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Robles retiró la fragata ante la «imprevisibilidad» de Trump

La ministra se escuda en que se interrumpió el despliegue de la «Méndez Núñez» en el Golfo Pérsico por un «problema puramente técnico» y no político, pese a la tensión en la zona.

  • Tres F-18 sobrevuelan a la fragata Méndez Núñez durante su misión con el USS Abraham Lincoln. (Foto: USS Navy)
    Tres F-18 sobrevuelan a la fragata Méndez Núñez durante su misión con el USS Abraham Lincoln. (Foto: USS Navy)
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Madrid/ Nueva York.

Tiempo de lectura 5 min.

15 de mayo de 2019. 03:15h

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Fernando CancioJulio Valdeón Madrid/ Nueva York. 14/5/2019

«No es una decisión política. Es un problema puramente técnico y militar». Es la idea que repitió ayer la ministra de Defensa en funciones, Margarita Robles, en relación a la polémica por la retirada de la fragata «Méndez Núñez» del Grupo de Combate 12 de EE UU (CSG-12) en el Golfo Pérsico, en el que participaba como escolta del portaaviones «Abraham Lincoln». De esta forma, Defensa quitaba hierro al asunto al apuntar que lo que había ocurrido es, básicamente, que
EE UU ha modificado el plan inicial acordado hace unos dos años. Se refería al acuerdo firmado que incluía el despliegue de la «Méndez Núñez» con el CSG-12 para adiestrarse conjuntamente y que, además, coincidía con el quinto centenario de la primera vuelta al mundo. En dicho documento, detalló, se decía que tanto el barco de España como los de EE UU «podrían visitar puertos diferentes si entendían que era adecuado por razones oportunas». Y en este caso, con la flota estadounidense dirigiéndose al Golfo en medio de una escalada de tensión con Irán, Defensa optó por «la interrupción temporal y provisional teniendo en cuenta las previsiones que ya se pactaron». «Es más prudente interrumpirlo provisionalmente», sentenció. Y al mismo tiempo, negaba que se tratase de un «problema Gobierno a Gobierno» o que Washington se hubiese reprochado algo a nuestro país.

Desde Bruselas, Robles dio a entender que fue una decisión del propio Ministerio, pues explicó que avisó al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, «cuando tomé la decisión». Y sobre si se dio aviso a EE UU, apuntó que «cuando una fragata va unida a un grupo de combate, hay que avisar de que vamos a ir a un puerto diferente». Pero nada más. Al mismo tiempo, negaba quejas de Washington: «No se lo pueden tomar mal porque estaba previsto. Nosotros no reprochamos a Estados Unidos que se haya salido del acuerdo y ellos tienen que respetar que nosotros estemos estrictamente a los términos del acuerdo que firmamos». «Lo que hacemos es cumplir escrupulosamente el acuerdo», sentenció.

Sin embargo, no explicó cómo ni en qué términos se produjo dicha comunicación con las autoridades militares y gubernamentales estadounidenses. Eso sí, no fue hasta el día de ayer cuando un representante del Ministerio de Asuntos Exteriores se explicó a la Embajada de EE UU en Madrid los motivos de la retirada, informa Ep. Desde la delegación diplomática evitaron pronunciarse al respecto y se remitieron a la versión que preveía dar Washington sobre la retirada del buque.

Fuentes militares consultadas por este periódico rechazaron que se tratase, como dice la ministra, de una decisión «técnica» y apuntaron que es «política». Y explicaron que en estos casos, el encargado de avisar a EE UU debería ser el Secretario General de Política de Defensa (Segenpol), almirante Juan Francisco Martínez, el que informase a su homólogo estadounidense y que en el caso de que se tratase de una decisión «técnica o militar», sería la propia Armada la que contactaría con la Marina estadounidense.

Y aunque España no quiere entrar en un conflicto no buscado, la decisión de nuestro país choca con dos posiciones enfrentadas: la de Estados Unidos y la de la UE. Mientras Washington ha redoblado su ofensiva contra Teherán con el envío de buques y una batería de misiles al Golfo, Bruselas pide a EE UU rebajar la presión. De fondo, las amenazas a Europa del presidente Donald Trump por el desarrollo de proyectos de Defensa europeos en solitario.

Y al otro lado del charco, en Washington, la decisión del Gobierno de España de retirar la fragata ha sido saludada prácticamente con un elocuente silencio por parte de la Casa Blanca. En un juego de espejos, el Departamento de Estado, consultado por este periódico, remite al Departamento de Defensa, que tampoco ha querido pronunciarse. Únicamente quisieron valorar las «fuertes relaciones» en materia militar que mantienen con España desde hace años. Pero, al cierre de esta edición, nada más.

Sin embargo, se engaña quien crea que la noticia pasó desapercibida en Washington. De la cadena Fox, favorita del presidente Donald Trump, al Washington Post, némesis del mandatario con Jeff Bezos al frente, numerosos medios estadounidenses dieron cuenta del suceso. No está nada claro que las cacareadas «razones técnicas» aducidas por la ministra de Defensa española hayan sido bien comprendidas en EE UU. Menos aún cuando la Casa Blanca viene criticando duramente la falta de implicación y compromiso que a su juicio exhiben sus socios de la Alianza Atlántica. Un efecto perturbador, multiplicado al coincidir con los últimos incidentes en el Golfo y la escalada de tensión entre los gobiernos de Washington y Teherán. En el recuerdo, la retirada de las tropas españolas de Irak en 2004, ordenada por el entonces presidente Rodríguez Zapatero. Algo que, según Defensa, «no tiene nada que ver».

Aun así, tanto Robles como otros ministros en funciones hablaron de «normalidad». El titular de Asuntos Exteriores, Josep Borell, dijo que, si bien «vivimos una situación complicada en esas zonas del mundo, no hay que tomárselo a la tremenda», al tiempo que confirmaba que el Ejecutivo de Sánchez había valorado las consecuencias que esta decisión podía tener para las relaciones con Estados Unidos. Algo más crítica fue la portavoz del Gobierno, Isabel Celaá, quien dijo que la retirada temporal se debe a la «cautela y prudencia» del Ejecutivo español ante la «imprevisibilidad» de Trump.

De momento, la versión oficial es que la fragata española y sus 215 tripulantes se dirigía ayer hacia el puerto de Bombay (India) para realizar tareas logísticas y de mantenimiento, y para que los marinos españoles pudiesen votar por correo en las próximas elecciones del 26 de mayo. Allí, tal y como explicó Robles, esperarán a que el Grupo de Combate del «Abraham Lincoln» retome el plan y la ruta prevista para reengancharse: «Cuando volvamos a la situación prevista, continuaremos, porque queremos alcanzar la mayor cualificación de la fragata y celebrar el quinto aniversario de la vuelta al mundo». Eso sí, dejó claro que si la flota estadounidense opta por quedarse en el Golfo y aumenta la tensión aún más, la «Méndez Núñez» se integrará en la operación «Atalanta» contra la piratería en el Índico.

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