reunión de la Ejecutiva en Sabin Etxea en su sede de Bilbao, la misma mañana del jueves durante el debate en el Congreso.

Tras seis horas de duro forcejeo, Urkullu, Ortuzar y Erkoreka trasladaron a La Moncloa la situación. Partidarios de una salida digna para Rajoy, prácticos cómo lo fueron en el apoyo a los Presupuestos, sin embargo no podían asumir un lío interno de imprevisibles consecuencias, máxime ante las elecciones autonómicas y municipales en el mes de mayo del año próximo. Esta cita electoral y la amenaza en las encuestas de los proetarras de Bildu fue un factor determinante. La oscilación del voto nacionalista en Euskadi, entre el PNV y el mundo de Batasuna, es una constante a lo largo de la historia, siempre a caballo entre las tesis de Sabin Etxea, la dirección del partido al más alto nivel, y las de Ajuria Enea, sede del gobierno vasco. La tradicional bicefalia desde los tiempos de Xavier Arzallus es una impronta en un partido fuertemente hermético y jerarquizado, con unas bases muy disciplinadas entre el pragmatismo y la ideología. «El follón interno era de campeonato·, aseguran dirigentes del PNV que trasladan la decisión final a los órganos de dirección del partido y nunca en el ámbito del grupo parlamentario en el Congreso. En este sentido, su portavoz Aitor Esteban no dejó de ser un mero convidado de piedra a las órdenes del Euskadi Buru Batzar desde Bilbao. «Un simple recadero del mensaje», dicen estos nacionalistas vascos.

Otra persona implicada en las negociaciones fue Alfonso Alonso, ex ministro, diputado en el Parlamento vasco y persona de total confianza de Sáenz de Santamaría, que dio su apoyo a los Presupuesto de Íñigo Urkullu en la Cámara vasca. Alonso amenazó a Urkullu con no volver a votar las cuentas públicas en Euskadi, pero ello no surtió efecto dado que el PNV cuenta también con el respaldo de los socialistas vascos, con quienes incluso gobiernan en coalición en varios ayuntamientos. Por parte del PSOE, directamente designado por Pedro Sánchez, el interlocutor con el PNV fue el ex lehendakari Patxi López, quien forzó la máquina hasta el final y logró convencer a la cúpula nacionalista del coste político de sostener a Rajoy. «La corrupción del PP nos habría agujereado el hombro», dice un alto dirigente del PNV tras la famosa sentencia de la Gürtel.

Fuentes de Ajuria Enea reconocen que Urkullu siempre ha mantenido una buena relación personal con Mariano Rajoy, pero que no se aventuró a combatir la presión de los radicales guipuzcoanos. En conversaciones privadas, la vieja guardia peneuvista reconoce el papel de estos dirigentes poco experimentados en decisiones difíciles en las que, a veces, «te tiemblan las piernas». Es la eterna lucha entre el pragmatismo y la ideología que marca históricamente al partido fundado por Sabino Arana. En este sentido, otras fuentes apuntan que desde Moncloa se lanzaron también mensajes al empresariado vasco en aras de la estabilidad y oponerse a la moción de Sánchez. Los contactos fueron intensos, pero finalmente la cúpula del PNV con Urukullu y Ortuzar en cabeza valoraron el coste de asumir el respaldo a Rajoy con la mayoría de la dirección y sus bases en contra.

De todos cuantos lehendakaris han pasado por Ajuria Enea el más práctico, educado y metódico es sin duda Íñigo Urkullu Rentería. Un hombre serio, religioso y familiar que aborrece los excesos verbales. Enormemente tímido, casi hermético según su entorno, es una persona accesible, discreta y afable en las distancias cortas. Tras una cómoda Legislatura que él vende como «la de las 34 Leyes», las cosas ahora se le presentan difíciles en los comicios de mayo.

Si las encuestas aciertan, Urkullu puede ganar las elecciones pero necesitara pactar con sus adversarios, entre ellos el PSOE, bajo la amenaza del bloque radical abertzale de EH-Bildu y la extrema izquierda de Podemos. Las relaciones ahora con el PP, tras el apoyo a la moción de Pedro Sánchez, se avecinan muy tensas y complicadas.

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